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Contenido y continente

Esta imagen de la red muestra un espacio donde las identidades contenidas en él se pueden mover representando sus roles en el tiempo. Un anfiteatro donde se hace posible la observación de las historias… como la Conciencia.

Contenido y Continente

El objetivo de mi mirada no está en sustentar teorías, doctrinas o metodologías que revelen lo que ya han mencionado los maestros conocidos por su comprensión y sabiduría, por el simple hecho de que sus enfoques son tan claros, profundos y precisos, que no necesitan intérpretes adicionales.

Lo que hago es contestar a mi modo, al modo de estas tierras, de una manera cotidiana, usando símiles que son entendidos por todas las personas sin que requieran comprensión académica ni profesional del área del lenguaje o de la filosofía.

Alguien me comentaba lo siguiente:

-Cuando conocí la enseñanza no dual intenté aumentar mis lecturas con el objetivo de comprender.

-Decía: esa necesidad estaba sustentada por un deseo de trabajar sobre mi mismo y buscar respuestas, aun hoy día esta urgencia sigue ocurriendo.

-Agregaba: con ello vislumbro la diferencia entre la identidad y Ser, pero trato de llevarlo a la vida diaria, escucho todo con atención, probando de ambos frutos, lo que muestra la identidad. Se refería con esto: a lo dulce y lo amargo de las experiencias.

-Manifestaba: te pido que me ayudes a estar más allá de ambos extremos.

-Dice que cuando se refuerza el “yo” queda expuesto a los vaivenes de lo agradable y lo no agradable, en ocasiones por razones que desconoce, que es feliz por el solo hecho de ser y “cuando estoy en ese “estado” todo fluye “mágicamente” pero de vuelta cuando aparece el “yo”,  o sea el deseo, quedo una vez más expuesto a los vaivenes.”

Como todo este cuestionamiento involucra una referencia a un sendero no dual, puntualizaré algunos hechos que son reiterativos en las personas que se atreven a ver más allá de la ilusión fenoménica. Este saber aparece como un canto de sirena que encanta e invita a seguirlo. El modo de ver de los maestros tradicionales es inspirador y su profundidad permite salir de la angustiante búsqueda de placer en este mundo cosista y buscador de placeres superficiales y provocadores de una sed por engordar el ego.  Este modo de ver (de los maestros) era compartido en tiempos pretéritos de forma natural: la vida sin angustia. En cambio ahora los buscadores actuales, aunque hayan hecho esfuerzos intensos, se sienten fracasados dado que las señales que siguen no son precisamente claras. Quizás una de las razones es el uso de un lenguaje muy especifico, el cual tiene un significado preciso para quienes comparten esas modalidades o están en contacto con maestros o hábiles apuntadores, instructores. Lamentablemente sus señales e indicaciones no son conocidas completamente o más bien no están suficientemente socializadas.

Las razones puedes ser múltiples: religiosas, políticas, sociales, económicas.

Por un lado está el sesgo religioso, cada corriente intenta tener éxito en promover a sus líderes y su modo de interpretar la vida moral y espiritual. Cada corriente establece que son los únicos interpretadores autorizados de lo Esencial o Divino. Por otro lado está la cuestión política, la sociedad impulsa a actividades mecánicas para que la vida orgánica tenga éxito y con ello ha propuesto maneras que faciliten la convivencia de manera práctica. Tampoco puedo dejar de lado el currículum oculto que la vida en sociedad impone, ella persigue que los entes que la integran cooperen en su mantenimiento y cumplan las leyes impuestas, a veces en contra de lo natural y esencial.

Precisaré una vez más que todos nos asomamos al mundo fenoménico por medio de la mente, o dicho de otro modo, la mente construye el mundo fenoménico. Los estados de la mente conocidos como la vigilia y el sueño con sueños, comparten esta ilusión de modos distintos. En la vigilia se observa una continuidad, una lógica y una secuencialidad que se apoyan en la memoria de manera coherente dando la impresión de certeza. Este estilo de ilusión es compartido por todas las personas dando una aparente certeza de que lo que se vive es real. En el sueño con sueños esa continuidad no respeta los mismos patrones, ni tampoco tiene una lógica similar, sino bien podría presentarse de modo paradójico, aún así esta cualidad no es puesta en duda y es aceptada hasta que ese estado pasa a la vigilia y de inmediato se miden las experiencias de otro modo.

En cambio cuando observamos desde Sí mismo reconocemos que los procesos mentales son instrumentos de apoyo a la comprensión y la expresión de la inteligencia. Cuando la conciencia se muestra como continente y no tan solo como contenidos, sabemos que es la atención la que se encuentra en pleno funcionamiento sin obstrucciones. Cuando no es de ese modo, las actividades como el pensamiento circular nos atrapan construyendo mundos fenoménicos teóricos que nos hacen movernos entre el placer y el sufrimiento, así la atención se ve atrapada en los contenidos, en el anfiteatro del tiempo – espacio. De igual manera podemos decir del sueño con sueños que responde a los mismos modos como construimos esta ilusión, con características que bien podrían no ser secuenciales y también podrían no ser lógicas.

Se intuye (no encuentro otra palabra que lo pueda describir) que lo real es Si mismo. Esta comprensión no nos transforma necesariamente en guías espirituales ni tampoco en sabios, sólo nos hace vivir la vida a plenitud. Muchos suponen que se requiere un nivel de madurez espiritual que propicie esta comprensión, algunos recomiendan prácticas de austeridades, otros propician el ayuno, incluso algunos hacen votos de silencio. Todas estas cuestiones tienen el efecto de ordenar la mente, pero provocan una identidad acrecentada con un ego auto referente y se detecta además que crece la autoestima manifestando un aumento de la fuerza de voluntad que intenta imponer sus ideas a los demás, presentando incluso un adicional complejo de sentirse superior.

Ante la claridad se reconoce la cualidad de la ilusión y se entiende que las identificaciones, con sus atracciones sensoriales y distracciones mentales, son procesos normales que solamente muestran que la centralización de la conciencia ocurre como expresión de si mismo, que se muestra como contenido y como  continente, con la simpleza de ser lo que Es.

Por otro lado, si este modo de presenciar pudiera ser adquirido, entonces estaríamos hablando de una cualidad que así como se obtiene bien podría perderse. La cuestión no es así, lo que somos siempre lo hemos sido, la confusión está en el velo de nuestra atención que está vuelta al funcionamiento obsesivo de la mente, y que por su expresión natural se mueve entre el tiempo y el espacio. La ilusión tiempo – espacio es un engaño, entender esta cuestión es salir de la ilusión y puede darse de dos maneras: con forma y sin forma; detectar los objetos y certificar la impermanencia de ellos en el primer caso, y en el segundo verificando la inestabilidad de la identidad constatando que lo real es de donde nace la comprensión. R.Malak

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Tat Twam Asi

 

TAT TWAM ASI

No escojas qué quieres escuchar; cada instante es el presente activo. Cada momento es lo único que existe. Que los ojos se deleiten en ver esa verdad que se renueva a cada instante y, así mismo,  desplegándose como la vida eterna.

Observa cómo la mente piensa lo que quiere pensar; y date cuenta de cómo entra el aire en tus pulmones mientras el cuerpo respira a su propio ritmo. En cada momento lo infinito se muestra, aunque no lo reconozcas ante tu mente.  Que todo momento dé lugar para seguir desplegando cada segundo de la vida, mostrando que soy Eso; en cada momento se realiza el Ser y hay un actuar en consecuencia. No esperes ningún resultado especial, puesto que en este vivir, desprovisto de palabras e ideas,  no está ni el pasado ni el futuro, es sin propósito ni intención. La bienaventuranza que está más allá de la confusión y de la claridad teórica, más allá del pensamiento, se muestra como una constante auto indagación sin la presión identificatoria que atrapa y condiciona. Por tanto, haz un alto en la vorágine de pensamientos, observa sin juicio y escucha sin limitaciones. R.Malak

NIRVANA

Nirvana

Cuando tenía 2 o 3 años de edad me pusieron una cerilla encendida en los dedos: tú eres Maria Luisa, la del espejo. Desde entonces sostener esa cerilla fue algo muy doloroso, pero no sabía que el dolor se debía a ello.

En la adolescencia comencé a preguntarme por qué tenía que cargar con un dolor profundo e incomprensible, cuando muy íntimamente sabía (intuía) el derecho a la plenitud. Entonces, comenzó una larga búsqueda en un proceso muy insatisfactorio de muchos esfuerzos.

Cuando a los 40 entendí ciertas indicaciones que me sonaban ciertas, y que finalmente habían llegado a mi, (o yo las había encontrado), simplemente comprendí que ya no había nada más que hacer, sino tal vez, esperar. O sea, me entregué. Seguí mi vida, pero ya con cierto alivio porque no había mucho más que “hacer” para sentir mi plenitud. La cerilla de la identidad seguía siendo sostenida.

De pronto un día, esta cerilla amaneció consumida, apagada. Así, por si misma y sin ningún esfuerzo o voluntad por parte “mía”. Se había terminado la ignorancia (de lo que Soy), por lo que la plenitud se mostró claramente, luminosamente, abierta, espontánea, viva.  Se reveló con el sabor de la eternidad, y me mostró con gracia, casi chistosamente, que lo que había buscado siempre había estado ahí: la realidad de ser.

Esto no parecía encuadrar con nada de lo que había leído, escuchado o aprendido, porque en el proceso de revisar las teorías, paralelamente había construido un ideal de ser, de realidad, una expectativa de cómo debía ser la iluminación, la realización de ser. Y ninguna expectativa, ninguna receta o mapa es jamás el territorio o el sabor de una comida. Por eso a esto no le puse nombre.

El origen de todas las ideas y de la identidad, siendo anterior a las palabras, no tiene nombre que se le acomode satisfactoriamente. Sorprende, desde ahí, cómo el despliegue de todo arma un mundo de hechos, percepciones de estos hechos, sensaciones respecto a ellos e interpretaciones tanto de los hechos como de las sensaciones. Presencio todo ello en silencio, desde ahí, desde lo que ilumina todos esos contenidos conscientes.

La conciencia es donde se sostienen los pensamientos, y estos no tienen existencia sino en ella. Verificar que observamos los pensamientos hace que seamos conscientes de nuestra independencia de ellos. En el sentido de que ellos aparecen o desaparecen, pero eso que los presencia se mantiene. Lo que es consciente de los pensamientos es pura conciencia, no es una entidad. Parece que fuera yo, la persona que es consciente, pero esta apariencia, por muy fuerte que sea, es justo la ilusión, el engaño, lo que confunde. El yo se ha construido por medio del primer pensamiento: yo soy Maria Luisa, la del espejo… la imagen de si misma.

Pensar en mí es sostener la imagen de mí. Es armar una ilusión, un espejismo proyectado de la presenciación que sostiene la imagen. Es el primer sentido de separación, de ruptura… es lo que produce que la centralización de la conciencia se congele y el dolor existencial se presente, como una aparente ausencia de plenitud. Ir al origen del pensamiento “yo” significa verificar que desde donde se observa este pensamiento no es un lugar, no está ubicado, ni en el cuerpo, ni en el espacio, y que cualquier nombre que se le de a ello que soy, viene a ser solo un concepto también observado y sostenido. Ir al origen es ser lo que soy, actualizarlo a cada instante, hasta que eso sea tan natural que se demuestre que todo esfuerzo es justamente contradictorio. Porque esfuerzo implica lucha, y esta implica separación entre yo y aquello con lo que lucho. Y toda separación implica dualidad, contradictoria a la realidad no dual. No dual es ser, ser conciencia en plenitud.

Reflexionando acerca del fluir…

En lo absoluto, el principio de “No Ser” es Ser, y Ser es Conciencia en plenitud. En cambio, lo existente muestra que todo sufrimiento nace del deseo. Aunque con luz propia intentemos comprimir los espacios, pretendiendo hacer coherente lo racional y lo lógico, los cuestionamientos están allí. Viene el espejismo de la mente y nos atrapa con ese mar de pensamientos.
La plenitud aparece con una manifestación de amor que no frustra el deseo de expresión, porque no tiene un lugar asignado en el cuerpo físico. La razón de ello es que el cuerpo es una proyección de la conciencia y la mente es su función reflejada.
¿Qué pasa con los deseos y los apegos? Bueno, ellos son una parte del mundo que se vive, lo mismo que los árboles están ahí, igual que las nubes están ahí, ellos son como son, y uno es como es y punto.
Se asoma, como enseñanza recomendada, “romper el hábito de pensar demasiado”. Se dice que estamos atrapados en la adicción “a pensar” y se muestra a los pensamientos como un pegoste difícil de desprender. Ellos están diseñados para que la identidad busque “un futuro mejor”, mostrando, a veces sutilmente y otras con fuerza, rechazo a cómo me presento o cómo me muestro como identidad. Es la tendencia a este impulso de expandir la expresión de la identidad permitiendo modos buenos y mejores de vivir.
Olvidamos que somos la fuente de lo que estamos buscando debido a que la mente está confundida por ideas erróneas, por ese adicto modo de pensar que nace de los apegos y las predisposiciones. Se recomienda, como solución, saber de “la presencia”, la capacidad de la conciencia de la presenciación, que se muestra a veces con un recogimiento sin pensamientos o con un amor sin descripción y sin contaminación.
De pronto se abandona aquello que parecía ser un espejismo, como un vacío o un hastío lleno de sufrimiento, gracias a la acción de reconocimiento de que nuestra identidad es el ego, y así dejamos de vivir sin darnos cuenta de si mismo. Aparece la capacidad de fijar la atención en lo Esencial y con ello reducimos los pensamientos, las predisposiciones y deseos que constantemente surgen, a su aspecto exclusivamente funcional, y les quitamos la energía y el poder demandante. Cuando el esfuerzo es necesario para resolver conflictos, este aparece, y sin empujar a la vida se fluye con ella entregándonos al presente activo. R.Malak