Archivo de la categoría: Paz

Vivir la Divinidad – 12 de Agosto 2016

12 agosto

Sabemos que estamos en un laberinto de ignorancia que tiene la fuerza de esconder y distorsionar la realidad. Junto a ello, existe la posibilidad de toparnos con supuestos instructores que complican la comunicación entre los estudiantes y que obstaculizan la comunión del individuo consigo mismo, evitando que tenga tiempo libre para la reflexión íntima. Ellos manipulan y quieren que sus clientes cautivos (a quienes llaman discípulos) sólo piensen a través de su óptica. Construyen atmósferas espirituales que parecen espontáneas, pero en realidad están planeadas y estudiadas para producir un efecto.

De regreso a lo auténtico, donde está la serenidad y la paz, se produce una sensación profunda de haber vuelto al fin al verdadero hogar. Ya no más miedo. Lo que uno Es realmente está más allá de toda forma y siempre estuvo más allá del tiempo y del espacio, esto es evidente por sí mismo. Todos los pensamientos, ideas o imágenes mentales se detienen, y la serenidad está presente en todas partes, impregnándolo todo.

Vivir nuestra divinidad, o el camino a la nobleza innata y natural, es más que una obligación, es un sentido de vida que ordena y llena de paz. Dar con una vida esencial, auténtica, es difícil, y un caminante de la senda puede pasar varios años en la búsqueda.
Lo que resulta muy adecuado es conectarse con una orientación de lo no dual, con una senda espiritual, con una disciplina, que, además de ordenar la mente con la ayuda de un apuntador, pueda guiarlo de regreso hacia la realidad.

Todas las actividades y las actitudes humanas demandantes terminan. No hay nada por conocer o acerca de lo cual conocer. Todas las preguntas se responden de modo que no hay nada que preguntar. No hay nada en lo que pensar, ni habría ningún propósito para pensar. Todas las emociones desaparecen y les sustituye una paz absoluta. R.Malak

Anuncios

Paz – 22 de Julio 2016

22 julio.jpg

La naturaleza original es intrínsecamente luminosa y completa, lo era ya antes de que apareciéramos en este plano de manifestación, lo sigue siendo ahora y continuará siéndolo siempre.

Cuando aparezcan pensamientos dispersos no te apegues a ellos. Eso se conoce como concentración o como percepción. No significa que los pensamientos sean reales, es la mente la que los detecta y les presta atención.

Al realizar nada cambia, nada se obtiene, no se solucionan los problemas que tenemos a nivel contingente producidos por los hábitos estructurados, sino que viene la comprensión y se reconoce el error, aclarándose la ignorancia adquirida que viene del umbral del cuerpo. La conciencia es la luz por la cual nos damos cuenta, así como vemos por ella nos llena de luz. Ignorar que esto es el único problema, saberlo resuelve todo el asunto.

Sí mismo es siempre intrínsecamente luminoso, todo lo ilumina. Las personas no lo saben y creen que la mente es la que construye la percepción y la cognición. Si observamos la percepción y la cognición conoceremos la mente, sin embargo, Si mismo como la conciencia no es tan solo la percepción o la cognición.

Abrirnos hacia ello llena el mundo de paz, lo esencial está en un nivel interior de paz. No abrirnos completamente hacia ello hace que la vida aparezca como una contradicción, por un lado puede haber un gozo que te recoge y por otro lo concreto que atosiga y complica, como dos mundos que coexisten. Esto es lo que confunde, provoca las dificultades para que se comprenda.

Somos lo absoluto siempre y no podríamos darnos cuenta sin la conciencia. Aparece el ego cuando reaccionamos a lo que vemos, cuando hacemos juicio. En forma espontanea observamos sin juicio. Si nos aferramos a lo observado, lo memorizamos, solo entonces hay un ego. Así, estando la conciencia atada al cuerpo como su identidad, Sí mismo muestra la careta de cuerpo e identidad y comienza todo el conflicto. R.Malak

Sentir paz o sentir agitación son como olas en el mar de la conciencia.

mar-y-olas.jpg

Pregunta: Hola Maria Luisa, una pregunta, ¿la relajación y paz que uno puede sentir, cuando por ejemplo medita y calma la mente, o cuando te dan un masaje relajante o escuchas atentamente una canción que te gusta, es igual o tiene algo o nada que ver con sentir la paz de la “presencia” o la paz inherente a la verdadera naturaleza?

En esos momentos de relajación es fácil sentir armonía con la vida y como no vienen ideas, no hay un ego en ese momento, solo hay disfrute de esa paz …

R: ¿De dónde sacas este concepto: “la paz inherente a la verdadera naturaleza”?

La falsa naturaleza no existe. Cuando alguna vez apuntamos a la “verdadera naturaleza” es para que reconozcamos que hay una identificación que nos lleva a suponer que nuestra naturaleza es impermanente. Y esta identificación, al generar el sentido de carencia y peligro, produce miedo y dudas. La identificación es la base del yo que se ha sustentado en la separación. Ahora llamemos a la naturaleza verdadera Sí mismo, para descartar esta falsa noción.

Todos los movimientos mentales se dan en la conciencia, así como cualquier agitación o tranquilidad física y emocional. Todo lo que se siente está contenido en Sí mismo, aquí, ahora, siempre. Si pretendes encontrar un estado perfecto, y con ello suponer que estás en la verdadera naturaleza de Sí mismo, te estás engañando. No hay nada que hacer para estar en ello. Sentir a Sí mismo es una premisa engañosa, porque no es un objeto que se pueda sentir, sino que es Lo que siente. El ojo no puede verse a sí mismo.

Sentir paz o sentir agitación son como olas en el mar de la conciencia.

La paz es ausencia de conflicto, puede ser una sensación placentera donde momentáneamente no hay miedo ni dudas, o una tranquilidad a pesar de lo que suceda. Sin embargo un estado de paz es adecuado para investigar quién está sintiendo esta paz. Lo importante es la comprensión de que todo lo que acontece es pasajero, pero Sí mismo permanece y sostiene todo. La paz viene y se va… lo que la percibe permanece. Esta investigación igual se puede llevar a cabo en plena actividad, y si no quieres llamarlo investigación, puedes llamarlo simplemente este ver. Este ver agitación o ver paz es permanente.

Si esperas que haya paz para poder identificar tu naturaleza permanente, significaría que la realización es causal, es decir, que algo sucede para provocarla. No es así. Cambiemos la palabra paz por la palabra plenitud, significando la ausencia de carencias. Puedes reconocer la plenitud como fondo cuando los conflictos se diluyen o puedes reconocer la plenitud como fondo ante cualquier actividad. Se pueden producir atisbos, pero estos atisbos vienen y se van. Para que las dudas se vayan para siempre hay que darse cuenta de que la plenitud de Sí mismo es permanente, siempre ha sido y siempre será.

La paz es adecuada para escuchar estas señales porque no hay distracciones, espero que se haya aclarado que un estado de paz, por sí mismo, no es lo real. Todos los estados son cambiantes, impermanentes. No hay ningún estado que se pueda decir que refleja especialmente la realidad de Sí mismo.

Hay un símil tradicional que ilustra esto: En un estanque de agua se refleja a luna. Si el agua está turbia, si está sucia o agitada, la luna se refleja mal o distorsionada. Si el agua está quieta y cristalina la luna se refleja muy bien. Esta luna reflejada representa las señales de la enseñanza, pero para asimilar completamente lo señalado hay que levantar la mirada hacia la luna y dejar de ver el estanque. También puedes imaginar que el estanque representa el cuerpo, la mente, la emoción… y la luna representa a Sí mismo.

Maria Luisa (14 de junio 2016)

¿Cómo encontrar paz permanente?

IMG_0039

¿Cómo encontrar paz permanente, cómo saber cuál es la verdad de la vida y encontrar algún sentido real?

Cuando un bebé nace, parece que estallara de pronto la vida. Sabemos que en el vientre de la mamá la vida ya estaba allí, también sabemos que desde que esa vida es un pequeño feto está percibiendo la armonía o desarmonía de la madre. Pero al nacer, esta vida empieza a tomar conciencia del mundo. En ese momento los sentidos y el sistema nervioso empiezan a percibir y enviar señales de las que esta vida toma conciencia. La Vida está usando un nuevo instrumento de expresión: ese pequeño cuerpecito.

Sabemos que a través de los 5 sentidos todos recibimos impresiones del mundo físico que nos rodea.

También sabemos que tenemos pensamientos. Que los pensamientos que tenemos ahora no son los mismos que teníamos hace unos años, o ayer, o hace unas horas.

Si prestamos atención, podemos revisar recuerdos, ir hacia atrás en estos recueros, rebuscar el momento en que nacimos.

¿Será que podemos recordar eso?

Todos tenemos la certeza de que hay algo de nosotros que no está limitado por el mundo físico de tres dimensiones que percibimos. Somos conscientes de una cantidad de percepciones que no pertenecen al mundo físico, como recuerdos, sentimientos, emociones, temores o esperanzas.

Todos tenemos la certeza de ser. Todos decimos yo soy, sabemos yo soy, sentimos yo soy.

Si nos remontamos al momento del nacimiento, allí no estaba la idea de que yo soy, pero sin duda, en ese momento yo era ya… y lo era desde antes de nacer… y lo era desde…… ¿desde cuándo?

Cada vez que trato de definir algo que está fuera de los límites mentales, simplemente me encuentro en el campo de la especulación. Cuando pretendo imaginar mis comienzos estoy en el campo de la imaginación. Nada de eso me da certeza.

Si queremos saber ciertamente lo que verdaderamente somos, más allá de los límites que imponen tanto el cuerpo como las ideas, nos damos cuenta de que para cualquier certeza, sólo tenemos el presente, el ahora. De lo único que podemos tener absoluta certeza es de Ser Ahora. Y que hay conciencia de eso.

En cambio cada vez que queremos definir lo que somos, aparecen las ideas de nuestra identidad, y esta se encuentra directamente ligada a todo aquello que nos limita. Por eso siempre estaremos en la contradicción si queremos saber lo que somos esencialmente, más allá de las limitaciones. Lo que somos no es definible, ni descriptible. En esencia, somos conciencia.

Como conciencia, nos asomamos al mundo a través de tres ventanas que nos provee el instrumento cuerpo. La ventana de la percepción sensorial: nos permite experimentar el mundo de manera física y orgánica. La ventana de la mente: nos permite funciones de conciencia que ordenan nuestras experiencias. La ventana de las emociones: nos permite apreciar un sabor especial con cada experiencia.

Si conocemos estas ventanas, podemos conocer lo que aparentemente nos limita.

No hay tal limitación, porque lo que somos es Conciencia que se asoma a través de esas ventanas o filtros, pero ocurre que nos apegamos a estos filtros, los tomamos como absolutamente verdaderos y dejamos que lo que podemos ver a través de esas ventanas nos haga creer que todo lo que hay es eso.

Es importante conocer estas ventanas: el cuerpo, la mente, las emociones. Y notar cómo vivenciamos nuestro Ser en función de ellas.

Al mismo tiempo que conocemos estas ventanas, es preciso notar desde dónde nos estamos asomando a ellas.

Pondré un ejemplo. Imaginemos que estamos en una casa vacía que tiene ventanas. El universo rodea a esta casa, pero solo podemos apreciar espacios limitados del universo dependiendo de cada ventana por la que nos asomamos. Reconozcamos que estamos viendo desde este espacio vacío. Ahora imaginemos que le sacamos las paredes a la casa. Estamos en el mismo sitio, el universo está en el mismo sitio, pero ya no hay separación entre el interior y el exterior. El espacio desde donde miramos está liberado de las estructuras. Siempre fue el mismo espacio.

Hablando de estructuras, y de conocer las tres ventanas, es preciso entonces notar cómo se van armando las estructuras que limitan nuestra percepción. Las estructuras del aprendizaje, de lo que hemos tomado como real y verdadero. Lo que hemos recibido por medio de la interacción con los padres, la sociedad, la cultura y el medio ambiente. Lo que vamos aceptando y recogiendo como cierto: ideologías, deber ser, deber hacer; lo que es bueno y lo que es malo; lo que conviene y lo que no.

Muchas de estas estructuras son netamente funcionales. Por ejemplo, no es necesario experimentar dos veces que el fuego quema. Lo que es funcional no estorba.

Otras estructuras son ideas sociológicas: pertenecemos a un grupo social, un grupo familiar, con ciertos esquemas acerca de cómo apreciar la vida.

Y otras son psicológicas: son las memorias que vamos guardando acerca de cómo experimentamos cada situación. Esto se sostiene en un sentido psicológico de ser, en el sentido de ser yo, la persona que se ha ido formando desde que nació el bebé hasta ahora, cargando con todas las impresiones genéticas, sociales, familiares, etc.

Este sentido de ser yo me define como identidad, como alguien. Y también define lo que me gusta y lo que no.

Cuando vamos por la vida atesorando lo que me gusta y descartando lo que no me gusta, sufrimos, porque la vida no nos pregunta lo que queremos, sino que se presenta como se presenta.

Aprender a conocer las tres ventanas y el instrumento de expresión es fundamental; conocer cómo todas estas cargas de gustos, aversiones, esquemas, ideologías, modos de ser, ideas de cómo debe de ser la vida, los comportamientos asumidos, nos van convirtiendo en personas acartonadas. Nos hemos rigidizado, unas personas más seguras de sí mismas, con un ego fuerte y sano, otras con un ego más débil. Pero en ambos casos, son cartones, máscaras que limitan nuestro modo de percibir y comprender.

Reconocer el espacio desde donde estamos mirando la vida es fundamental, y hay varios modos de hacerlo, por medio de la auto-indagación, la meditación, el yoga, las artes marciales y diversas terapias o ejercicios. Hay muchos modos de aprender a reconocer este espacio desde donde somos, que es permanente, real, que no es definible ni descriptible; es pleno de sí mismo. El problema se presenta cuando en la búsqueda esperamos reconocer algo distinto de uno mismo, olvidando que lo que somos no es un objeto, sino la fuente de toda percepción, conocimiento y vivencia.

Vivir en el ahora, reconocer el espacio consciente, apreciar la presencia, aceptación de todo cuanto acontece, atestiguar, todo esto son señales que los apuntadores ofrecen. Estas señales implican primero reconocer que somos conscientes, y segundo reconocer que esta conciencia no ocurre dentro del cuerpo. Ser consciente de ser, ser el ser, son más señales. Aquí no hay un yo, aquí no hay nadie, son también señales. Repetir esto no soluciona el conflicto. Y, ¿cuál es el conflicto? Que se sufre y a la vez se anhela paz. Que estamos viviendo como metidos dentro de una constante contradicción, en una pelea, una guerra que se desarrolla como un constante chateo mental.

La paz no se encuentra, la paz es lo que se siente cuando se observa todo el ruido mental sin darle más crédito. Observarlo como quien mira llover. La paz es la quietud, el espacio vacío desde donde miramos. Y lo que miramos son todos los contenidos con que usualmente queremos llenar este espacio para definirlo. La paz es la cualidad del espacio consciente infinito, esencial, el continente de conciencia; el espacio vacío de la casa que no es diferente del espacio vacío que rodea la casa. Es conciencia, es saber, es percibir, es darse cuenta. Eso es paz.

Este espacio de conciencia pleno, infinito, esencial, que soy antes de identificarme, se mueve como lo hace el aire formando remolinos, vientos y hasta huracanes. Este movimiento remueve los contenidos conscientes, entonces estos se van organizando gracias a una función de conciencia llamada mente-identidad, la función organizadora de la conciencia. Esta formación de identidad, del “yo soy” que se adhiere a los contenidos conscientes formando el “yo soy esto”, conlleva apego. Sin apego es difícil construir identidad. El apego comienza a desarrollarse al confundir la función de supervivencia biológica con la supervivencia psicológica. Confundir, palabra clave.

La confusión del sentido de ser con el sentido de identidad es la raíz del sufrimiento. Por eso, salir del sufrimiento implica justo lo contrario: comprensión.

Esta confusión del sentido de ser con el sentido de identidad acontece como un funcionamiento hipnótico, porque el aliado de esta situación es el apego. Por eso, para revertir este asunto se precisa ir en sentido contrario, cuidadosamente, porque el apego es un furioso protector de la identidad. Es como una enfermedad. El apego, que también significa interés o atracción hacia algo, debe quedar enganchado, interesado en conocer la realidad, tiene que haber una gustosa disposición a conocer la verdad. Por eso el apuntador tiene que ser cuidadoso, conociendo cómo funciona esto. Se precisa entonces, primero entender todo el mecanismo, para después proceder a asimilarlo profundamente, aceptarlo. Es ahí cuando podemos dirigir la atención hacia su origen, descubrir el espacio consciente que alberga todo el funcionamiento de la mente-identidad. Este espacio de tranquilidad, que, aunque quede vacío de contenidos conscientes, no deja de ser.

De este modo, que haya o no haya ventanas a través de las que mirar no tiene ya más importancia. Se vive lo que se tiene que vivir, sabiendo que nada de lo que acontece, ni me define ni me agrede. Se pierde el miedo. Las dudas ya no importan porque se reconocen como parte normal del funcionamiento de la mente que siempre estará haciendo proposiciones de exploración. Ya se conocen las tres ventanas: mente, cuerpo, emoción. Ya se sabe que estas no me limitan, que la paz y plenitud de ser no depende de la experiencia que se tenga. En la eterna permanencia de Ser se mueve la conciencia con todos sus contenidos, del mismo modo que sobre el papel se imprimen las letras y las notas que arman una canción. La vida que vive el personaje es un espectáculo pasajero, en cambio la vida que mueve al personaje es la eternidad misma. Es mi verdadera naturaleza permanente.