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Lo Divino – 20 de Julio 2016

20 julio

Todos tenemos una llama que irradia luz, ilumina todo, cielo y tierra, abarca todo, es idéntica a la de los apuntadores y guías. Pero cuando esta se cubre debido a las falsas ideas y exigencias del mundo, y no se manifiesta claramente, es necesario comprender para que refleje su claridad.

No es un conocimiento que surge sin razonamiento, es veraz e incontrolable. El acto de conocer sin la presencia de un conocedor es la manera de entender. Extraviarse en un océano de amor, ser absorbido en lo Divino, en lo Absoluto, experimentar la conciencia esencial, no es un saber. La unidad, lo Divino, no es conocido en su esencia pura y absoluta por algo o alguien diferente de Sí mismo.

No hay nadie, como persona, que pueda abarcar a lo Divino, sin embargo es posible, con la observación sin juicio, saber que Es, puesto que en esta observación no hay observador separado. Si no se sabe lo que Es, se está como un ciego en un mundo de brillantes colores, de sombras y de luz cambiante.

La vida en lo Divino primero es dulzura, alegría y liberación. Luego se pierde en la contemplación del Ser sin análisis posible.
A consecuencia de la comprensión directa de la realidad, hasta el mundo externo material o físico aparece como un atributo de la gran unidad. Este deja de ser una ilusión como producto de los sentidos receptores humanos y pasa a ser comprendido y vivido como el cuerpo de lo Divino. Es e incluye substancias actuales.

Las cosas no son como aparentan ser. La materia es la objetivación de lo Esencial, es su forma material. La observación sin juicio, como saber, es sin conocedor. El conocedor surge posteriormente cuando hay apropiación del conocimiento por parte del ego, es decir, cuando aparece la razón y la estructuración. La observación sin juicio muestra una forma de saber del mundo y queda velada en el instante en que el ego renace y nos recordamos conociendo y comparando. R.Malak.

La Puerta a la Esencia

El arte de amar

La Puerta a la Esencia (imagen sacada de la web)

Tenemos la costumbre de abrir y cerrar puertas. Las hemos inventado con la pretensión de impedir o facilitar el acceso a lo valioso, por medio de cerrojos, candados, pestillos, y toda suerte de medios. ¿Podremos de este modo evitar, quizás, que se divulguen los secretos?

Las revelaciones muestran lo que estaba escondido, y descubrimos con ello, asombrados, que estaba totalmente expuesto. Quedaban escondidas a la identidad centralizada, pero abiertas al corazón del que ha comprendido el regalo que abre lo Divino.

Cuando examinamos teóricamente el arte de amar, nos enfrentamos a un problema muy difícil. Reconozcamos que se precisa abandonar la teoría para avanzar a la práctica. Se puede aprender algo de forma teórica, pero un arte, ¿es posible desenvolverlo de otra forma que no sea practicándolo?

La dificultad del problema se ve aumentada por el hecho de que la mayoría espera recibir recetas que indiquen el cómo. ¿De qué modo hacer eso que se propone?

Para amar hay que pasar de la enseñanza, abandonando la expresión egoica, dejando de lado el pensamiento, ya sea superficial o profundo, sumergirse concretamente en la  meditación, pausada y profundamente. Es cuestión de amar, no sólo como una experiencia,  sino como una comprensión que podemos tener por y para nosotros mismos. De ese modo se está en condiciones de dar amor.

Aparece el conocimiento, que puede venir por la meditación constante, esa que muestra a Si mismo, que se fija y se funde con el conocimiento universal. De esta manera viene totalmente libre, como el cielo o el espacio.

No es posible negar que suele sobrevenir la idea de acumular conocimiento, como un mono o una ardilla que acumulan las nueces que caen del árbol. Aunque sea conocimiento espiritual, aspiran a recibir algo; esa es la dificultad real. Mientras la búsqueda esté apuntando a las formas que nos rodean, la puerta interior parece cerrarse -aparentemente cerrarse- dado que la atención se ha vuelto al demandante mundo fenoménico dejando de lado el despertar instantáneo.

“Con el amor he sido bendecido, quedando toda mi expresión expuesta al viento. Si al observar los modos quedo extasiado, ya todas las luces se han extendido. Es un problema vivir medio sumergido, ante la escucha estoy sediento y es todo un acontecimiento. Giro sin fin produciendo el olvido. En la agitada mente, todo danza. Al mirar la plenitud, que es toda hermosura, se marca como una bienaventuranza, que aparenta perder la cordura, colmando de alabanza, y expresando amor silencioso que parece locura” R.Malak