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Quietud – 24 de Junio 2016

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En el Baghavad Gita Krishna dice a Arjuna: “…Nunca hay nacimiento ni muerte para el alma. Ni habiendo sido una vez, deja de ser jamás. Es innaciente, eterna, siempre existente, inmortal y primordial. No se le mata cuando se mata al cuerpo”. (Bg. 2.12.20).

El Ser es el Atma, lo Real evidente por sí mismo. Si pudiera hacer una analogía, diría que funciona como un prisma. El funcionamiento del prisma con respecto a la diversificación de la luz que se expresa en colores, es análogo al rol del punto en la diferenciación de la conciencia que se expresa en diversos estados mentales. La conciencia, al pasar a través del punto, se proyecta como el mundo manifestado, se diferencia; entonces aparece el campo de la conciencia en el mundo cotidiano, provocando la ilusión.

El deseo generado por los pensamientos oculta la verdadera naturaleza del Ser, que es pleno, inmortal y eterno. Las estructuras mentales son resultado de la manifestación, y, como complejos psíquicos, funcionan de manera conectada formando un todo. Al volver a la fuente de los pensamientos se provoca que los pensamientos desaparezcan y sólo permanezca Sí mismo. Darse cuenta de que la conciencia es el trasfondo de toda actividad mental y percepción sensorial, provoca el impulso de ser consciente de la propia naturaleza, y con ello surge la quietud de la conciencia esencial.

Muchas veces se menciona la quietud interna, y es bueno dejar presente que no hay ningún dentro ni fuera para Sí mismo. Hablar de adentro o de afuera es relativo al ego proyectándose, ya que Sí mismo es puro y absoluto, sin localización. Pongamos como ejemplo los ruidos molestos, que, en relación al cuerpo, serían un factor externo. Ellos pueden ser tan útiles como el silencio en cuanto a vivenciar la quietud. Al abandonar el rechazo al ruido y aceptar que es una percepción más como cualquier otra, esa aceptación trae consigo la paz inherente al trasfondo silencioso de Sí mismo, desde donde emana realmente la observación. R.Malak