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25 de Marzo 2014 – Estabilidad

Estabilidad

Estabilidad

Un día estar en el mundo parece hermoso y al siguiente todo está complicado y en conflictos. Es obvio que el mundo no ha cambiado tan rápido en 24 horas, es la estructura construida por la mente la que logra esas variantes; las personas y su alrededor no cambian tan violentamente, los cambios están en el modo como la mente construye la observación de la vida.

Los objetos, las sensaciones, los pensamientos, son concepciones mentales. La mente aparece después que se reconoce el pensamiento yo, o el ego, más específicamente. Las diferentes clasificaciones acerca de la identidad, como ego, mente, alma, yo funcional, etc., son solo palabras para expresar el ropaje con el que la conciencia se ha centralizado. La conciencia es lo único real y ella alimenta a los distintos reflejos que se diferencian en el mundo de los fenómenos.

Es ocasión aquí reconocer que hemos construido, o nos han construido, ciertas características que hacen que nuestro ego, ocasionalmente, se exprese de modo negativo. No apunto al lado moral sino más bien a lo que impide conocer, o mejor dicho reconocer, la Conciencia de Ser. Estos modos negativos se pueden llamar: falsos juicios, vanidad, orgullo, diferenciación exagerada, racismo etc. Nos aíslan de la expresión de la conciencia e impiden que si mismo se auto revele. No existe diferencia entre la no dualidad y la dualidad, ambas son expresiones de lo Real.

La dualidad está incluida en la No dualidad, aparentan ser diferentes por el modo de usar la atención. Por ejemplo si una persona vive la vida moviéndose en el tiempo espacio, atrapado en el pasado o complicado con el futuro, bien podría revertir sus conflictos al vivir desde el presente activo, que no es una experiencia sino una vivencia de la que nadie puede adueñarse. Uno puede dar cuenta del ahora pero no certificarlo, porque si lo acumula pasa a ser una experiencia y lo almacena en la memoria, o sea, no hay nadie que pueda conocer el presente activo, solo vivir. Vivir desde lo real es vivir desde aquí y ahora como el único modo real en que se puede vivir.

Un paso fundamental para esta compresión consiste en conocer la naturaleza de la mente. No se trata de separarme del cuerpo o de la imagen que me he formado y de las cualidades y potencialidades que he descubierto con mi mente. No somos libres para dividirnos, por un lado Si mismo y por este otro lado el cuerpo, la mente y las emociones, eso no es posible.

Vivir en el presente activo equivale a prestar toda la atención al momento, reconocer las apetencias, las debilidades, los conflictos, los apegos, las faltas de criterio, los puntos fuertes y los puntos débiles, y solo desde allí, cuando hemos identificado lo ajeno, es cuando aparece una inteligencia mucho mayor que la inteligencia que hemos usado hasta ahora por medio de la mente. Esta aplicación aparece desde lo cotidiano, no se requiere hacer nada especial o misterioso como meditación o ejercicios esotéricos. Cuando vivimos el momento presente, no como un medio para cumplir un fin, sino dejando de proyectar este momento presente a un futuro y de apegarnos al pasado condicionante, allí se cumple eso: reconoces lo que no eres y aparece lo que Eres, si mismo. R.Malak

Creación y Destrucción

La enseñanza de la no dualidad es fuerte, sé que muchas veces se hace difícil aceptar lo que indica. Lo interesante es que cuando se comprende… libera y alivia. Cuando se realiza, se muestra una apertura que es y ha sido siempre…. infinita.

Caracas

Caracas

En los tres últimos meses se me han presentado dos viajes a Caracas – Venezuela, donde vive la mayor parte de mi familia y mis hijos. A veces uno cree que las cosas por fin han encajado en su sitio, que lo que deseábamos por fin sucede… creemos que la vida es como las películas tradicionales, tienen un final, a veces feliz a veces no. Pero la vida, esta película que corre en la conciencia no funciona así… nada permanece.

Familia

Familia

No hay final para la vida… comienzan ciertos episodios, se mantienen, se transforman o cambian y después terminan – los episodios – pero la vida no depende de los episodios, no se sostiene en las cosas que suceden… al contrario, la vida es el sostén de todo acontecer… todo lo conozco desde mi misma…. Todo lo conocido está sostenido en la conciencia, todo lo que existe lo hace en Mi. Incluso los apegos… suceden en mi. Estos apegos hacen que mi atención se quede fija en ciertas cosas, en algunas personas, mis hijos, mi madre, mi pareja…. De manera que lo que les pasa a ellos (en mi pantalla consciente, que no es mía como identidad Maria Luisa, sino Mia como Conciencia) me duele o me alegra, a mi la identidad.

 En diciembre a mi hijo le dio dengue, lo hospitalizaron y esto me empujó a viajar inmediatamente a Venezuela, de un día para otro. Mi mamá llevaba tiempo allá, enferma también, sin embargo yo esperaría un par de semanas más para ir a acompañarla y apoyar a mis hermanas que estaban ocupadas de atenderla. Las cosas se movieron de forma que me vi obligada a partir antes de lo previsto. Fue un viaje muy fuerte en sentido emocional… y también físico, muchos días de clínica, ya no por mi hijo sino por mi madre… las cosas cambiaron… y cuando ya creí que salíamos de un episodio, pasaban tres días y retornábamos en una ambulancia con mi mama… terapia intensiva… llantos, Navidad de por medio… y mucha tensión.

Recuperación

Recuperación

Mi hijo se recuperaba del dengue y la hepatitis, pero él es joven y fuerte… salió de todo ello sin inconvenientes, pero mi mamá no es joven y su enfermedad ha sido muy complicada. Permanecí a su lado por mes y medio, casi todo el tiempo yendo y viniendo a una clínica que está ubicada en la ciudad bastante apartada del lugar donde vivía… y mientras tanto en las calles se reflejaban las protestas por la situación política, social y económica venezolana. La sensación era como estar en medio de una guerra… algo muy tenso.

Esto fue en diciembre y parte de enero. Viví la Navidad, el año nuevo, y el matrimonio de una sobrina… toda la familia hizo de tripas corazón, y mientras la madre seguía medio inconsciente en su cama con colchón anti-escaras y llenita de cables por todos lados, el resto de la familia, su progenie, tratamos de vivir felizmente lo que merece vivirse felizmente. Volví a Chile dejando las cosas más o menos…. estables. A mi mamá le darían de alta en dos días más. 

Dice R.Malak en su diario hoy: “El mundo objetivo no es la naturaleza real, la conciencia centralizada solo ilumina lo que percibe, no puede decirse que sea algo existente ya que son apariencias fenoménicas de la infinita conciencia.” Si, apariencias, vienen y se van ante mi presenciación, Mia de la Conciencia, Mia de lo esencial… y cada apariencia está teñida con la historia mía, de la identidad Maria Luisa, que como un filtro ante un lente produce efectos particulares.

Disturbios UCV

Disturbios UCV

La identidad se antepone como un velo traslúcido que viste de colores a la luz que emana de Mi, la luz esencial. De manera que lo experimentado es la historia, intensa, llena de emoción, plagada de actividad. Mi atención sigue el rumbo trazado por mi memoria, mis apegos, mis deseos… todo lo que está pendiendo, latente, buscando resolución, comprensión, alumbramiento. Abro la boca y me trago el bolo completo, como si tragara una inmensa bola de luz de colores, que se hace luz en mi, luz con luz…. Conciencia de conciencia, plenitud libre de los juicios, las marcas, libre de la dualidad “me gusta – no me gusta”. Absoluta conciencia, libre e infinita… apreciación de cada instancia, de cada instante, de cada variación de este río eterno de presentaciones. 

Ayer regresé de un segundo viaje, muy corto, pero en esta corta semana que me alejé de Santiago de Chile, la intensidad no bajó, pude compartir con mi madre que se va recuperando hermosamente y asistí al acto de celebración por la graduación de mi bella hija, me despedí de mi hijo varón que sale del convulso país hacia otro donde podrá hacer un post grado. Salí de Caracas antes de ayer dejando lágrimas y sintiendo la fuerza de la emoción cuando nos vemos obligados a soltar, viví lo que duele separarse de aquellos a los que estamos apegados… y no lo digo por mi, porque hace muchos años que vivo separada de mi familia, pero es imposible dejar de sentir lo que sienten ellos. Mis hermanas, mi papá, mi mamá, mis hijos, mi gente, mía de la identidad, los personajes de mi historia en este trazo de espacio-tiempo que corre como una película ante mi presenciación, en la pantalla de la Conciencia infinita. 

Si, es fuerte la enseñanza de la no-dualidad, porque esta indica que en última instancia nada sucede… nada que sea real sucede, es todo como un sueño, percepciones que destellan ante la luz de conciencia. Es fuerte dejar de lado la “idea de ser yo”… pero es liberador comprender que este yo nunca ha sido ni verdadero ni real… el Ser real siempre he sido, infinito y eterno, sin duración en el tiempo porque es atemporal, sin presencia en el espacio porque es a-espacial, mas sin embargo permanente. Permanente y por ende Real. Es la permanencia donde suceden los brillos de lo impermanente, que atraen y dejan encantada a la atención, y a pesar de cualquier juicio sobre lo aceptable o inaceptable, destellan hasta ser vividos, experimentados. Los brillos titilantes de un acontecer que parece real, que suceden en Mi, y no me tocan, a lo esencial, que permanece pleno e intocado como siempre es y ha sido.

yo y espacio

yo y espacio

Termino mi entrega compartiendo de nuevo un extracto del texto diario de R.Malak: “La conciencia infinita no se termina, la construcción de lo objetivo tampoco termina, solo es inestable, no permanece y es la fuente del sufrimiento que aparece cuando la realidad de la conciencia no se comprende. La confusión se presenta al mostrar la conciencia dos aspectos en forma permanente: creación y destrucción, hay que entender esta cuestión y allí sobreviene la comprensión.”

Maria Luisa

 

10 de Marzo 2014 – La Verdad

La Verdad

La verdad no cambia, lo que cambia es la percepción que tenemos de ella.

Es fácil darse cuenta de cómo la diversidad de cosas y experiencias atraen de maneras muy variadas a unas personas y a otras. Cada cual tiene su forma de satisfacerse, no hay dos personas exactamente iguales ni dos maneras exactas de apreciar o interpretar las ideas, las experiencias o percepciones. Las necesidades de cada uno difieren entre si, ya sean estas físicas o espirituales. En este sentido, los que siguen tendencias de enfoque religioso, metafísico, filosófico, incluso político o ideológico, se adhieren a ellas debido a la satisfacción que reciben. Cuando estas inclinaciones se las hacen propias, se apoyan en ellas y se convierten en sus creencias. Es entonces cuando llegan a decir que su particular creencia es la verdad, tomando como prueba de ello su propia convicción.

¿Qué pruebas se puede tener de que esta verdad que se asume sea real?, ¿bajo qué premisa se puede establecer que una ideología, sistema, doctrina o filosofía representa fidedignamente la verdad? Lo que las personas primitivas aceptaban puede ser muy diferente de lo que se acepte hoy en día en este mundo modernizado en el que vivimos. Lo que un niño acepta o comprende puede ser muy distinto a lo que acepta o comprende un adulto. Visto desde el ángulo de lo espiritual, el deseo que se tiene de comprender mejor las leyes con que se manifiesta lo Divino en el universo puede llevar a la persona a buscar y tratar de apresar algunas ideas o prácticas que supuestamente satisfagan su anhelo de unión con eso Esencial. En ese sentido, se quiere saber cómo encaja la propia vida en los hilos que tejen la existencia, y se trata entonces de atrapar algunos vislumbres como si fueran develaciones que satisfacen las explicaciones que nos queremos hacer.

La verdad que se asume como una idea o tendencia es algo que varía con el tiempo y las modas. Bajo esas perspectivas lo que es verdad hoy deja de ser verdad mañana. No es posible confiar en una verdad que cambia, por eso es preciso descubrir aquello que es constante. Lo que va cambiando y evolucionando no es la verdad, sino el modo de ver de la persona, del grupo o de la sociedad. Es un hecho que la persona cambia, evoluciona, modifica sus modos, suma conocimientos, suma experiencias y habilidades, desarrolla capacidades, pero con ello puede aproximarse a una mejor comprensión de la verdad que permanentemente subyace en su devenir, mas no construye la verdad. La verdad tiene que ser la misma verdad siempre, en todo y para todos, si no, solo es una interpretación a la que uno se adhiere. Esto es algo que se precisa comprender como un aspecto de lo que hoy en día la sociedad supone que es verdad, de manera que se abra el horizonte de la transformación a futuro de dicha sociedad.

El nombre o concepto con que se designa simbólicamente a las cosas, no es precisamente la cosa nombrada, sino una representación incompleta de esa cosa que percibimos. Muchas personas pudieran llamar a cualquiera de estas cosas con términos diferentes sin que por ello la cosa cambie, solo ha cambiado el nombre. Una persona puede aspirar a conocer la verdad, pero el conocimiento de la verdad no es una idea de la verdad; la verdad se puede aprehender y conocer, pero no se puede describir. Cuando se asume que una descripción representa a la verdad, incluso llegando a suponerse que la descripción misma es la verdad, la persona se está sosteniendo en algo que puede cambiar, como sucede con los conceptos y descripciones, dando una satisfacción temporal a su mente, hasta que posteriormente sea sustituida por una verdad que suponga como más completa.

No hay forma de conocer la verdad absoluta por medio de la mente que concibe, porque todo lo que concebimos, y que asumimos como conocimientos, son cosas que percibimos, retenemos momentáneamente y después soltamos. Lo que es absoluto no puede ser un objeto conocido por habilidades limitadas como las que usa la persona a través de sus filtros mentales. Es obvio que hay buscar la verdad más allá de la mente, una comprensión más allá de la experiencia, un estado sin cualidad. La mayoría quieren que les prueben la verdad y solo entonces la tomarán, es como si dijeran: pruebe que el azúcar es dulce y solo entonces la tomaré. Solo probando el azúcar se puede verificar su dulzor, el dulzor es una vivencia. Así mismo, la verdad está en sí mismo y se devela cuando la mente se ha transparentado ante la conciencia.

Hay quienes quieren comprender la verdad para satisfacer un impulso profundo que cuestiona todo lo que hace sufrir, otros quieren comprender la verdad para encajarla con sus propios intereses en la vida personal cotidiana. Para todos, el universo y su movimiento, todo el acontecer puede ser una guía, al estar abiertos a aprender de todo; si se está alerta y no está estructurado, todo es posible. Si la mente está clara y no se tienen sentimientos encontrados se puede aprender y descubrir a través de todas las personas.

El sufrimiento puede llegar a su fin al despertar de los condicionamientos que engañan y confunden. La apertura, el amor, son vías de regreso a casa, a su sí mismo real. Cada paso se da en confianza, sintiendo más paz y felicidad de frente a cada situación, con esto se comprenderá uno mismo con mayor claridad y profundidad, llegando a verificar que la verdad nunca ha dejado de estar presente. R.Malak

20 febrero 2014 – Trascender el dogma

Trascender el dogma

Trascender el dogma

Las exigencias del ego por perpetuarse nos devoran a diario, tanto en las orillas como en las plenitudes. Con una mirada más tranquila aparece el desapego, que, avivando la llama interior de este fuego resplandeciente, y de manera silenciosa, eleva nuestra comprensión de la conciencia, comprensión que finalmente nos libera de las ataduras condicionantes.

Siendo compasivo con las doctrinas espirituales, observo que por lo general intentan alejarnos de las cosas demandantes que nos rodean – las que nos deslumbran con su aparente belleza – y estimulan el desapego impulsándonos a la búsqueda. Estas doctrinas nos llaman a ver hacia adentro, hacia el mundo de las ideas morales, o a dirigir nuestra mente y nuestras emociones hacia la búsqueda de lo que llaman cosas serias. Ese modo doctrinario lamentablemente no orienta en estos tiempos hacia un desapego auténtico y profundo, sino más bien a un desapego formal y moral; no cumple la meta de ver al mundo como es.

El desapego de un ego demandante, obsesivo y acumulador, nos conducirá  a la acción justa; la acción justa construirá el puente interior hacia el ser real, o mejor dicho, romperá la barrera inventada de una vida dirigida a la acumulación de cosas. La acción es una prueba de seriedad. La mayoría no es consciente de su cuerpo como tal, no es consciente de sus sensaciones, sentimientos y pensamientos. Encontrar el centro que está más allá de la conciencia cotidiana acontece sin esfuerzo, produciendo una abertura en la mente, a través de la cual nos inundamos de luz. La abertura no es la luz, es sólo una abertura, o dicho de un modo más preciso, provoca la transparencia de la mente, lo que no es dogmático. El dogma está sólo para que se lo trascienda en la revelación misma que se provoca con lo que podría llamar la experiencia intuitiva, aunque el termino experiencia es cuestionable. R.Malak

¿Cómo encontrar paz permanente?

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¿Cómo encontrar paz permanente, cómo saber cuál es la verdad de la vida y encontrar algún sentido real?

Cuando un bebé nace, parece que estallara de pronto la vida. Sabemos que en el vientre de la mamá la vida ya estaba allí, también sabemos que desde que esa vida es un pequeño feto está percibiendo la armonía o desarmonía de la madre. Pero al nacer, esta vida empieza a tomar conciencia del mundo. En ese momento los sentidos y el sistema nervioso empiezan a percibir y enviar señales de las que esta vida toma conciencia. La Vida está usando un nuevo instrumento de expresión: ese pequeño cuerpecito.

Sabemos que a través de los 5 sentidos todos recibimos impresiones del mundo físico que nos rodea.

También sabemos que tenemos pensamientos. Que los pensamientos que tenemos ahora no son los mismos que teníamos hace unos años, o ayer, o hace unas horas.

Si prestamos atención, podemos revisar recuerdos, ir hacia atrás en estos recueros, rebuscar el momento en que nacimos.

¿Será que podemos recordar eso?

Todos tenemos la certeza de que hay algo de nosotros que no está limitado por el mundo físico de tres dimensiones que percibimos. Somos conscientes de una cantidad de percepciones que no pertenecen al mundo físico, como recuerdos, sentimientos, emociones, temores o esperanzas.

Todos tenemos la certeza de ser. Todos decimos yo soy, sabemos yo soy, sentimos yo soy.

Si nos remontamos al momento del nacimiento, allí no estaba la idea de que yo soy, pero sin duda, en ese momento yo era ya… y lo era desde antes de nacer… y lo era desde…… ¿desde cuándo?

Cada vez que trato de definir algo que está fuera de los límites mentales, simplemente me encuentro en el campo de la especulación. Cuando pretendo imaginar mis comienzos estoy en el campo de la imaginación. Nada de eso me da certeza.

Si queremos saber ciertamente lo que verdaderamente somos, más allá de los límites que imponen tanto el cuerpo como las ideas, nos damos cuenta de que para cualquier certeza, sólo tenemos el presente, el ahora. De lo único que podemos tener absoluta certeza es de Ser Ahora. Y que hay conciencia de eso.

En cambio cada vez que queremos definir lo que somos, aparecen las ideas de nuestra identidad, y esta se encuentra directamente ligada a todo aquello que nos limita. Por eso siempre estaremos en la contradicción si queremos saber lo que somos esencialmente, más allá de las limitaciones. Lo que somos no es definible, ni descriptible. En esencia, somos conciencia.

Como conciencia, nos asomamos al mundo a través de tres ventanas que nos provee el instrumento cuerpo. La ventana de la percepción sensorial: nos permite experimentar el mundo de manera física y orgánica. La ventana de la mente: nos permite funciones de conciencia que ordenan nuestras experiencias. La ventana de las emociones: nos permite apreciar un sabor especial con cada experiencia.

Si conocemos estas ventanas, podemos conocer lo que aparentemente nos limita.

No hay tal limitación, porque lo que somos es Conciencia que se asoma a través de esas ventanas o filtros, pero ocurre que nos apegamos a estos filtros, los tomamos como absolutamente verdaderos y dejamos que lo que podemos ver a través de esas ventanas nos haga creer que todo lo que hay es eso.

Es importante conocer estas ventanas: el cuerpo, la mente, las emociones. Y notar cómo vivenciamos nuestro Ser en función de ellas.

Al mismo tiempo que conocemos estas ventanas, es preciso notar desde dónde nos estamos asomando a ellas.

Pondré un ejemplo. Imaginemos que estamos en una casa vacía que tiene ventanas. El universo rodea a esta casa, pero solo podemos apreciar espacios limitados del universo dependiendo de cada ventana por la que nos asomamos. Reconozcamos que estamos viendo desde este espacio vacío. Ahora imaginemos que le sacamos las paredes a la casa. Estamos en el mismo sitio, el universo está en el mismo sitio, pero ya no hay separación entre el interior y el exterior. El espacio desde donde miramos está liberado de las estructuras. Siempre fue el mismo espacio.

Hablando de estructuras, y de conocer las tres ventanas, es preciso entonces notar cómo se van armando las estructuras que limitan nuestra percepción. Las estructuras del aprendizaje, de lo que hemos tomado como real y verdadero. Lo que hemos recibido por medio de la interacción con los padres, la sociedad, la cultura y el medio ambiente. Lo que vamos aceptando y recogiendo como cierto: ideologías, deber ser, deber hacer; lo que es bueno y lo que es malo; lo que conviene y lo que no.

Muchas de estas estructuras son netamente funcionales. Por ejemplo, no es necesario experimentar dos veces que el fuego quema. Lo que es funcional no estorba.

Otras estructuras son ideas sociológicas: pertenecemos a un grupo social, un grupo familiar, con ciertos esquemas acerca de cómo apreciar la vida.

Y otras son psicológicas: son las memorias que vamos guardando acerca de cómo experimentamos cada situación. Esto se sostiene en un sentido psicológico de ser, en el sentido de ser yo, la persona que se ha ido formando desde que nació el bebé hasta ahora, cargando con todas las impresiones genéticas, sociales, familiares, etc.

Este sentido de ser yo me define como identidad, como alguien. Y también define lo que me gusta y lo que no.

Cuando vamos por la vida atesorando lo que me gusta y descartando lo que no me gusta, sufrimos, porque la vida no nos pregunta lo que queremos, sino que se presenta como se presenta.

Aprender a conocer las tres ventanas y el instrumento de expresión es fundamental; conocer cómo todas estas cargas de gustos, aversiones, esquemas, ideologías, modos de ser, ideas de cómo debe de ser la vida, los comportamientos asumidos, nos van convirtiendo en personas acartonadas. Nos hemos rigidizado, unas personas más seguras de sí mismas, con un ego fuerte y sano, otras con un ego más débil. Pero en ambos casos, son cartones, máscaras que limitan nuestro modo de percibir y comprender.

Reconocer el espacio desde donde estamos mirando la vida es fundamental, y hay varios modos de hacerlo, por medio de la auto-indagación, la meditación, el yoga, las artes marciales y diversas terapias o ejercicios. Hay muchos modos de aprender a reconocer este espacio desde donde somos, que es permanente, real, que no es definible ni descriptible; es pleno de sí mismo. El problema se presenta cuando en la búsqueda esperamos reconocer algo distinto de uno mismo, olvidando que lo que somos no es un objeto, sino la fuente de toda percepción, conocimiento y vivencia.

Vivir en el ahora, reconocer el espacio consciente, apreciar la presencia, aceptación de todo cuanto acontece, atestiguar, todo esto son señales que los apuntadores ofrecen. Estas señales implican primero reconocer que somos conscientes, y segundo reconocer que esta conciencia no ocurre dentro del cuerpo. Ser consciente de ser, ser el ser, son más señales. Aquí no hay un yo, aquí no hay nadie, son también señales. Repetir esto no soluciona el conflicto. Y, ¿cuál es el conflicto? Que se sufre y a la vez se anhela paz. Que estamos viviendo como metidos dentro de una constante contradicción, en una pelea, una guerra que se desarrolla como un constante chateo mental.

La paz no se encuentra, la paz es lo que se siente cuando se observa todo el ruido mental sin darle más crédito. Observarlo como quien mira llover. La paz es la quietud, el espacio vacío desde donde miramos. Y lo que miramos son todos los contenidos con que usualmente queremos llenar este espacio para definirlo. La paz es la cualidad del espacio consciente infinito, esencial, el continente de conciencia; el espacio vacío de la casa que no es diferente del espacio vacío que rodea la casa. Es conciencia, es saber, es percibir, es darse cuenta. Eso es paz.

Este espacio de conciencia pleno, infinito, esencial, que soy antes de identificarme, se mueve como lo hace el aire formando remolinos, vientos y hasta huracanes. Este movimiento remueve los contenidos conscientes, entonces estos se van organizando gracias a una función de conciencia llamada mente-identidad, la función organizadora de la conciencia. Esta formación de identidad, del “yo soy” que se adhiere a los contenidos conscientes formando el “yo soy esto”, conlleva apego. Sin apego es difícil construir identidad. El apego comienza a desarrollarse al confundir la función de supervivencia biológica con la supervivencia psicológica. Confundir, palabra clave.

La confusión del sentido de ser con el sentido de identidad es la raíz del sufrimiento. Por eso, salir del sufrimiento implica justo lo contrario: comprensión.

Esta confusión del sentido de ser con el sentido de identidad acontece como un funcionamiento hipnótico, porque el aliado de esta situación es el apego. Por eso, para revertir este asunto se precisa ir en sentido contrario, cuidadosamente, porque el apego es un furioso protector de la identidad. Es como una enfermedad. El apego, que también significa interés o atracción hacia algo, debe quedar enganchado, interesado en conocer la realidad, tiene que haber una gustosa disposición a conocer la verdad. Por eso el apuntador tiene que ser cuidadoso, conociendo cómo funciona esto. Se precisa entonces, primero entender todo el mecanismo, para después proceder a asimilarlo profundamente, aceptarlo. Es ahí cuando podemos dirigir la atención hacia su origen, descubrir el espacio consciente que alberga todo el funcionamiento de la mente-identidad. Este espacio de tranquilidad, que, aunque quede vacío de contenidos conscientes, no deja de ser.

De este modo, que haya o no haya ventanas a través de las que mirar no tiene ya más importancia. Se vive lo que se tiene que vivir, sabiendo que nada de lo que acontece, ni me define ni me agrede. Se pierde el miedo. Las dudas ya no importan porque se reconocen como parte normal del funcionamiento de la mente que siempre estará haciendo proposiciones de exploración. Ya se conocen las tres ventanas: mente, cuerpo, emoción. Ya se sabe que estas no me limitan, que la paz y plenitud de ser no depende de la experiencia que se tenga. En la eterna permanencia de Ser se mueve la conciencia con todos sus contenidos, del mismo modo que sobre el papel se imprimen las letras y las notas que arman una canción. La vida que vive el personaje es un espectáculo pasajero, en cambio la vida que mueve al personaje es la eternidad misma. Es mi verdadera naturaleza permanente.