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El mundo de los conceptos y las urgencias de la vida cotidiana

El mundo de los conceptos

El mundo de los conceptos

11 enero 2015

Al vivir en el mundo de los conceptos nos alimentamos de palabras, y es seguro que estaríamos en serios conflictos sin ellas. Las palabras podemos considerar que son buenas herramientas, solo que también pueden ser serias obstrucciones. Existe la tendencia a identificarnos con la mente, que es la constructora y ordenadora del mundo de los conceptos. Podemos decir que la mayoría del tiempo no vemos sino a través de las palabras, no vemos ni cosas ni personas, sino que lo que vemos es lo que pensamos de ellas, o dicho de otro modo, vemos lo que nos dicen los conceptos ya archivados en la memoria y que nos hablan de ellas.

Se precisa indicar que cuando aparece la comprensión de nuestra ´naturaleza esencial, ya no se vive dando validez a nuestra “individualidad”. Antes considerábamos como “Sí mismo” al caldo de cultivo de las impresiones mentales que venían de distintas fuentes, memoria, falsos juicios, ideas reiterativas que se presentaban a nuestra pantalla de la conciencia. De pronto, eso dejó de tener sentido, el ego ya no es una identidad fija sino que es un manojo de procesos variables y expuestos a revisión. R.Malak

Las urgencias de la vida cotidiana

12 enero 2015

Fuera del camino tradicional existen diversos modos de acercarse a lo espiritual que son recogidos de manera aleatoria. El principal problema es que generalmente se desarman cuando las urgencias de la vida nos mueven con intensidad y nos quedamos sin poder estabilizarnos.

En la pantalla de la mente, la identidad se está escribiendo, para que apruebes -en forma voluntaria o no- el plan que estás diseñando. En realidad este plan ya lo has aprobado con los deseos, requerimientos, e impulsos que has rechazado o seguido. Está escrito por todas las urgencias que se han filtrado en el almacén de la memoria; ellas te han impulsado a seguir una ruta o tomar un camino. La identidad se cocina a fuego lento en la olla de esa conciencia cotidiana. Ante la pantalla de la mente sobreviene un juego intenso de pensamientos, de ideas e impresiones de los sentidos, que muestran urgencias. Es así que tomas partido cuando estás en una encrucijada. En ese instante, con certeza te digo, el espejismo se acentúa.

El proceso de la identidad queda cocido, o a medio cocer, cuando le das el visto bueno a esa decisión, mientras que la conciencia -que no cambia, la que presencia los movimientos de los pensamientos y acciones- sigue iluminando el caminar.

La comprensión no está condicionada por estructuras que vengan de afuera, de lo cotidiano. Dicho de modo más usual, de los fenómenos. La esencia de Sí mismo es la cualidad de Ser que no depende de nada ni de nadie, provoca paz y contagia de paz a todos los que estén cerca, es una paz que embarga corazón y pecho. R.Malak

No hay luz ajena

“Comprimiré los espacios. ¿A dónde? Sin pies, ni manos, ni premuras, ¿qué hacer?

Ya los días han pasado sin vuelta, no llegaron a dar con su destino, disgregándose en cada segundo, como las aves, las abejas y las flores.

Se tiene que vencer el signo de Marte y plantar allí bellos sonidos. No sirven las lecturas ni revisiones, ya no hay la luz ajena.

Volemos a través de la savia pura, que aparece convertida en gotas de lluvia primaveral, y que calmará la sed de la comprensión en el despliegue”. R.Malak

luz ajena

 

El trasfondo natural es la dicha, es una expresión de la naturaleza esencial, es inherente aunque se haya olvidado. La tendencia de la mente, como expresión funcional de la conciencia, privilegia proteger el cuerpo y su expresión en este espacio-tiempo, lo que contribuye a aumentar la ignorancia de su verdadera naturaleza.

No significa que con la comprensión, los que han dejado caer el velo que les obstruía, dejen de ser entes vivientes comunes que usan la mente. Ellos aún recuerdan, razonan, piensan y aprenden. La diferencia es que ellos no están apegados a sus egos, lo que les provoca la ausencia de ignorancia, de arrogancia y de dudas. No están centrados en sí mismos. Sus mentes que discriminan han sido transformadas en sabiduría, abandonando totalmente sus aflicciones.

Las personas, en su descuido, se identifican con sus cuerpos, su mente y sus emociones. Los sentidos presionan y los sumergen en los espacios diferenciadores. Mas cuando los trascienden, se muestra claramente que lo que soy es pura bienaventuranza, la realidad más plena y la consciencia más completa.

Una pregunta coherente es: ¿Existe una religión o una filosofía que no dependa de la convicción de alguien? ¿Existe un camino devocional, ritualístico o psicológico que ayude a la comprensión? Sabemos que definir implica  limitar los conceptos al ámbito de su expresión. El análisis define las características de la experiencia al describir, y los sentidos físicos crean una división entre objetos materiales e ideales. Ocurre que al observar con los ojos cosas bellas, no se ve la belleza, por la tendencia a delimitar con descripciones.

Lo esencial  no es una condición, ni un espacio temporal, no es descriptible, ese Ser es inherente a todo, es la Consciencia en todos los entes: ya sea delincuente, trabajador, millonario, rey, santo, perro, gato o cualquier alimaña común. En todos ellos lo esencial se muestra como contenido y como continente de expresión de lo Real.

Si reitero la pregunta de otro modo: ¿Puede haber algo que no dependa de los libros sagrados o pseudosagrados?, ¿puede que ellos dependen más bien de la fe de alguien en ellos? No importa qué condición definamos, surge un límite establecido por sus cualidades materiales, – ya sea de peso, de color, de temperatura, de masa, de tiempo, de longitud, de belleza, de temporalidad, de gusto o de disgusto, etc.- que tiene la virtud de determinar un extremo y un inicio, y, por ende, de introducir límites de diferenciación entre lo que ha sido definido, en contra de lo que está fuera de esos límites.

Cuando observo una cosa estoy usando mi razonamiento para describir lo que veo. Podemos decir que la mente le agrega a las cualidades de los sentidos -vista, audición, olfato, sabor y tacto-, las funciones de razonar, recordar y emitir juicios. Sin símbolos y otros objetos de los sentidos, sin todas esas herramientas, se podría decir que la mente discriminatoria no podría funcionar ni poner atributos a algo. El cuerpo  y la mente no darían cuenta de que algo esté frente a sí mismo.

Dicho de modo más simple, la conciencia esencial se expresa desde su estado elevado de pureza no diferenciada, y preferentemente usa la funcionalidad llamada mente. De esa manera, la conciencia crea, y, aun cuando se restrinja totalmente en un modo de ego centralizado, no pierde su verdadera naturaleza, sino que sigue en su pureza, expresándose en la reflexión del tiempo espacio.

Ser no es un estado, no estamos cristalizados siempre como un mismo ser. Somos un proceso que fluye desde y hacia el océano de lo indescriptible. Esta comunicación de la individualidad con la interioridad hace que se entone nuestro cuerpo físico, nuestras emociones y la mente, y es por medio de la reflexión interior que intercambiamos procesos con nuestra naturaleza, expresando que no hay luz ajena. R.Malak

 

Blanco y Negro

“Alejado del tiempo en un cielo silencioso. La gente cotidiana cuida el valle, mientras la mirada de la noche hace que dormiten las flores, enrojeciendo las sonrisas. La soledad mágica y antigua me acompaña en este instante, y los pensamientos, como visitantes, marcan el cielo.

Los ramajes ideológicos, como glaciares, se apartan, porque les he quitado la atención y me he desapegado de la nube de temores. El presente activo es plenitud, que, como canto de la mañana, inunda el corazón”. R.Malak

Blanco y Negro

La mente, como expresión de la conciencia, permanece, aunque sus enfoques pueden manifestarse de distintos modos. Cuando la mente mira a lo fenoménico, entre lo externo, cuyas expresiones pueden ser egoicas y mundanas, toma la forma de los objetos con que se rodea. De igual modo, cuando se vuelve hacia el interior, se funde con la conciencia de donde procede.

Suponer que cruzamos una etapa oscura en la humanidad es un error. Lo armónico y lo destructivo de la sociedad han estado permanentemente a la vista. Por un lado está el cinismo con que se observan las cosas, y por otro lado están los que muestran un gran esfuerzo por comunicar y hacer presente lo constructivo de la humanidad.

Generalmente respondemos al sistema educativo que se nos ha implantado a través de un currículo oculto de acuerdo a la inclinación del gobierno de turno. La cuestión del costo-beneficio marca toda actividad, quedando sumergidos los intentos de gobernantes bien intencionados por cambiar el enfoque y recoger lo constructivo y conveniente para todos.

La avaricia constante de una parte de la sociedad impulsa el consumo, sumergiendo a toda mirada distinta que intente comunicar. Aun así hay miles de miles de jóvenes, y otros no tanto, que estudian e intentan valientemente construir una profesión que les permita, además de ganarse el sustento, cambiar a la sociedad imperante. Muchos consideran que su aspiración de cambio es utópica, pero es una energía que no está equivocada.

Por otro lado, los medios de comunicación se mueven en función del éxito de sus programaciones, y no consiguen mantener los programas llamados educativos o constructivos, sino que dan preferencia a los temas que son de consumo fácil, por las posiciones que destacan las formas de globalización.

La seguridad, la tranquilidad, está dentro de uno mismo, no fuera. Los intentos de buscar afuera solo siembran inseguridad, como una permanente contradicción. Como óptimo, aparece la contemplación de nuestra identidad, de las creencias, apegos, hábitos y costumbres, que identifican cómo fuimos construidos. Esta búsqueda individual delicada de quién soy, no aparece como un aprendizaje, sino como una vivencia personal e íntima.

Me parece conveniente buscar dentro de sí mismos para que los conflictos se identifiquen, y se tenga un claro vislumbre de la vida plena, que la sentirá quien se conozca a sí mismo, y, cumpliendo la promesa antigua, tendrá toda la sabiduría del universo. Aparece como una investigación que despliega lo que eres: aquello que no puedes escuchar o ver, tu esencia, la conciencia.

La búsqueda de la sabiduría muestra que somos la conciencia que ha sido testigo del nacimiento en este intervalo centralizado. Nos hacemos conscientes de esta oscuridad cegadora, o sea, de esta luz que no refleja nada, solo hay luz, inteligencia consciente, que se expresa a sí misma a través de las infinitas manifestaciones o imágenes. La luz de lo esencial es un fuego que todo lo consume. Esta luz da inicio a todas las expresiones, haciendo desaparecer las sombras, destruyendo las distorsiones, sin principio ni final. R.Malak

17 de Marzo 2014 – Receptáculo y contenido.

No dualidad. Manifestación de la conciencia

Sí mismo como conciencia pura es tanto el contenido como el contenedor

 

El mundo objetivo no es la naturaleza real, la conciencia centralizada solo ilumina lo que percibe, no puede decirse que sea algo existente ya que son apariencias fenoménicas de la infinita conciencia. Algunos curanderos, mediante esfuerzos y sacrificios inmensos, adquieren algunos poderes que podrían ser llamados milagrosos y quizás podrían hacer mucho bien en cuanto a ayudar a las gentes y a inspirar fe, sin embargo esto no los convierte en perfectos, esta vía no es a la realidad sino un enriquecimiento de lo falso, de lo equivocado y conduce a la confusión.

La conciencia infinita no se termina, la construcción de lo objetivo tampoco termina, solo es inestable, no permanece y es la fuente del sufrimiento que aparece cuando la realidad de la conciencia no se comprende. La confusión se presenta al mostrar la conciencia dos aspectos en forma permanente: creación y destrucción, hay que entender esta cuestión y allí sobreviene la comprensión.

Todos los esfuerzos conducen a más esfuerzo; todo lo que se construye debe ser mantenido, todo lo que se consigue debe ser protegido contra la pérdida. El conocimiento no es suficiente; el conocedor debe ser conocido, cuando no se conoce de sí mismo no puede haber integridad.

Sí mismo como conciencia pura es tanto el contenido como el contenedor, la montaña como el valle, el ropaje como el modelo, el árbol y la hierba, la pradera, el bosque, lo animado y lo inanimado, es todo, absolutamente todo. Sí mismo es lo que es y lo que no es, es existencia y destrucción. Nada hay que no sea conciencia.

La búsqueda del reconocimiento al valor y la verdad de los descubrimientos, puede desembocar en una batalla en contra de la intolerancia científica e ideológica. En más de una oportunidad el que la promovía se exponía a ser llevado a la hoguera. Científicamente no hay una norma de conducta que tenga validez absoluta. La justicia absoluta configura una perfección suprema y no es cercana a lo humano. La diversidad de intereses humanos tarde o temprano provoca conflictos de intereses, para lo cual se plantean dos soluciones posibles: satisfacer a uno a costa del otro, o el equilibrio entre ambos. Si se entiende el valor supremo por la paz social, el equilibrio podría ser la solución justa.

Por otro lado hay doctrinas que mencionan que los méritos y deméritos son iguales, como moneda de cambio, si los méritos sobrepasan a los deméritos, las personas irían al cielo y después renacen aquí. Y si sucede lo contrario, van al infierno o un destino similar para después renacer aquí. Así, hay muchas doctrinas confusas o intencionadamente enredadas para entender lo que es simple y natural. Si tengo la sensación de estar haciendo debo experimentar el resultado de mis actos, bien sean buenos o malos, constructivos o destructivos. A mi entender uno no puede borrar un acto con otro, cuando el sentimiento de estar haciendo las cosas se pierde ya no existe la necesidad del mérito o del demérito. Para el que se mueve desde sí mismo el Karma, el destino, o como quiera que se llame, pierde totalmente el sentido.

La armonía externa viene de la armonía interna. Si la mente está clarificada la iluminación viene de su interior, automáticamente su expresión ocurrirá en la vida cotidiana como compasión y paz. Primero viene la comprensión interna; luego viene la manifestación de esa comprensión interna en la vida externa.

La creación y la destrucción sólo son dos aspectos de la manifestación de la conciencia que es al mismo tiempo el provocador y el receptor de todo lo que ocurre en cualquier momento. Por tanto, nadie hace ni experimenta nada pues desde si mismo eres el único receptáculo y contenido de lo que bebes en cada instante. R.Malak

¿Cómo encontrar paz permanente?

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¿Cómo encontrar paz permanente, cómo saber cuál es la verdad de la vida y encontrar algún sentido real?

Cuando un bebé nace, parece que estallara de pronto la vida. Sabemos que en el vientre de la mamá la vida ya estaba allí, también sabemos que desde que esa vida es un pequeño feto está percibiendo la armonía o desarmonía de la madre. Pero al nacer, esta vida empieza a tomar conciencia del mundo. En ese momento los sentidos y el sistema nervioso empiezan a percibir y enviar señales de las que esta vida toma conciencia. La Vida está usando un nuevo instrumento de expresión: ese pequeño cuerpecito.

Sabemos que a través de los 5 sentidos todos recibimos impresiones del mundo físico que nos rodea.

También sabemos que tenemos pensamientos. Que los pensamientos que tenemos ahora no son los mismos que teníamos hace unos años, o ayer, o hace unas horas.

Si prestamos atención, podemos revisar recuerdos, ir hacia atrás en estos recueros, rebuscar el momento en que nacimos.

¿Será que podemos recordar eso?

Todos tenemos la certeza de que hay algo de nosotros que no está limitado por el mundo físico de tres dimensiones que percibimos. Somos conscientes de una cantidad de percepciones que no pertenecen al mundo físico, como recuerdos, sentimientos, emociones, temores o esperanzas.

Todos tenemos la certeza de ser. Todos decimos yo soy, sabemos yo soy, sentimos yo soy.

Si nos remontamos al momento del nacimiento, allí no estaba la idea de que yo soy, pero sin duda, en ese momento yo era ya… y lo era desde antes de nacer… y lo era desde…… ¿desde cuándo?

Cada vez que trato de definir algo que está fuera de los límites mentales, simplemente me encuentro en el campo de la especulación. Cuando pretendo imaginar mis comienzos estoy en el campo de la imaginación. Nada de eso me da certeza.

Si queremos saber ciertamente lo que verdaderamente somos, más allá de los límites que imponen tanto el cuerpo como las ideas, nos damos cuenta de que para cualquier certeza, sólo tenemos el presente, el ahora. De lo único que podemos tener absoluta certeza es de Ser Ahora. Y que hay conciencia de eso.

En cambio cada vez que queremos definir lo que somos, aparecen las ideas de nuestra identidad, y esta se encuentra directamente ligada a todo aquello que nos limita. Por eso siempre estaremos en la contradicción si queremos saber lo que somos esencialmente, más allá de las limitaciones. Lo que somos no es definible, ni descriptible. En esencia, somos conciencia.

Como conciencia, nos asomamos al mundo a través de tres ventanas que nos provee el instrumento cuerpo. La ventana de la percepción sensorial: nos permite experimentar el mundo de manera física y orgánica. La ventana de la mente: nos permite funciones de conciencia que ordenan nuestras experiencias. La ventana de las emociones: nos permite apreciar un sabor especial con cada experiencia.

Si conocemos estas ventanas, podemos conocer lo que aparentemente nos limita.

No hay tal limitación, porque lo que somos es Conciencia que se asoma a través de esas ventanas o filtros, pero ocurre que nos apegamos a estos filtros, los tomamos como absolutamente verdaderos y dejamos que lo que podemos ver a través de esas ventanas nos haga creer que todo lo que hay es eso.

Es importante conocer estas ventanas: el cuerpo, la mente, las emociones. Y notar cómo vivenciamos nuestro Ser en función de ellas.

Al mismo tiempo que conocemos estas ventanas, es preciso notar desde dónde nos estamos asomando a ellas.

Pondré un ejemplo. Imaginemos que estamos en una casa vacía que tiene ventanas. El universo rodea a esta casa, pero solo podemos apreciar espacios limitados del universo dependiendo de cada ventana por la que nos asomamos. Reconozcamos que estamos viendo desde este espacio vacío. Ahora imaginemos que le sacamos las paredes a la casa. Estamos en el mismo sitio, el universo está en el mismo sitio, pero ya no hay separación entre el interior y el exterior. El espacio desde donde miramos está liberado de las estructuras. Siempre fue el mismo espacio.

Hablando de estructuras, y de conocer las tres ventanas, es preciso entonces notar cómo se van armando las estructuras que limitan nuestra percepción. Las estructuras del aprendizaje, de lo que hemos tomado como real y verdadero. Lo que hemos recibido por medio de la interacción con los padres, la sociedad, la cultura y el medio ambiente. Lo que vamos aceptando y recogiendo como cierto: ideologías, deber ser, deber hacer; lo que es bueno y lo que es malo; lo que conviene y lo que no.

Muchas de estas estructuras son netamente funcionales. Por ejemplo, no es necesario experimentar dos veces que el fuego quema. Lo que es funcional no estorba.

Otras estructuras son ideas sociológicas: pertenecemos a un grupo social, un grupo familiar, con ciertos esquemas acerca de cómo apreciar la vida.

Y otras son psicológicas: son las memorias que vamos guardando acerca de cómo experimentamos cada situación. Esto se sostiene en un sentido psicológico de ser, en el sentido de ser yo, la persona que se ha ido formando desde que nació el bebé hasta ahora, cargando con todas las impresiones genéticas, sociales, familiares, etc.

Este sentido de ser yo me define como identidad, como alguien. Y también define lo que me gusta y lo que no.

Cuando vamos por la vida atesorando lo que me gusta y descartando lo que no me gusta, sufrimos, porque la vida no nos pregunta lo que queremos, sino que se presenta como se presenta.

Aprender a conocer las tres ventanas y el instrumento de expresión es fundamental; conocer cómo todas estas cargas de gustos, aversiones, esquemas, ideologías, modos de ser, ideas de cómo debe de ser la vida, los comportamientos asumidos, nos van convirtiendo en personas acartonadas. Nos hemos rigidizado, unas personas más seguras de sí mismas, con un ego fuerte y sano, otras con un ego más débil. Pero en ambos casos, son cartones, máscaras que limitan nuestro modo de percibir y comprender.

Reconocer el espacio desde donde estamos mirando la vida es fundamental, y hay varios modos de hacerlo, por medio de la auto-indagación, la meditación, el yoga, las artes marciales y diversas terapias o ejercicios. Hay muchos modos de aprender a reconocer este espacio desde donde somos, que es permanente, real, que no es definible ni descriptible; es pleno de sí mismo. El problema se presenta cuando en la búsqueda esperamos reconocer algo distinto de uno mismo, olvidando que lo que somos no es un objeto, sino la fuente de toda percepción, conocimiento y vivencia.

Vivir en el ahora, reconocer el espacio consciente, apreciar la presencia, aceptación de todo cuanto acontece, atestiguar, todo esto son señales que los apuntadores ofrecen. Estas señales implican primero reconocer que somos conscientes, y segundo reconocer que esta conciencia no ocurre dentro del cuerpo. Ser consciente de ser, ser el ser, son más señales. Aquí no hay un yo, aquí no hay nadie, son también señales. Repetir esto no soluciona el conflicto. Y, ¿cuál es el conflicto? Que se sufre y a la vez se anhela paz. Que estamos viviendo como metidos dentro de una constante contradicción, en una pelea, una guerra que se desarrolla como un constante chateo mental.

La paz no se encuentra, la paz es lo que se siente cuando se observa todo el ruido mental sin darle más crédito. Observarlo como quien mira llover. La paz es la quietud, el espacio vacío desde donde miramos. Y lo que miramos son todos los contenidos con que usualmente queremos llenar este espacio para definirlo. La paz es la cualidad del espacio consciente infinito, esencial, el continente de conciencia; el espacio vacío de la casa que no es diferente del espacio vacío que rodea la casa. Es conciencia, es saber, es percibir, es darse cuenta. Eso es paz.

Este espacio de conciencia pleno, infinito, esencial, que soy antes de identificarme, se mueve como lo hace el aire formando remolinos, vientos y hasta huracanes. Este movimiento remueve los contenidos conscientes, entonces estos se van organizando gracias a una función de conciencia llamada mente-identidad, la función organizadora de la conciencia. Esta formación de identidad, del “yo soy” que se adhiere a los contenidos conscientes formando el “yo soy esto”, conlleva apego. Sin apego es difícil construir identidad. El apego comienza a desarrollarse al confundir la función de supervivencia biológica con la supervivencia psicológica. Confundir, palabra clave.

La confusión del sentido de ser con el sentido de identidad es la raíz del sufrimiento. Por eso, salir del sufrimiento implica justo lo contrario: comprensión.

Esta confusión del sentido de ser con el sentido de identidad acontece como un funcionamiento hipnótico, porque el aliado de esta situación es el apego. Por eso, para revertir este asunto se precisa ir en sentido contrario, cuidadosamente, porque el apego es un furioso protector de la identidad. Es como una enfermedad. El apego, que también significa interés o atracción hacia algo, debe quedar enganchado, interesado en conocer la realidad, tiene que haber una gustosa disposición a conocer la verdad. Por eso el apuntador tiene que ser cuidadoso, conociendo cómo funciona esto. Se precisa entonces, primero entender todo el mecanismo, para después proceder a asimilarlo profundamente, aceptarlo. Es ahí cuando podemos dirigir la atención hacia su origen, descubrir el espacio consciente que alberga todo el funcionamiento de la mente-identidad. Este espacio de tranquilidad, que, aunque quede vacío de contenidos conscientes, no deja de ser.

De este modo, que haya o no haya ventanas a través de las que mirar no tiene ya más importancia. Se vive lo que se tiene que vivir, sabiendo que nada de lo que acontece, ni me define ni me agrede. Se pierde el miedo. Las dudas ya no importan porque se reconocen como parte normal del funcionamiento de la mente que siempre estará haciendo proposiciones de exploración. Ya se conocen las tres ventanas: mente, cuerpo, emoción. Ya se sabe que estas no me limitan, que la paz y plenitud de ser no depende de la experiencia que se tenga. En la eterna permanencia de Ser se mueve la conciencia con todos sus contenidos, del mismo modo que sobre el papel se imprimen las letras y las notas que arman una canción. La vida que vive el personaje es un espectáculo pasajero, en cambio la vida que mueve al personaje es la eternidad misma. Es mi verdadera naturaleza permanente.