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Identificación – 3 de Agosto 2016

3 agosto

“Yo” es la manifestación dual cubierta de ilusión, sujeta al tiempo y al espacio, es inestable e intermitente, se mueve en el columpio del pasado al futuro, del recordar al planificar. Asociamos y relacionamos cosas a través de este yo virtual que le da sentido a la vida.

Conocer nuestras necesidades, deseos y debilidades es lo más demandante, y a la vez percibimos la existencia de una fuerza que nos da orientación para movernos en lo cotidiano y para reconocer que lo espiritual se encuentra en el corazón de cada cual. Profundizando en ello reconocemos la conexión con lo indescriptible.

Como persona se utiliza el pronombre “yo” para expresar la identificación con el cuerpo y los sentidos. Nos describimos con una estatura definida, edad, peso, posición espacial, con determinados pensamientos, con ciertos sentimientos, con capacidades intelectuales, gustos y apetencias, etc.

La ilusión es la Realidad en la que, como en un juego, manifestamos identificación con lo temporal.
El conocimiento de lo Real no se adquiere, uno es este conocimiento. Lo buscado es el mismo buscador, uno es Observación sin juicio antes de que cualquier concepto existiera. Con la observación sin juicio se provoca la pureza de la mente, quedando esta en estado de reposo, percibiendo la existencia sin necesidad de que tengan que surgir pensamientos para alcanzar metas.

Es allí, en presencia de lo Divino, en el lugar de la verdad esencial, que acaece un silencio que se llena de certeza, un silencio provocando que la mente se presente ausente de conceptos, en el que las pasiones y los deseos se acallan. Ellos no desaparecen sino que cruzan como nubes sobre el cielo de la conciencia. Se ven pasar las nubes, los deseos, como una cosa entre muchas que dependen de uno, pero no se completa el impulso por satisfacerlos, no se emprenden acciones. Tampoco las emociones inquietan en este observar. R.Malak.

RECUPERAR EL EQUILIBRIO – VOLVER AL ORIGEN

Como un baile de disfracesMuchas personas descubren en algún momento que la vida no tiene sentido, y por desconocer el trasfondo real de su existencia desesperan y sufren. Por eso, para mí, lo que tiene sentido ahora es hablar de estas cosas que hablo, por empatía, ya que considero que no es suficiente buscar la medicina temporal de las creencias, ni comprarse ideas sobre la fe. Eso, según lo veo, es como pretender sanar una herida grave y profunda con agua hervida. Es necesario ir a la raíz del asunto, a la causa original del desconocimiento, o, como algunos lo llaman, la ignorancia de Sí mismo. Está escrito por sabios de todos los tiempos que el sentido esencial se conoce al conocerse a Sí mismo.

La Vida se expresa, se manifiesta sin que se pueda evitar. Es manifestación de Conciencia sin propósito. La Vida es el movimiento de la Conciencia, pero pocos reconocen esto.  Por mi parte es un hecho que me reconozco, a mí, Sí mismo que soy. Me reconozco sabiendo que soy, que existo y que todas las cosas existen y dejan de existir ante mí, la Conciencia. Aun así, sufro o disfruto la vida en base a las exigencias de mi identidad, muchas veces sumergiendo lo más brillante de la comprensión para quedar opacada temporalmente por las tendencias latentes. Una y otra vez veo cómo se produce esto, y me hace comprender lo que nos pasa a todos.

Necesitamos, para recuperar el equilibrio de la comprensión, y, para deshacernos de la aparente ignorancia, conocer los pensamientos y el movimiento que los va destacando, la mente, ya que son los pensamientos los que nos perturban cuando hay crisis. La mente es una función de la Conciencia que ordena los pensamientos, las burbujas de pensamientos. Unos se destacan sobre los otros, se disminuyen, se muestran, se esconden, retroceden, explotan, desaparecen. Son como latidos con distintas pulsaciones. No son ajenos a mí, pero los conozco. No pueden estar en ningún lugar distinto de mí, pero los observo. Como si me desdoblara, la Conciencia se centraliza y me hago yo que observo eso. El latido permanente de la Vida entra en juego con el latido intermitente de los pensamientos. Donde en esencia no hay dos, parece haber dos conjuntos de latidos, a veces sincronizados, a veces no. Pero uno es permanente y real, el otro es intermitente, transitorio, cambiante, por tanto no es absolutamente real. Sin embargo existe, pues se manifiesta y lo conozco.

Cuando hay sincronía entre el pensar y la Vida, hay amor, hay perfección, hay belleza, claridad. La mente está en su fuente, la Conciencia. Y sigue funcionando desde ahí diciendo nombres tales como: amor, perfección, belleza, claridad, unidad, armonía, paz. Desde ahí, la función es impecable.

¿Qué es lo que rompe esta sincronía? ¿Cómo sucede el sufrimiento?

Cuando la mente pretende independizarse de su fuente, es como olvidar la realidad de ser. Construye persona, construye pasado y futuro, como si fueran míos y me definieran. Construye ego, un yo con historia, un yo vulnerable, carente, necesitado, que busca completarse, mejorarse, ser apreciado. Un yo separado de millones de otros yo, ustedes.

Sufrimiento es ego, es cuando el yo que observa se separa de lo percibido, se independiza de lo percibido y a la vez, de su propio origen. Ego es un yo ilusorio, por eso cuando lo busco no puedo encontrarlo, puesto que no puede haber dos yo.

Es cuando me adormezco a mi verdadera naturaleza, y me envisto de una personalidad buscando reconocimiento, mérito, proyección, que esta ilusión hace presa de mí. Al perseguir creencias o pensamientos ideales, muchas veces se entra en conflicto con la pulsación de Vida que está aconteciendo naturalmente. Se produce una lucha desgastante por insistir en la construcción de una artificialidad. Y solemos no darnos cuenta de esto, porque el ego ciega y obstruye la claridad con la cristalización de la mente, que deja de fluir tratando de mantener las ideas fijas sobre el deber ser y la consecución de nuestros deseos. Se niega el acontecer, se rechaza, y se procede a poner la atención en un pasado en apariencia mejor o un futuro ideal.

Esta ilusión, el sufrimiento, puede presentarse en algunos casos como una alarma que me llama la atención, me despierta del ensueño de ser una soñadora, y entonces la ilusión se desvanece, el yo separado desaparece, el ego se sumerge, las dudas se disipan, los miedos se apartan, la oscuridad deja de existir, porque la he alumbrado con la visión aguda, clara, reposada, de la atención plena, la observación sin juicios. Es como recuperar un carruaje descarriado, como volver al equilibrio, como despertar de un desmayo. Es como retomar el norte. Es Vida en presente activo.

No hay donde ir, pero tampoco hay donde quedarse. Todo viene y se va, pero yo permanezco. Tanto el dolor como el placer vienen y se van, ambos, dos extremos de experiencia en el fluir de la vida.

El cuerpo, la mente, las emociones, son como motores ya diseñados y condicionados a existir de una manera determinada. Aparecen los pensamientos, se sienten emociones, se hacen cosas que responden de forma automática ante algunos estímulos. Desde la fuente, en observación sin juicio, soy presenciación de todo este movimiento, Conciencia que conoce y observa los automatismos, Conciencia, en realidad inafectada, que sostiene este movimiento. Desde la claridad, con la comprensión inmediata de esta situación, de esta realidad constante, el movimiento automático tiende a armonizarse, la respiración se calma, el cuerpo se va relajando, las emociones se apaciguan y el entendimiento va surgiendo limpiamente. La mente se va recogiendo de este modo, de nuevo, en su origen, la Conciencia.

La Vida no tiene un sentido conceptual en sí misma, porque es el despliegue de mi propio movimiento, un despliegue libre, como arcoíris de luz convertida en miles de colores. Una expresión suavemente fluida de mí, de Ser que es Conciencia, y se muestra en plenitud sin ninguna atadura. Sin embargo, la mente, mi función para manifestarme, mi función para experimentar y poder descubrir la variedad de colores que me conforman potencialmente, procesa datos, información. Procesa las tendencias latentes, los pensamientos. Y arma un posible sentido de vida, un propósito, una dirección que tiene comienzo y tiene final. Mi función, la mente, me da un disfraz temporal, me idea un papel que jugar, un personaje para vivir los episodios del juego de la vida. La realidad de Ser Conciencia es plenitud y perfección, sin embargo la ilusión de ser la persona solo muestra un reflejo de la totalidad, tan solo una selección de aspectos. Si lo olvido, sufro… o juego a sufrir.

Es necesario discernir entre lo que es real y lo que es ilusión, notando aquello que permanece y aquello que es transitorio. Es necesario que la mente funcione desde su origen, y ahí aparece todo el sentido, la dirección necesaria, un funcionamiento impecable que no necesita creerse el cuento del yo – identidad, sino que sólo lo usa, como quien asiste a un baile de disfraces… y lo goza.

Maria Luisa

El mundo de los conceptos y las urgencias de la vida cotidiana

El mundo de los conceptos

El mundo de los conceptos

11 enero 2015

Al vivir en el mundo de los conceptos nos alimentamos de palabras, y es seguro que estaríamos en serios conflictos sin ellas. Las palabras podemos considerar que son buenas herramientas, solo que también pueden ser serias obstrucciones. Existe la tendencia a identificarnos con la mente, que es la constructora y ordenadora del mundo de los conceptos. Podemos decir que la mayoría del tiempo no vemos sino a través de las palabras, no vemos ni cosas ni personas, sino que lo que vemos es lo que pensamos de ellas, o dicho de otro modo, vemos lo que nos dicen los conceptos ya archivados en la memoria y que nos hablan de ellas.

Se precisa indicar que cuando aparece la comprensión de nuestra ´naturaleza esencial, ya no se vive dando validez a nuestra “individualidad”. Antes considerábamos como “Sí mismo” al caldo de cultivo de las impresiones mentales que venían de distintas fuentes, memoria, falsos juicios, ideas reiterativas que se presentaban a nuestra pantalla de la conciencia. De pronto, eso dejó de tener sentido, el ego ya no es una identidad fija sino que es un manojo de procesos variables y expuestos a revisión. R.Malak

Las urgencias de la vida cotidiana

12 enero 2015

Fuera del camino tradicional existen diversos modos de acercarse a lo espiritual que son recogidos de manera aleatoria. El principal problema es que generalmente se desarman cuando las urgencias de la vida nos mueven con intensidad y nos quedamos sin poder estabilizarnos.

En la pantalla de la mente, la identidad se está escribiendo, para que apruebes -en forma voluntaria o no- el plan que estás diseñando. En realidad este plan ya lo has aprobado con los deseos, requerimientos, e impulsos que has rechazado o seguido. Está escrito por todas las urgencias que se han filtrado en el almacén de la memoria; ellas te han impulsado a seguir una ruta o tomar un camino. La identidad se cocina a fuego lento en la olla de esa conciencia cotidiana. Ante la pantalla de la mente sobreviene un juego intenso de pensamientos, de ideas e impresiones de los sentidos, que muestran urgencias. Es así que tomas partido cuando estás en una encrucijada. En ese instante, con certeza te digo, el espejismo se acentúa.

El proceso de la identidad queda cocido, o a medio cocer, cuando le das el visto bueno a esa decisión, mientras que la conciencia -que no cambia, la que presencia los movimientos de los pensamientos y acciones- sigue iluminando el caminar.

La comprensión no está condicionada por estructuras que vengan de afuera, de lo cotidiano. Dicho de modo más usual, de los fenómenos. La esencia de Sí mismo es la cualidad de Ser que no depende de nada ni de nadie, provoca paz y contagia de paz a todos los que estén cerca, es una paz que embarga corazón y pecho. R.Malak

Blanco y Negro

“Alejado del tiempo en un cielo silencioso. La gente cotidiana cuida el valle, mientras la mirada de la noche hace que dormiten las flores, enrojeciendo las sonrisas. La soledad mágica y antigua me acompaña en este instante, y los pensamientos, como visitantes, marcan el cielo.

Los ramajes ideológicos, como glaciares, se apartan, porque les he quitado la atención y me he desapegado de la nube de temores. El presente activo es plenitud, que, como canto de la mañana, inunda el corazón”. R.Malak

Blanco y Negro

La mente, como expresión de la conciencia, permanece, aunque sus enfoques pueden manifestarse de distintos modos. Cuando la mente mira a lo fenoménico, entre lo externo, cuyas expresiones pueden ser egoicas y mundanas, toma la forma de los objetos con que se rodea. De igual modo, cuando se vuelve hacia el interior, se funde con la conciencia de donde procede.

Suponer que cruzamos una etapa oscura en la humanidad es un error. Lo armónico y lo destructivo de la sociedad han estado permanentemente a la vista. Por un lado está el cinismo con que se observan las cosas, y por otro lado están los que muestran un gran esfuerzo por comunicar y hacer presente lo constructivo de la humanidad.

Generalmente respondemos al sistema educativo que se nos ha implantado a través de un currículo oculto de acuerdo a la inclinación del gobierno de turno. La cuestión del costo-beneficio marca toda actividad, quedando sumergidos los intentos de gobernantes bien intencionados por cambiar el enfoque y recoger lo constructivo y conveniente para todos.

La avaricia constante de una parte de la sociedad impulsa el consumo, sumergiendo a toda mirada distinta que intente comunicar. Aun así hay miles de miles de jóvenes, y otros no tanto, que estudian e intentan valientemente construir una profesión que les permita, además de ganarse el sustento, cambiar a la sociedad imperante. Muchos consideran que su aspiración de cambio es utópica, pero es una energía que no está equivocada.

Por otro lado, los medios de comunicación se mueven en función del éxito de sus programaciones, y no consiguen mantener los programas llamados educativos o constructivos, sino que dan preferencia a los temas que son de consumo fácil, por las posiciones que destacan las formas de globalización.

La seguridad, la tranquilidad, está dentro de uno mismo, no fuera. Los intentos de buscar afuera solo siembran inseguridad, como una permanente contradicción. Como óptimo, aparece la contemplación de nuestra identidad, de las creencias, apegos, hábitos y costumbres, que identifican cómo fuimos construidos. Esta búsqueda individual delicada de quién soy, no aparece como un aprendizaje, sino como una vivencia personal e íntima.

Me parece conveniente buscar dentro de sí mismos para que los conflictos se identifiquen, y se tenga un claro vislumbre de la vida plena, que la sentirá quien se conozca a sí mismo, y, cumpliendo la promesa antigua, tendrá toda la sabiduría del universo. Aparece como una investigación que despliega lo que eres: aquello que no puedes escuchar o ver, tu esencia, la conciencia.

La búsqueda de la sabiduría muestra que somos la conciencia que ha sido testigo del nacimiento en este intervalo centralizado. Nos hacemos conscientes de esta oscuridad cegadora, o sea, de esta luz que no refleja nada, solo hay luz, inteligencia consciente, que se expresa a sí misma a través de las infinitas manifestaciones o imágenes. La luz de lo esencial es un fuego que todo lo consume. Esta luz da inicio a todas las expresiones, haciendo desaparecer las sombras, destruyendo las distorsiones, sin principio ni final. R.Malak

¿QUIÉN SOY?

“Como sabueso que busca el rastro, sigo la huella de las letras frescas, abriendo de parte a parte el corazón que anhela la verdad. Mil demonios, mil deseos. Miro el comienzo mágico que ha nacido del recuerdo, y la intrincada historia espera, entre el sueño y la vigilia, reflejando la sombra absoluta.

El enigma sube por mi garganta, el río se mezcla con la lluvia que cae, todo se da de modo complejo, y, detrás del fondo de los ojos puros, me veo sonriendo a la existencia. Las evidencias logran que descubra el sendero de la vida, y el nombre gruñe en mi pecho con fuerza, desenredando el secreto de la risa”. R.Malak

El enigma sube por mi garganta, el río se mezcla con la lluvia que cae, todo se da de modo complejo, y, detrás del fondo de los ojos puros, me veo sonriendo a la existencia.  (Imagen tomada de la web)

El enigma sube por mi garganta, el río se mezcla con la lluvia que cae, todo se da de modo complejo, y, detrás del fondo de los ojos puros, me veo sonriendo a la existencia. (Imagen tomada de la web)

Nada de lo que viene y va soy yo. Si digo: “estoy aburrido”, ¿quién sabe esto? Si estoy enojado, presionado, atemorizado, ¿quién lo sabe? Soy el conocimiento, no el estado conocido. Los pensamientos surgen y la atención los destaca, apegándose a ellos. De esta manera me identifico con ellos, y así se transforman en una definición de mí mismo, se convierten en yo.

Al indagar profundamente: “¿quién soy?, ¿dónde estoy?”-, puedo observar que no es posible hallar una entidad que responda a eso. Si investigamos nuestra mente, nuestro cuerpo y nuestras emociones, encontraremos unas ideas con las que uno se identifica, como: “yo soy una persona, yo soy un ser humano, yo soy un hombre”. Estas ideas que se adhieren a mi sentido de ser, construyen el ego, mi sentido de ser yo, que se define por ellas. Pero estas ideas no pueden completar totalmente mi sentido de ser, y por eso me siento deficiente y carente. De ahí que aparezca el temor, la ansiedad y la duda. El deseo de completarse surge de ello, y satisfacerlo se convierte en el motivo de existir.

Estas construcciones sobre las ideas de uno mismo, son el aspecto de la función mental que arma identidad. Esta identidad creada por la mente está tan arraigada, confiamos tanto en ella, la damos tan por sentada, que se convierte en el mayor obstáculo para reconocer nuestra naturaleza verdadera. Construye sentimientos de separación y nos invita a buscar la felicidad afuera, en lo exterior. R.Malak