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Los perros de la mente ladran

Silencio en la nada, conciencia de ser plenitud

Espacio silencioso y luz

Soy todo y todo es mí mismo. El mundo aparece real y es solo una ilusión proyectada en la pantalla de la conciencia. El agua no teme al agua, ni el fuego al fuego, de igual modo, no aparece el miedo ante una ilusión creada por mí, pues no soy nada que pueda sentir. Ser no pertenece a los estados de la mente. Ser contiene todos los estados, incluso el más demandante y corriente: el estado egocéntrico, tan habitual que la mayoría supone que es el estado normal de vivir. Lo que soy no tiene forma, ni nombre, nada soy. El apego al nombre y la forma se alimenta de miedo, y dado que soy nada no tengo apego pues la nada no teme a la nada. Aunque todos la teman, la nada toca la nada y se transforma en nada.  La normal experiencia de la libertad, o la transparencia de la propia mente en niveles más profundos, puede parecer comprensión pero es solo autoafirmación y engaño protector del ego, ya que la misión de este ha sido diseñada para proteger el instrumento de expresión. Si desapareces en el silencio, uno ya no es conciencia centralizada, en el mismo sentido en el que un río ya no es cuando se sumerge en el mar. El nombre, la forma, ya no son, pero el agua permanece y se aúna con el océano, siendo Conciencia de Ser en Plenitud. R.Malak

 

 

NIRVANA

Nirvana

Cuando tenía 2 o 3 años de edad me pusieron una cerilla encendida en los dedos: tú eres Maria Luisa, la del espejo. Desde entonces sostener esa cerilla fue algo muy doloroso, pero no sabía que el dolor se debía a ello.

En la adolescencia comencé a preguntarme por qué tenía que cargar con un dolor profundo e incomprensible, cuando muy íntimamente sabía (intuía) el derecho a la plenitud. Entonces, comenzó una larga búsqueda en un proceso muy insatisfactorio de muchos esfuerzos.

Cuando a los 40 entendí ciertas indicaciones que me sonaban ciertas, y que finalmente habían llegado a mi, (o yo las había encontrado), simplemente comprendí que ya no había nada más que hacer, sino tal vez, esperar. O sea, me entregué. Seguí mi vida, pero ya con cierto alivio porque no había mucho más que “hacer” para sentir mi plenitud. La cerilla de la identidad seguía siendo sostenida.

De pronto un día, esta cerilla amaneció consumida, apagada. Así, por si misma y sin ningún esfuerzo o voluntad por parte “mía”. Se había terminado la ignorancia (de lo que Soy), por lo que la plenitud se mostró claramente, luminosamente, abierta, espontánea, viva.  Se reveló con el sabor de la eternidad, y me mostró con gracia, casi chistosamente, que lo que había buscado siempre había estado ahí: la realidad de ser.

Esto no parecía encuadrar con nada de lo que había leído, escuchado o aprendido, porque en el proceso de revisar las teorías, paralelamente había construido un ideal de ser, de realidad, una expectativa de cómo debía ser la iluminación, la realización de ser. Y ninguna expectativa, ninguna receta o mapa es jamás el territorio o el sabor de una comida. Por eso a esto no le puse nombre.

El origen de todas las ideas y de la identidad, siendo anterior a las palabras, no tiene nombre que se le acomode satisfactoriamente. Sorprende, desde ahí, cómo el despliegue de todo arma un mundo de hechos, percepciones de estos hechos, sensaciones respecto a ellos e interpretaciones tanto de los hechos como de las sensaciones. Presencio todo ello en silencio, desde ahí, desde lo que ilumina todos esos contenidos conscientes.

La conciencia es donde se sostienen los pensamientos, y estos no tienen existencia sino en ella. Verificar que observamos los pensamientos hace que seamos conscientes de nuestra independencia de ellos. En el sentido de que ellos aparecen o desaparecen, pero eso que los presencia se mantiene. Lo que es consciente de los pensamientos es pura conciencia, no es una entidad. Parece que fuera yo, la persona que es consciente, pero esta apariencia, por muy fuerte que sea, es justo la ilusión, el engaño, lo que confunde. El yo se ha construido por medio del primer pensamiento: yo soy Maria Luisa, la del espejo… la imagen de si misma.

Pensar en mí es sostener la imagen de mí. Es armar una ilusión, un espejismo proyectado de la presenciación que sostiene la imagen. Es el primer sentido de separación, de ruptura… es lo que produce que la centralización de la conciencia se congele y el dolor existencial se presente, como una aparente ausencia de plenitud. Ir al origen del pensamiento “yo” significa verificar que desde donde se observa este pensamiento no es un lugar, no está ubicado, ni en el cuerpo, ni en el espacio, y que cualquier nombre que se le de a ello que soy, viene a ser solo un concepto también observado y sostenido. Ir al origen es ser lo que soy, actualizarlo a cada instante, hasta que eso sea tan natural que se demuestre que todo esfuerzo es justamente contradictorio. Porque esfuerzo implica lucha, y esta implica separación entre yo y aquello con lo que lucho. Y toda separación implica dualidad, contradictoria a la realidad no dual. No dual es ser, ser conciencia en plenitud.

EL COLLAR DE LA MEMORIA


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Súbita reflexión sin preámbulos:
Primero es la fuerza de un sentimiento o una fuerte ráfaga emocional… luego se le pone nombre… ¿Cuándo nació el lenguaje? Quizás un experto me lo pueda decir. Me dará una fecha y una descripción del momento histórico, cultural, del “hombre que poblaba el planeta” de aquel momento. Los momentos se van juntando como cuentas sostenidas por el hilo de la memoria formando el collar de la historia.
Por ejemplo, después de una noche de sueño reparador, de esas en que las desventuras de la persona son olvidadas y el cansancio reparado, se despierta nuevo, en silencio… ¿qué día es hoy? ¿Qué tengo que hacer? ¿Qué pasó ayer? ¿Qué ideas o sentimientos estaba sosteniendo? Parece que se precisara re-cordar (trazar la cuerda de memorias) para empezar el día con una identidad y hacer lo que se tiene que hacer según la historia que estamos representando.
Sin memoria no somos alguien. ¿Sin memoria se podrá representar un rol social? Si al despertar una mañana una mujer no recuerda a sus hijos y sale por la puerta trasera a mirar la luz del día y se va de paseo admirando y disfrutando el tan sólo estar, dejando a los pequeños en la casa… ¿cómo será su recuento esa noche, cuando requiera armar la trama del día pasado? Dejo ese cuento a tu imaginación.
La memoria, la base de datos, ofrece la pauta para dar continuidad a una representación. Fatigoso muchas veces y no es de extrañar que se necesiten vacaciones, esos días en que puedes levantarte y solo estar, sin tener que pensar en el hacer.
Se requiere la memoria para las funciones cotidianas. Sin duda sirve para eso. Lo otro es darnos cuenta de cómo la identidad está sostenida en algo tan frágil como la memoria. ¿Por qué frágil? Porque se puede perder.
Si un día pierdo la posibilidad de recuperar la memoria de mis días pasados, y me pregunto ¿quién soy?, entonces ¿cuál es la respuesta?  Es posible, casi seguro, que no podría definirme, pero ¿acaso habría dejado de ser? Eso que soy seguiría allí, quizás como reconocible sensación, y sin duda como saber, saber que soy aunque no pueda saber lo que soy. ¿Y qué diferencia hace a este ser el que pueda o no definirlo? La diferencia es que le otorga una representación en la película de la vida. Es distinto saber Lo que soy, que saber cuál es la identidad que estoy representando. Por eso, saber lo que soy sin memoria de ningún tipo, tiene, desde el punto de vista racional, solo sentido para los efectos de una paz que subyace a todo el movimiento del hacer, desempeñar y representar. Esa paz es valiosa. Y esto se reconoce bajo la más pura agudeza intelectiva y, más que nada, se Ve con la observación pura, la que no depende de juicios pre-sostenidos ni de razonamientos.
Para los efectos del hacer, representar un rol sostenido en la memoria es lo que da sentido a nuestras biografías. Y con la debida preparación y aprendizaje nos hace entes autosuficientes socialmente, es decir, sin dependencia de nadie para cuidarnos en los asuntos básicos. La memoria es crucial para la supervivencia. La memoria que da sentido de identidad es el medio que sostiene a la persona. Sin memoria no hay “persona”, ni siquiera entidad, puesto que hasta una planta, una célula, están basadas en la memoria del ADN.
La memoria también es la que me hace recordar una experiencia transformadora… me hace recordar las enseñanzas y también las charlas con el maestro, incluso que él existe. R.Malak dice:
“La memoria es inestable e impermanente… es la constructora de los rollos y de las debilidades, la que arma la identidad… las trabas y los conflictos… es la misma memoria la que quita la capacidad de asombro… y nos hace ver las cosas a través del velo de la costumbre. Ver con ojos nuevos… es ver… sin el peso de la memoria”.
Entonces, en una primera instancia, la reflexión inmediata acerca del asunto de la realidad está referida a: 1. La identidad es memoria. 2. Ser sin identidad es lo subyacente.
Primero soy, y debido a una memoria de datos armo una identidad. Hay investigadores de lo espiritual, quienes reportan su insatisfacción debido a una constante fluctuación entre la paz de ver sin conflictos y la identificación con los procesos e información de la memoria que produce ansiedad, duda, inestabilidad. Esto significa que no hay una certeza acerca de cuál es el punto de vista que se acerca a lo real, que sirva de ancla estabilizadora que ayude en forma constante a disipar el error o incomprensión. Menos aún hay la certeza que se está buscando en la investigación, acerca de qué es real y qué no lo es. La certeza llega como un relámpago, un resplandor.
“Al ocurrir el resplandor, lo sustantivo se muestra sin esfuerzo; nada que lograr porque el logro es sinónimo de acción, sinónimo del verbo. Ha ocurrido el resplandor como salto en la comprensión, mirar distinto, observación tangible, nadie observa, no hay juicio. Mediante la observación sin juicio se renuncia a todo. Si no nace una cosa, nada nace; esto ocurre como un saber intuitivo. Los que no lo ven, hablan de métodos como si fueran diferentes unos de otros, se pierden en la multiplicidad de métodos, girando sin fin”. R.Malak
Por tanto, sin memoria… solo ser-conciencia indiferenciada. Y darse cuenta de esto, haciéndolo propio, sabiéndose ser a pesar de todo hacer, y con una certeza cual tesoro, implica dejar de darle tanta importancia a la persona que nos representa como un papel en la película de esta biografía. Ese darse cuenta necesariamente tiene que estar acompañado de la felicidad que se muestra en esta comprensión, en este resplandeciente mirar, para que se cumpla la certeza. Esa felicidad, ese Ananda que no le pertenece a la identidad, sino a Si mismo, es la certificación que no deja ni una mínima huella de duda acerca de lo que habría de completarse por medio del hacer. Nada que completar, esta película de tiempo y espacio es una ilusión de devenir, venir a ser, siendo. Sólo ser-conciencia-felicidad… siendo. Y la absoluta comprensión de que la felicidad no está al final de un recorrido.
“El propósito de la creación es el cumplimiento del deseo. Cada gota, cada semilla y cada raíz conectadas como hilos de luz, llegan a mi tarde o temprano. La repetición da idea de causalidad. Si a todo lo veo como lo esencial, entonces todo es indescriptible, y si todo lo veo como el mundo fenoménico, entonces todo es dual. La percepción depende del que observa, ya sea con o sin juicio”. R.Malak
La resolución de lo real y la opción de vivir en ello y como ello, no es optativo del proceso racional. La observación sin juicio se muestra como “Aquello que es Esto” y que mira siempre, desde siempre y para siempre, tanto lo claro como lo confuso.
“En esta pradera de tiempo espacio, en que lo sensible se mezcla con los intereses y toda rama, planta, hoja, flor y frutos no se comprenden en su dimensión, es la mente la que crea el mundo de sujeto y objeto. La relación entre ellos la resuelve el ave de la comprensión, que en el cielo sin forma de la conciencia no manifestada sueña que hay yo”. R.Malak
Al instante sin palabras, en el momento sin tiempo, en este presente activo en que desaparece el vínculo con el proceso del pensar, como si este fuera una nube transitoria ante el sol de la luminosa mirada desde Mi mismo, de pronto, de inmediato, se diluye toda nubosidad.
“De un viaje estoy en el corazón, como el aire que respiro, miro desde la profundidad de los ojos. Soy esencia, aunque relativo en apariencia, en sueño profundo mi mente está sumergida y fuera de los estados soy paz silente. Un deseo pequeño da comienzo a una acción y una chispa incendia un bosque de errores, abro los ojos y estoy viéndonos en transparencia”. R.Malak
¿Y a qué más palabras?
No hay dos: Lo que es y lo que no es; no hay dos: el ente manifiesto y el Ser in-manifiesto; no hay dos: realidad e ilusión; no hay dos: noúmeno y fenómeno, ni ser y no ser, ni claro ni oscuro… No hay yo ni ausencia de yo… No “hay”.
Solo Ser-Conciencia-Felicidad… en sí y por doquier.
Maria Luisa