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Recuperar la plena comprensión – 11 de Noviembre 2016

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He mencionado que el ego ofrece una identidad, un sentido del yo, no importa que el sentido del yo sea positivo o negativo, y se apropia del hacer, lo cual es una manifestación de ignorancia. El ego personaliza el hacer diciendo: “hice aquello”.

Se forma una imagen mental de uno mismo calificándose como persona con ciertas características, y establece objetivos a ser cumplidos que potencian o hacen sentir importante, y después de conseguirlos uno no se siente satisfecho.

Todos los apuntadores adecuados de la vida espiritual están de acuerdo en el contenido de algunas reglas, aunque a veces las indiquen con términos diferentes. Ningún apuntador preciso pretende, por medio de esas reglas, ejercer dominio sobre la persona ni menoscabar su independencia, pues ellos son los primeros en respetar a sus discípulos.

Tienen un punto en común, la autenticidad, en el sentido de que ayudan a salir del error, de ese modo el discípulo siente agradecimiento hacia ellos. Aunque en este supermercado de lo espiritual hay muchos engaños, la responsabilidad de este apuntador se mezcla con los problemas propios del discípulo, así el maestro tendrá que ir corrigiendo los procesos y adecuando el nivel de comprensión de cada discípulo.

Insisten en que tomen atención a la mente, que se observe con especial cuidado la charla mental y detecten cómo se quedan aprisionados en las estructuras que se han fijado por la educación, la cultura y la sociedad en general.

La individualidad, por ser una expresión de la realidad, es libre en su naturaleza más íntima, mas al quedar envuelta en la manifestación su libertad se restringe, y cuanto más bajo sea el nivel de comprensión al que descienda mayor será esa restricción. El proceso de restricción progresiva comienza a reversar gradualmente con el cambio del umbral de conciencia, hasta que se recobra la libertad inherente cuando vuelve a alcanzar la plena comprensión de la realidad en la cual tiene su centro. R.Malak

La Persona – 5 de Octubre 2016

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5 octubre 2016
La persona, el ser humano, se siente un individuo entre miles procurando desarrollarse para alcanzar niveles más importantes que lo llenen, y supone como grado máximo de sus aspiraciones que alcanzar a lo Divino es su meta última de la vida, como un logro de perfección. En este sentido, muchos encuentran que se produce una separación irreparable entre el hombre y ese ideal de lo Divino.

La pregunta que aparece es: ¿cómo se certifica que esta separación no es real?
Todos los apuntadores y los entes vivientes no son otra cosa que la Conciencia, fuera de la cual nada existe. Esta Conciencia no tiene principio, es no nacida, no en el sentido de eternidad, pues eso implicaría su contraste con lo opuesto, sino en el sentido de que no tiene categorías ni de principio ni de fin, no tiene colores ni apariencias, ni existente ni no existente, ni nueva ni vieja, ni corta ni larga, ni grande ni pequeña. Está más allá de todos los límites, nombres y comparaciones.

Generalmente, las personas no saben que pueden percibir al Todo, al Ser puro del cual forman parte así como todo lo que existe. La separación es sólo una ilusión provocada por el deseo, y el deseo es la necesidad de añadir algo para poder ser uno mismo más plenamente, provocada por el miedo, el miedo a perder algo y, por tanto, a sentirse reducido y ser menos de lo que somos.

Existe una sola realidad, la realidad Absoluta, el Uno, aquello que toma muchos nombres y que algunos designan como Dios, o como uno quiera llamar a lo indescriptible, el vacío, la nada, el Todo, etc. Es lo que ves frente a ti; comienza a razonar acerca de ello e inmediatamente caes en error. Es el ilimitado vacío que no puede sondearse ni medirse. R.Malak

Disposición abierta a la comprensión amplia – 18 de Agosto 2016

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El ego es nuestro reflejo, un modo de estar en el mundo fenoménico, el modo dualista de estar. Utiliza todas las funciones psicológicas que sostienen el centro virtual. El ego se trasciende al aceptar su funcionamiento, al reconocerlo. Si lo rechazamos se alimenta de la contradicción, con lo que provoca gasto de energía. En cambio, si se acepta queda reducido a la función operativa y no estorba.

Es bueno saber adaptarse, ser flexible, rechazar la rigidez, reconocer los hechos, ceder en algunas ocasiones y luego recuperar la posición inicial sin romperse. La búsqueda apunta a tener una disposición abierta a la comprensión amplia, liberada de la pasividad y la torpeza, libre de estructuras totalitarias. Esto implica saber escuchar sin obsesiones, fluir imitando el agua que se adapta a cualquier superficie, ser expansivo como la luz.

Quien ya ha comenzado con esta mirada aparenta ver igual que los demás solo que las personas ven ilusiones, en cambio en él no hay una entidad personal que lo ve todo. Los hábitos provenientes del recuerdo de la antigua personalidad son dejados de lado, como una prenda que ya no ajusta al cuerpo.
La irrealidad del mundo es reconocida, sin embargo, este no puede negarse desde el punto de vista empírico. En suma, no hay nada que hacer con el ego, sirve a su propósito y eso es todo.

Lo Divino es el principio residente dentro de uno, no afuera, por más que le demos distintos nombres y lo cubramos con papel de celofán. Las costumbres de buscar fuera no terminarán y los medios que se usan en forma aparentemente interior: rezar, orar, contar cuentas, repetir mantram, provocan aletargamiento de la mente, una especie de hipnosis. Eso no es espiritualidad. De cara a la verdad se ve que las doctrinas manipuladoras apagan la inquietud.

Volver al origen sigue siendo lo fundamental, y la vida se muestra de la forma que uno es. Lo que vemos depende de cómo nos vemos. Si estamos fragmentados entonces toda nuestra vida estará fragmentada. R.Malak

Trascender el ego – 17 de Agosto 2016

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Las personas que comienzan a investigar estos temas recogen información de muchas fuentes y maestros, quedando expuestos a errores y confusiones. Es como si fueran a una degustación de distintos platillos, prueban una gran cantidad con el solo objetivo del placer para los sentidos. Así como esta actitud no alimentará su cuerpo, y lo más probable es que les provoque una indigestión,de igual modo con la búsqueda aleatoria y diversa de doctrinas y apuntadores no se alcanza la claridad sino que la confusión es mayor.

Como fenómeno uno es cuerpo – mente – emoción que se manifiesta, pero fundamentalmente uno no es eso temporal que se mueve en el espacio. Al trascender el ego se trascienden los pares opuestos que son producto de la formación del yo individual. Verificamos que no hemos nacido ni moriremos, que somos siempre ser inmortal y que el cuerpo físico es lo que viene y se va. Después de ocurrir este reconocimiento, por un largo tiempo, y a pesar del impacto radical de esta nueva mirada, suceden reapariciones intermitentes de las antiguas identificaciones y del ego, el cual retiene una aparente estabilidad.

Las organizaciones tradicionales dicen que el ego debe ser eliminado sin tener en cuenta que es el instrumento con el que nos movemos todos los días. El ego es la ilusión, es nada en sí mismo, es sólo un nombre fabricado como respuesta al medio ambiente. Este “yo” es el proceso constante de evaluar lo que percibimos, de hacer juicios sobre todo: la ciudad, mis amigos, mi familia, mi situación, mi problema, mi trabajo.

Este “yo” construye ideas acerca del nacimiento, de la muerte, del placer, del dolor, de la ganancia y de la pérdida. Todas estas creaciones mentales son profundamente alimentadas como ego. Cuando se intenta ubicarlo no se encuentra en ningún lado, ya que es una propiedad funcional de la mente que sólo aparece cuando se ejerce. R.Malak

Qué es el ego – 16 de Agosto 2016

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Se llama ego a la construcción virtual generada por la mente para manejar los centros mente, cuerpo, emoción. Proviene de la conciencia y su función está diseñada para proteger el instrumento de expresión. Aparece en el nacimiento como producto de la eseidad y llega a su fin cuando ocurre la muerte. Tiene la cualidad de identificarse como existencia.

La mente es el centro que principalmente usa para manejar y dirigir, siempre vuelto hacia lo fenoménico. Se fortalece por la educación, la cultura, el medio ambiente y la sociedad. Intenta cumplir los deseos del organismo: cuerpo – mente – emoción. Busca el placer e intenta alejarse del sufrimiento.

Por las características que tiene, de proyectarse hacia los fenómenos, se sobredimensiona, buscando de preferencia lo impermanente para mantenerse en actividad. Se alimenta principalmente de la memoria, antecedentes guardados que hacen que sus procesos sean altamente exitosos. Construye un deber ser y se proyecta al futuro, generando metas, y nos impulsa usando todas las energías que disponemos para que las cumplamos. De ese modo construye sentido de vida.

Cuando sentimos que estamos atrapados por el hacer, que es reiterativo y que provoca sufrimiento, y no nos conduce a la paz y a la alegría, pretendemos averiguar en qué estamos atrapados, por qué, y cómo es que no logramos salir de este laberinto.

Se dice que somos prisioneros. Al investigar, detectamos que no somos verdaderamente prisioneros, sino que es el ego, producto de la mente, lo que nos provoca ese estado de confusión. Cuando intentamos averiguar dónde está el ego, vemos que desaparece, es una sombra que se diluye cuando está frente a la luz de la investigación. El ego, producto de la construcción de la mente, ha desviado su trabajo, que consiste en proteger el instrumento, y se ha dedicado a darle sentido de permanencia a lo impermanente, provocando la contradicción. La mente, a través de la investigación de su instrumento, el ego, se sumerge en su fuente, provocándose la luz de la conciencia esencial. R.Malak