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Verdad – 23 de Julio 2016

23 julio

Cuando observes tu interior lo comprenderás, es lo esencial, no se trata de dar una explicación verbal. Cuanto más lenguajees, más te alejarás de la senda. La práctica con éxito provoca la introspección y no necesitas preguntárselo a nadie. La imaginación y los pensamientos cargados de emoción se disuelven de modo natural, es señal de estar en el camino.

Una vez comprendes el sentido del yo auténtico, es cuando trasciendes la identidad, ya no se realizan las simples evaluaciones que normalmente hacíamos antes, la mente confusa deja de estar presente y nos reconocemos en Sí mismo. Al hacer las cosas normales de mi trabajo en la labor diaria se supone que estoy inmerso en el quehacer, sin embargo estoy en la observación sin juicio, en mí mismo, y a la vez no ausente del cuerpo ni de la mente. La respuesta natural responde al mundo espontáneamente, sin juzgar.

Después de un tiempo en esta práctica, la energía mental y física se aúnan en expresión de Ser, como si la tierra, los cerros, ríos y afluentes se convirtieran en una expresión de energía. Y llegará un día en que, a través de algún casual acontecimiento, la comprensión será autoevidente, entonces las montañas, los ríos y toda la tierra se convertirán en un único y vasto tesoro de luz comprensible.
En la observación sin juicio, el “yo” equivocado y errado, dirigido hacia afuera, se comprende, produciendo una fortaleza de mayor claridad en uno.

La realización no es un conocimiento absoluto de lo Divino, ni la idea de que la conciencia humana pueda abarcar lo indescriptible en forma tal que llegue a incluir y conocer todas las cosas y ser así lo real mismo. No se puede volver a ser lo que ya se Es. Es la certeza que no requiere un tributo externo a ninguna religión, dogma, credo o filosofía. Mil falsedades no pueden compararse con la verdad. R.Malak

Permanencia y Verdad – 18 de Junio 2016

18 junio

Si digo que soy testigo estoy en la mente. Pero no soy la mente, miro a través de ella, la utilizo, atestiguo la comprensión. No importa si estoy dormido o estoy despierto, las cosas están ahí, el mundo está ahí, y presencio el mundo y todo lo que ocurre, sin ser del mundo.

Generalmente las personas pretenden un acercamiento a la verdad recurriendo al intelecto, a los sentidos o a la emoción, por tanto, si es así, están interpretando la verdad. De esa manera la verdad se percibe como una realidad interpretada (mi realidad, tu realidad, la realidad de ellos, etc.), pero no es la verdad misma.

Se espera que nada cambie en un mundo donde todo es cambiante, y eso construye sufrimiento. Nada es para siempre en este mundo; todo lo que pertenece a este mundo es provisorio. La naturaleza de las cosas es impermanente en lo fenoménico. En cambio, lo esencial es todo permanente, todo Verdad.

Para intentar acceder a la verdad usamos nuestra interpretación y filtramos las vibraciones de percepción, siendo sólo capaces de aceptar la realidad que nos permite nuestra estructura.

El funcionamiento de nuestra mente nos permite, por medio de nuestro pasado (memoria), traducir esta verdad a una realidad que nos sea inteligible. Cuando el Ser se vuelve a la parte (al ego), establece métodos de comportamiento, establece sistemas, establece normas, de ese modo queda atrapado en la fragmentación y se mueve en el espacio-tiempo, abandona lo atemporal para dar paso a la división.

El instructor o apuntador sugiere una serie de modos tendientes a evidenciar la verdad, lo que da un sentido de comprensión. El no usa la lógica que generalmente usamos, sino que usa distintos modos de romper la estructura y liberarnos de los moldes de pensamiento. Así aparece la comprensión y la claridad, dejando que las funciones mentales se destinen exclusivamente a lo operativo y funcional, y lo trascendente se revela bajo la luz de la inteligencia de la conciencia esencial.

Lo que expone el maestro instructor no se relaciona con el saber de las cosas prácticas de la vida, ni con el conocimiento de las cosas del mundo fenoménico, sino que trata de lo profundo del conocimiento espiritual que resuelve los enigmas de la existencia. R.Malak

La búsqueda de la verdad

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Buscar la verdad tiene sentido cuando todo lo conocido parece haberlo perdido.

Cuando el proceso mental se ha dedicado a esta búsqueda, termina reconociendo que el proceso mismo es un auxiliar de la conciencia en su caudal de manifestarse, una y otra vez, desplegando toda su potencialidad. La mente, que se había considerado un “algo”, es develada como una ilusión. No hay tal mente, lo que hay son procesos conscientes. La búsqueda de la verdad se acaba cuando se reconoce que todo aquello que no es verdad, simplemente no existe sino como interpretación, como algo que no permanece sino en el pensamiento, y siendo que el pensamiento es inestable y pasajero, como “aves que vuelan en el cielo de la conciencia”, no puede ser considerado auténtico ni verdadero, solo relativo. Se descubre el poder de la atención que sostiene las ideas, que es libre, en si mismo, por ser pura luminosidad consciente, y que el apego no es sino ideas sostenidas por ella, la atención luminosa del Ser.

NIRVANA

Nirvana

Cuando tenía 2 o 3 años de edad me pusieron una cerilla encendida en los dedos: tú eres Maria Luisa, la del espejo. Desde entonces sostener esa cerilla fue algo muy doloroso, pero no sabía que el dolor se debía a ello.

En la adolescencia comencé a preguntarme por qué tenía que cargar con un dolor profundo e incomprensible, cuando muy íntimamente sabía (intuía) el derecho a la plenitud. Entonces, comenzó una larga búsqueda en un proceso muy insatisfactorio de muchos esfuerzos.

Cuando a los 40 entendí ciertas indicaciones que me sonaban ciertas, y que finalmente habían llegado a mi, (o yo las había encontrado), simplemente comprendí que ya no había nada más que hacer, sino tal vez, esperar. O sea, me entregué. Seguí mi vida, pero ya con cierto alivio porque no había mucho más que “hacer” para sentir mi plenitud. La cerilla de la identidad seguía siendo sostenida.

De pronto un día, esta cerilla amaneció consumida, apagada. Así, por si misma y sin ningún esfuerzo o voluntad por parte “mía”. Se había terminado la ignorancia (de lo que Soy), por lo que la plenitud se mostró claramente, luminosamente, abierta, espontánea, viva.  Se reveló con el sabor de la eternidad, y me mostró con gracia, casi chistosamente, que lo que había buscado siempre había estado ahí: la realidad de ser.

Esto no parecía encuadrar con nada de lo que había leído, escuchado o aprendido, porque en el proceso de revisar las teorías, paralelamente había construido un ideal de ser, de realidad, una expectativa de cómo debía ser la iluminación, la realización de ser. Y ninguna expectativa, ninguna receta o mapa es jamás el territorio o el sabor de una comida. Por eso a esto no le puse nombre.

El origen de todas las ideas y de la identidad, siendo anterior a las palabras, no tiene nombre que se le acomode satisfactoriamente. Sorprende, desde ahí, cómo el despliegue de todo arma un mundo de hechos, percepciones de estos hechos, sensaciones respecto a ellos e interpretaciones tanto de los hechos como de las sensaciones. Presencio todo ello en silencio, desde ahí, desde lo que ilumina todos esos contenidos conscientes.

La conciencia es donde se sostienen los pensamientos, y estos no tienen existencia sino en ella. Verificar que observamos los pensamientos hace que seamos conscientes de nuestra independencia de ellos. En el sentido de que ellos aparecen o desaparecen, pero eso que los presencia se mantiene. Lo que es consciente de los pensamientos es pura conciencia, no es una entidad. Parece que fuera yo, la persona que es consciente, pero esta apariencia, por muy fuerte que sea, es justo la ilusión, el engaño, lo que confunde. El yo se ha construido por medio del primer pensamiento: yo soy Maria Luisa, la del espejo… la imagen de si misma.

Pensar en mí es sostener la imagen de mí. Es armar una ilusión, un espejismo proyectado de la presenciación que sostiene la imagen. Es el primer sentido de separación, de ruptura… es lo que produce que la centralización de la conciencia se congele y el dolor existencial se presente, como una aparente ausencia de plenitud. Ir al origen del pensamiento “yo” significa verificar que desde donde se observa este pensamiento no es un lugar, no está ubicado, ni en el cuerpo, ni en el espacio, y que cualquier nombre que se le de a ello que soy, viene a ser solo un concepto también observado y sostenido. Ir al origen es ser lo que soy, actualizarlo a cada instante, hasta que eso sea tan natural que se demuestre que todo esfuerzo es justamente contradictorio. Porque esfuerzo implica lucha, y esta implica separación entre yo y aquello con lo que lucho. Y toda separación implica dualidad, contradictoria a la realidad no dual. No dual es ser, ser conciencia en plenitud.

Reflexionando acerca del fluir…

En lo absoluto, el principio de “No Ser” es Ser, y Ser es Conciencia en plenitud. En cambio, lo existente muestra que todo sufrimiento nace del deseo. Aunque con luz propia intentemos comprimir los espacios, pretendiendo hacer coherente lo racional y lo lógico, los cuestionamientos están allí. Viene el espejismo de la mente y nos atrapa con ese mar de pensamientos.
La plenitud aparece con una manifestación de amor que no frustra el deseo de expresión, porque no tiene un lugar asignado en el cuerpo físico. La razón de ello es que el cuerpo es una proyección de la conciencia y la mente es su función reflejada.
¿Qué pasa con los deseos y los apegos? Bueno, ellos son una parte del mundo que se vive, lo mismo que los árboles están ahí, igual que las nubes están ahí, ellos son como son, y uno es como es y punto.
Se asoma, como enseñanza recomendada, “romper el hábito de pensar demasiado”. Se dice que estamos atrapados en la adicción “a pensar” y se muestra a los pensamientos como un pegoste difícil de desprender. Ellos están diseñados para que la identidad busque “un futuro mejor”, mostrando, a veces sutilmente y otras con fuerza, rechazo a cómo me presento o cómo me muestro como identidad. Es la tendencia a este impulso de expandir la expresión de la identidad permitiendo modos buenos y mejores de vivir.
Olvidamos que somos la fuente de lo que estamos buscando debido a que la mente está confundida por ideas erróneas, por ese adicto modo de pensar que nace de los apegos y las predisposiciones. Se recomienda, como solución, saber de “la presencia”, la capacidad de la conciencia de la presenciación, que se muestra a veces con un recogimiento sin pensamientos o con un amor sin descripción y sin contaminación.
De pronto se abandona aquello que parecía ser un espejismo, como un vacío o un hastío lleno de sufrimiento, gracias a la acción de reconocimiento de que nuestra identidad es el ego, y así dejamos de vivir sin darnos cuenta de si mismo. Aparece la capacidad de fijar la atención en lo Esencial y con ello reducimos los pensamientos, las predisposiciones y deseos que constantemente surgen, a su aspecto exclusivamente funcional, y les quitamos la energía y el poder demandante. Cuando el esfuerzo es necesario para resolver conflictos, este aparece, y sin empujar a la vida se fluye con ella entregándonos al presente activo. R.Malak