Archivo de la categoría: Si Mismo

Sucede en mí

camino al infinito

Tú crees que comenzaste a andar en este mundo y que llegarás al final del recorrido llamado muerte. Crees que apareciste en el mundo.

Veo que el mundo ha aparecido en mí, aparece un sentido de estar dentro del mundo, y este sentido o sensación o idea también aparece en mí.

Soy infinito mar de Conciencia indiferenciada, plena de contenidos y posibilidades. En mi omni –potencia, entre otras cosas, puedo experimentarme de modo diferenciado, y a su vez experimentar cualquier posibilidad.

Todas estas posibilidades son infinitas, pero para poder manifestarme y experimentarme recojo cierto grupo de ellas, que son como semillas. Estas semillas son, por ejemplo, el país, la cultura, el momento, la familia, la genética, etc., que se reunieron al momento del surgimiento de mi expresión.

En mí, Conciencia Pura, ocurre el movimiento, y este movimiento forma funcionalidades conscientes, que, para facilitar el entendimiento, dividiré en tres: el cuerpo, la mente y las emociones. Tres modos de percepción que permiten diferenciarme, dándome identidad y separándome del mundo donde voy a experimentar.

El cuerpo filtra la percepción a través de los sentidos, permitiendo experimentar el espacio. La mente concibe y forma conceptos, pasando de la abstracción a lo concreto, formando el tiempo y la causalidad. Las emociones permiten la pulsión de vida que relaciona las percepciones sensoriales con las interpretaciones mentales.

Desde mí, presencia eterna de pura conciencia, soy consciente de ser, consciente de las sensaciones, pensamientos y emociones, y ocurre algo increíble: me identifico con el cuerpo, me defino con las ideas y me olvido de mi verdadera naturaleza. Paso de la plenitud al sufrimiento, a la carencia y limitación, y observo este acontecer que se manifiesta en mí, como si hubiera que lograr en algún momento imaginado, la felicidad. Sucede el ego.

Maria Luisa

Sí Mismo – 28 de Julio 2016

28 julio

¿Por dónde empezar? Al principio, quien se asoma a esta enseñanza no sabe por dónde empezar ni qué dirección tomar, lo único que se le puede decir es que cada uno es esencialmente Sí mismo aunque nunca lo haya conocido. Lo es aunque permanezca ya sea hablando, silencioso, activo, sereno, andando, de pie, sentado o durmiendo. Sí mismo que eres esta allí en plenitud.

Esto se contrasta con la sociedad, que estimula al individuo hacia los diversos estilos de vida, sin indicar claramente un sentido óptimo; además el que aparezca el yo como una construcción mental, producto de la racionalidad y lo conceptual, es aceptado e impulsado por el sistema socio cultural.

Por lo general, en los momentos actuales se provoca un pensamiento disfuncional que apunta al predominio del egoísmo y a la saturación del yo en la búsqueda del disfrute inmediato. Y por otro lado está la contradicción generada por hechos como el hacinamiento, los lugares de trabajo inhóspitos, las salas de espera para pagar cuentas o solicitar un documento, las miradas del resto de las personas a través de su estructura de pensamiento, que son, todas ellas, situaciones productoras de emociones negativas.

Menciono que asomarse a Sí mismo es vivir realmente, el conocimiento de ser Yo es lo que se plantea como lo más auténtico y estable, sin ello nada es posible. Si estamos permanentemente vueltos hacia afuera, hacia la naturaleza de las cosas, o en la búsqueda de la cosmología del universo, o detrás de la búsqueda de los posibles estados de Ser, estaremos siempre en la sensación de desvinculación con nuestra verdadera esencia.

Lo que señalo trata más bien de recuperar la comprensión de la identidad verdadera de uno, esa realidad que ha sido velada por la ignorancia por haber estado permanentemente vueltos hacia el cuerpo. No es que el cuerpo nos obligue a hacernos conscientes de su existencia, sino que somos nosotros mismos los que nos ponemos esa estructura sobre nuestro Sí Mismo. Reconocer nuestra realidad nos sacará de la infelicidad, de ese estar en permanente disgusto y considerar todas las tareas como odiosas, sin requerir terapias correctivas o atenciones clínicas. R.Malak.

“Conciencia” y “Conciencia de”… una paradoja?

La realidad se escurre a todos los intentos de darse cuenta con intención. Y es que toda intención lleva por detrás un deseo de logro, por tanto es un proceso funcionando, lo que llamamos MENTE.
Se precisa comprender las bases primero: Lo esencial, como ser-conciencia, se manifiesta como “ser consciente de“. No hay dos: lo Esencial y alguien consciente… lo que hay es “Conciencia” y “Conciencia de“, es decir, Conciencia que es y Conciencia como es. El “como”, son los modos de tomar “conciencia de”. Es el mismo Ser, la misma Conciencia, lo que se da cuenta siempre y ES siempre.

Ser Conciencia como Si Mismo… de Si emana el potencial de ser consciente, se manifiesta, se presentan contenidos emanados de si mismo en la pantalla de conciencia.

Nunca ha habido entidades dándose cuenta… lo que hay es darse cuenta de movimientos que se presentan como si fueran una entidad. De ahí la identificación que sucede. Por tanto, Maria Luisa (nombre puesto a mi expresión tempo-espacial) no se da cuenta como entidad, sino como Conciencia. Por eso no hay un asunto tal como que Maria Luisa se rinde o Maria Luisa se entrega o Maria Luisa reconoce, etc. Lo que hay son modos de ser consciente: duda, cuestionamiento, comprensión, entrega, reconocimiento, etc.

Por tanto, visto racionalmente, todo esto parece una paradoja. Visto directamente sin filtros, es cristalino y claro.

Maria Luisa

NIRVANA

Nirvana

Cuando tenía 2 o 3 años de edad me pusieron una cerilla encendida en los dedos: tú eres Maria Luisa, la del espejo. Desde entonces sostener esa cerilla fue algo muy doloroso, pero no sabía que el dolor se debía a ello.

En la adolescencia comencé a preguntarme por qué tenía que cargar con un dolor profundo e incomprensible, cuando muy íntimamente sabía (intuía) el derecho a la plenitud. Entonces, comenzó una larga búsqueda en un proceso muy insatisfactorio de muchos esfuerzos.

Cuando a los 40 entendí ciertas indicaciones que me sonaban ciertas, y que finalmente habían llegado a mi, (o yo las había encontrado), simplemente comprendí que ya no había nada más que hacer, sino tal vez, esperar. O sea, me entregué. Seguí mi vida, pero ya con cierto alivio porque no había mucho más que “hacer” para sentir mi plenitud. La cerilla de la identidad seguía siendo sostenida.

De pronto un día, esta cerilla amaneció consumida, apagada. Así, por si misma y sin ningún esfuerzo o voluntad por parte “mía”. Se había terminado la ignorancia (de lo que Soy), por lo que la plenitud se mostró claramente, luminosamente, abierta, espontánea, viva.  Se reveló con el sabor de la eternidad, y me mostró con gracia, casi chistosamente, que lo que había buscado siempre había estado ahí: la realidad de ser.

Esto no parecía encuadrar con nada de lo que había leído, escuchado o aprendido, porque en el proceso de revisar las teorías, paralelamente había construido un ideal de ser, de realidad, una expectativa de cómo debía ser la iluminación, la realización de ser. Y ninguna expectativa, ninguna receta o mapa es jamás el territorio o el sabor de una comida. Por eso a esto no le puse nombre.

El origen de todas las ideas y de la identidad, siendo anterior a las palabras, no tiene nombre que se le acomode satisfactoriamente. Sorprende, desde ahí, cómo el despliegue de todo arma un mundo de hechos, percepciones de estos hechos, sensaciones respecto a ellos e interpretaciones tanto de los hechos como de las sensaciones. Presencio todo ello en silencio, desde ahí, desde lo que ilumina todos esos contenidos conscientes.

La conciencia es donde se sostienen los pensamientos, y estos no tienen existencia sino en ella. Verificar que observamos los pensamientos hace que seamos conscientes de nuestra independencia de ellos. En el sentido de que ellos aparecen o desaparecen, pero eso que los presencia se mantiene. Lo que es consciente de los pensamientos es pura conciencia, no es una entidad. Parece que fuera yo, la persona que es consciente, pero esta apariencia, por muy fuerte que sea, es justo la ilusión, el engaño, lo que confunde. El yo se ha construido por medio del primer pensamiento: yo soy Maria Luisa, la del espejo… la imagen de si misma.

Pensar en mí es sostener la imagen de mí. Es armar una ilusión, un espejismo proyectado de la presenciación que sostiene la imagen. Es el primer sentido de separación, de ruptura… es lo que produce que la centralización de la conciencia se congele y el dolor existencial se presente, como una aparente ausencia de plenitud. Ir al origen del pensamiento “yo” significa verificar que desde donde se observa este pensamiento no es un lugar, no está ubicado, ni en el cuerpo, ni en el espacio, y que cualquier nombre que se le de a ello que soy, viene a ser solo un concepto también observado y sostenido. Ir al origen es ser lo que soy, actualizarlo a cada instante, hasta que eso sea tan natural que se demuestre que todo esfuerzo es justamente contradictorio. Porque esfuerzo implica lucha, y esta implica separación entre yo y aquello con lo que lucho. Y toda separación implica dualidad, contradictoria a la realidad no dual. No dual es ser, ser conciencia en plenitud.

Eres ese Solo

En el paseo... Se expone el titiritero

A modo muy general digamos que hay dos maneras, una es pensando y otra es sin pensar. Y la lata, el rollo ahora es que para explicar esto me tengo que poner a pensar. Ordenar ideas para poder transmitir desde la mente hasta la mente, a través de la mente. Si estás mirando desde una comprensión total, sabrás a qué me refiero, y en realidad no tendría mucho sentido seguir mis razonamientos con alguna finalidad. Pero si estás leyendo esto con dudas, inquisitivamente, entonces trata de seguirme el rastro.

La mente es pensamientos: conceptos, nombres, símbolos, imágenes… las relaciones entre ellos  y los procesos por medio de los cuales estas relaciones se ordenan. Tú observas estas ideas, imágenes y procesos. Tú eres el observador de ellos. Entre tú y ellos ocurre algo muy interesante: el apego y la aceptación o rechazo de los pensamientos. Esto es, el vínculo establecido entre el observador y lo observado por medio de la atención. Si por un momento este vínculo se interrumpe, ya no eres el observador y te das cuenta de que nunca lo has sido… la observación (conciencia) siempre está ocurriendo por si misma. Cuando este darse cuenta ocurre se demuestra por si solo que lo que está más allá de la mente siempre ha estado más allá de la mente, es decir, la mente está sostenida en la conciencia. El individuo que estaba luchando por ir más allá de la mente se descubre como un pensamiento más, es simplemente una idea sobre si mismo.

El modo de mirar sin pensamientos no admite un pensador, porque el pensador es una idea más, es un pensamiento que sigue ahí. Mirar sin pensamientos se revela como una gracia. Esto ocurre más frecuentemente de lo que se sabe, de lo que registramos.

Así, que mirar sin ignorancia, sin el estorbo de la identificación, sin miedo o duda, es algo que sucede por si mismo, como una gracia. Darse cuenta de ello también sucede como una gracia. No hay ningún esfuerzo mental que se pueda hacer para ello, mas que mantenerse entonado, es decir, tomando nota de la mente y sus movimientos. Es por esto que se prescriben métodos tales como la meditación, presenciación, observación sin juicio, mindfulness y qué se yo cuántas técnicas. Es para ir notando la mente, permitiendo que lo que es real se muestre por si mismo. Hay algunas señales acerca de esto, cuando decimos que real es aquello que no cambia. Esto indica que real es la conciencia donde la mente se sostiene, las percepciones se sostienen y todos los procesos conscientes acontecen. Al ir notando esto, cuando graciosamente se muestran los instantes – que pueden parecer infinitesimales – en que el pensar no está presente, estos momentos, por muy cortos que parezcan, se van reconociendo como el trasfondo real y permanente sobre el cual la conciencia de las cosas, de las ideas, de todo, se despliega.

Sabiendo esto, habiéndolo notado, cabe entonces la indagación: ¿quién soy yo? Si cuando no hay pensar no hay ningún yo, entonces, ¿cómo es que lo se? Esta es la investigación… Y sabrás que tú eres eso que no es un yo. Eres lo que es… anterior a la mente, el tiempo, el espacio. Eres ese Solo… que sostiene toda existencia, desde siempre y para siempre.

Maria Luisa