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Presentación del nuevo libro: No Recuerdo Haber Nacido

Relato autobiográfico de Maria Luisa Cano F

No Recuerdo Haber Nacido

¡Feliz día del libro! Aprovecho esta ocasión para presentar mi nuevo libro. Es un relato autobiográfico donde cuento la aventura que viví desde que se reventaron mis cómodas estructuras de vida hasta ahora. Estoy muy contenta por haber terminado con el proceso largo de revisión. Por ahora está disponible como ebook, y pronto lo publicaré también en papel.

Relato autobiográfico

Portada: No recuerdo haber nacido

 Pueden acceder al libro AQUI.

 “Sentada entre la multitud, en aquél inmenso templo ubicado en un punto invisible del mapa de Asia la tarde del 5 de Enero de 1999, no sabía qué consecuencias podría traer el atreverme, una vez más, a cruzar los límites de lo permitido. La posibilidad de que sucediera lo que al parecer iba a ocurrir era una entre miles, como si me fuera a ganar la lotería. Por lo que había entendido durante los días que llevaba alojada allí, entrar a una entrevista con Sai Baba era lo máximo que alguien podía esperar al ir a Puttaparthi.”

Así comienza este relato, que va hacia atrás y hacia adelante en mi historia. Y ahí estaba en verdad, esperando la posibilidad de encontrarme con el que podría, quizás, ayudarme en aquellos momentos de crisis profunda, porque yo ya no sabía si lo que necesitaba era un mago, un milagro o qué. Estaba bastante despistada.

“Parece que normalmente vamos andando la vida paso a paso y muchas veces es como si hiciéramos recorridos circulares, cayendo en las mismas complicaciones una y otra vez. Sin embargo he descubierto que hay pasos que damos, quizás al momento de saltar por encima de nuestras obstrucciones, que son cruciales para tener claridad, como si el recorrido circular se convirtiera  en una elipse ascendente, en la que cada paso se vuelve una experiencia de comprensión. Así fue el momento en que me paré en aquél templo saltándome las normas que regían la comunidad. Con ello estaba dando un paso más en la vida y sumando otro dentro de este viaje a India, permitiendo un nuevo impulso al misterioso viento que me arrastraba y que, en su momento, alteraría y transformaría completamente mi entendimiento, un camino que no terminaría ese día pero que dentro de la cadena de causalidad llevaría finalmente, más adelante, a una mirada radicalmente renovadora, haciendo por lo menos un primer cierre en la aparentemente infinita espiral de comprensión.”

Y así va siguiendo, entre anécdotas y reflexiones, mientras voy contando las circunstancias que considero relevantes en cuanto al movimiento que desde muy joven me empujaba hacia el reconocimiento de mi plenitud esencial. A los 34 comencé con una ardua insistencia por saber la verdad de lo que me rodeaba en un matrimonio que estaba al borde del desastre, y que llamo la verdad chiquita. Esto, por unas causas u otras, me fue llevando al anhelo por lo que descubrí que al parecer era posible: el conocimiento de la Verdad Grande. Narro sobre mis orígenes familiares y niñez, adolescencia, matrimonio, etc., los viajes a India, la búsqueda del amor ideal, cómo supe del Advaita, mis primeras iniciaciones en ello, las prácticas a las que me sometí, las reflexiones y experiencias.

Espero que al compartir esta historia, algunas personas que están en circunstancias similares a las que estuve, esas de turbación e incertidumbre, puedan beneficiarse de alguna manera.

Maria Luisa

Atreverse a mirar con ojos nuevos

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IM000816IM000805El conocimiento de Si mismo se fue volviendo determinante cuando llegó el momento en que traté de ordenar todas las ideas que me estaban aturdiendo. Pasaba por una época sumamente difícil, tremenda interiormente, y digo interior porque estaba referido a los sentimientos y los ideales de vida, mientras que exteriormente, es decir, lo que sucedía a la vista, era síntoma de una vida acomodada, aparentemente plácida y completa. En aquellos momentos me decía: “tengo familia, perro, gato y un bello jardín, pero ¡qué infelicidad!” Pasó un proceso de varios años de estragos emocionales y cuestionamientos que llegaron al punto de quebrar casi todas las estructuras en que había estado cómodamente instalada, (supuestamente cómoda). Probé muchas formas para tratar de salir de esta situación. Muchas, que se movieron dentro de un espectro bastante amplio: terapias psicológicas (psicoanálisis y psicología profunda), terapias florales (Bach), talleres de escritura creativa, iniciaciones espirituales al estilo latinoamericano, Tarot, Astrología, velaciones, limpiezas, armonizaciones y cuanta cosa aparecía a la mano, para nombrar algunas. La situación se volvía desesperada, sin embargo me apoyaba en la facilidad de la experimentación y el cuestionamiento para seguir indagando.

A veces conversando con Malak sale el tema de la publicitación de los conocimientos que se han recogido de los estudios de la filosofía advaita o de otras ramas de la no dualidad como modos útiles de expresar ya sea una comprensión de primera mano o al menos una intuición de que en ellos hay manifiesta una buena señal hacia lo real. Y nos planteamos el asunto de que esto es como esparcir semillas en terrenos de varios tipos. Entre los que recogen estas semillas hay quienes de pronto descubren una forma de interpretar la vida que los deja maravillados en el terreno húmedo y vivo de lo nuevo, otros se arman de un bagaje de conocimientos de los que se sienten muy orgullosos en tierras desinfectadas, aradas y protegidas como en un invernadero de biblioteca, otros han asumido lo que han encontrado como respuestas genuinas manteniendo los pies en la tierra y la comprensión más allá de las estrellas, mas la mayoría simplemente pasan sobre estas semillas como si estuvieran sembradas en cemento, quizás no las ven, tal vez no las entienden o incluso puede que las desprecien. A pesar de que a veces cuestiono el sentido de publicar o compartir tanto el conocimiento adquirido como la comprensión que nace espontáneamente, reconozco que no es algo que se pueda controlar, ni siquiera surge de alguna decisión. Es algo completamente mágico, sucediendo por si mismo más allá de los juicios que pueda hacer acerca de ello.

Ahora regreso al cuento del proceso que viví y que se relaciona completamente con la anterior reflexión. Llegó un momento en que rompí, rompí mi apego a la vida que llevaba y me atreví a mirar más allá del horizonte que hasta entonces había aceptado como válido. Corriendo muchos riesgos comencé a relacionarme con personas que tenían unas formas de ver completamente novedosas para mí, aunque muy atractivas. De esta manera, pasados unos años desde que comenzaron los estragos alrededor de los 30 y en un proceso lento, paso a paso, hasta los 38, acepté en aquel punto la insólita invitación que me hacían las circunstancias y viajé a India en el 98. Diciembre de 1998. Recuerdo la llegada al aeropuerto, sola tras un viaje un tanto accidentado. Iba sola, pero en mi destino me esperaban los amigos. Sola ante aquél colorido repentino de telas, vestidos, tapices, ante aquellos aromas de incienso y especies, música que no reconocía pero llena de un misterio ancestral. Magia, el espectáculo de haber pasado el horizonte. Así fue para mí la entrada en India.

Luego de muchas horas de viaje, tres aviones, un taxi y un richio, llegué a mi destino por la noche. Seguía sola y tuve que acomodarme como pude en aquél Ashram cuando ya era justo la hora de apagar todas las luces. Cada instante de aquél periplo o peregrinación (que es otro modo de verlo) se ha mantenido en mi memoria como llamas encendidas llenas del calor que toda aquella novedad estaba impregnando mi experiencia con asombro y nuevas comprensiones, liberando paso a paso cada cordel de la telaraña que había obstaculizado mi visión. Gracias a esta apertura al día siguiente, a la hora del desayuno y tras encontrarme con mi gente, me recibió la grata invitación a hacer un curso de Reiki. Ni idea de lo que era eso, pero acepté fascinada, y luego pasó a ser uno más de los bellos tesoros que he agradecido de todos aquellos nuevos aprendizajes. Pero el mayor de estos tesoros me llegó durante la semana, cuando una amiga recién conocida que regresaba de una corta visita a Turvannamalai, se acercó a la mesa donde estaba almorzando con un inmenso y pesado libro. Es para ti, me dijo. Otra sorpresa, su capacidad de haber cargado con ese objeto pesado y contundente en un viaje que, siendo como es el transporte en India, seguro había sido más que complicado, y de una forma tan desinteresada proveerme del regalo para la liberación mental que taaaaanto había deseado.

Conversaciones con Ramana MaharshiConversaciones con Ramana Maharshi me llegó de ese modo. Hermoso ejemplar en inglés, un solo tomo de tapa dura, preciosa, con la imagen del amado maestro. Fue tan sólo abrir una página al azar y escuchar sobre “the self”, lo que yo era en realidad, para saber con certeza que allí estaba la respuesta al conocimiento de mi misma que tanto había buscado. Y es que antes jamás había leído ni sabido sobre el enfoque no dual, nada de Advaita en aquellos años llegaba a las librerías conocidas por mi y tampoco habían llegado a mi libros de otras corrientes no duales.

Así que, sea como sea, plantar semillas de esta mirada, esta comprensión no dual, permite que florezca una y otra vez, y cada vez más, esta bella conciencia de ser si mismo, y me mantiene arando, limpiando, sembrando y regando reflexiones, vídeos, enlaces y encuentros, día tras día, en el terreno de la Vida.

Explicando la No dualidad entre tintineo de copas

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Ayer estábamos en un matrimonio, y sentados en una mesa con otras 8 personas apenas conocidas para nosotros, en el calentamiento antes de la cena empezamos a introducirnos cuando nos preguntaron sobre qué hacíamos, de dónde éramos, en fin, algo de nuestra historia. Y no hubo más remedio que contar las cosas tal cual. Que yo soy venezolana, que conocí a Rodolfo (R.Malak) en internet por medio de unos grupos de estudio y vine a Chile porque decidimos realizar juntos un libro. Entonces nos preguntaron de qué se trata el libro. No dualidad, dijo él. Y comenzó explicando ante la cara de interrogación de los demás:

“No dualidad trata sobre la realidad absoluta y está relacionado con el ser. Para ahondar en esto comencemos revisando lo siguiente. Nos asomamos a ver el mundo a través de nuestras ideas, de nuestras emociones y de lo que hacemos. Pero sabemos que somos más que pensamientos, actos y emociones. Cuando quiero averiguar certeramente lo que en verdad soy tengo que partir por el principio de observación pura, es decir, observar lo que pienso, siento y percibo sin juzgar. Es el modo de saber que lo que soy es anterior a las ideas, emociones y sensaciones. Que estas se sostienen en que hay conciencia de ellas.”

De pronto me pareció que esto era demasiado tema para una cena en medio de cientos de personas que estaban en ese inmenso salón, unos por cercanía a los novios y otros muchos, seguramente, por puro compromiso. Mesoneros sirviendo copas de entrada, música saliendo por parlantes a metro y medio de nuestros oídos, unos en la mesa interesados en saber de nosotros y otros no, así que había conversaciones cruzadas y sin duda muchos pensamientos: un “los zapatos me aprietan” por aquí, un “quién será ese que está sentado en aquella mesa” por allá, “como se verá mi maquillaje”, “cuándo llegará la comida”, “no quiero encontrarme con fulano”, “qué linda estuvo la ceremonia”.  Aun así, me aventuré entonces a mencionar que este estudio es el mismo que ha realizado la tradición mística y espiritual desde hace más de 5 mil años y que es la base de todas la religiones serias, y que, además, está siendo coincidente con los descubrimientos de estos últimos años en el campo de la física cuántica. Entonces, la pareja que estaba en verdad interesada en la conversación, prestó más atención por pura resonancia. Resulta que su hijo es director de la cátedra de matemáticas de una reconocida universidad en Chile, y supongo que esto hizo más cercano para ellos el tema que comenzábamos a tratar. Pero realmente no era el lugar más adecuado para temas tan intensos, por las distracciones inevitables.

Esta mañana recordé ese trozo de nuestra conversación, que obviamente se desvió hacia asuntos más intrascendentes. Y me pregunté de qué manera poder explicar esto de modo que se haga más cercano, tangible y con sentido, en una situación similar. Pero me doy cuenta de que el concepto “no dualidad” apunta a un modo de investigación (llamado también auto-indagación) que tiene sentido llevarlo a cabo solo cuando has comenzado a dudar sobre lo que crees que eres, cuando te preguntas sobre el sentido de ser y de la vida, y no solo eso, sino que ya has notado la impermanencia de todos los estados del hacer, sentir o percibir y has notado también cómo los pensamientos, a su vez impermanentes, dibujan y desdibujan, sin más sostén que la creencia en ellos, todos los conceptos que tienes sobre lo que eres. Sólo de esta manera, notando desapegadamente la impermanencia de todo, te preguntas acerca de tu propia realidad, es decir, hasta dónde permaneces tú, y si acaso llegas a suponer que no eres permanente, te preguntas qué puede serlo. Permanente, o sea, verdadero en sentido absoluto.

La no dualidad, llegando al fondo de esta investigación, muestra que todo lo conocido está sostenido en el conocedor, que sin la presencia del que conoce, de esta conciencia, no hay cosas, sensaciones, ideas o sentimientos que puedan existir por si mismos. Esto se muestra de una forma completamente lúcida y no sostenida por alguna idea o concepto. Se revela. Y al hacerlo se muestra tu verdadera naturaleza como eterna e inmutable. Ante esta evidencia de pronto descubres que no hay separación real entre el conocedor y lo conocido, y que no hay más ser que el que yo soy. No hay dos. Y se demuestra que esta es la realidad que siempre ha sido así, nada que haya sido alcanzado como si fuera un estado de conciencia o una alteración en la percepción. Solamente se caen los velos del pensamiento que habían separado la realidad en dos: yo y lo demás.

Uno puede apuntar a esto, por supuesto, pero la mayoría de las personas están inmersas en construir su historia, como si el hacer fuera a determinar quién soy yo. Están sumergidas en sus ideas e ideologías, además de tener su visión cubierta por la malla de construcciones mentales y condicionamientos que se presentan con el paquete completo de la manifestación, del venir a ser, del nacimiento y su progresivo aprendizaje e interacción con el mundo. Así es como el apuntar a lo no dual no se capta por lo general, ya que muchas veces produce temor cuando se refiere a cuestionar la personalidad, la persona, el ego, el alma individual como nuestra verdadera identidad. Por eso entiendo que por muchísimos años la enseñanza de la no dualidad estuvo relegada a una modalidad de tipo secreto, sólo para los iniciados, o sea, para los verdaderamente interesados y capacitados para cuestionar e investigar. De ahí tantas ceremonias iniciáticas, prácticas preparativas para la mente, el cuerpo y la estabilidad emocional, buscando las condiciones favorables para la completa soltura de la malla del pensar. Pero hoy en día es inevitable el flujo de información y acceder a ella, y qué bueno me parece, solo que se presta también para tomarla de forma un tanto ligera y asumir la no dualidad como materia de conocimiento y erudición. También para que las prácticas, que originalmente se diseñaron para acomodar la mente, el cuerpo y la emocionalidad de forma que sean funcionales y no estorben, se tergiversen suponiendo que dichas prácticas son para “llegar a ser” y que la realización de la realidad depende de ellas, ya no como medios útiles para calmar el flujo de pensamientos y en muchos casos, incluso con suma lentitud, para llevar a una estabilidad psicológica, entendiendo que la cosa no para allí. Lo diré corto para no extender más: Se trata tan simplemente de ver ahora lo que siempre es y ha sido, la realidad absoluta. La no dualidad es un modo de conocimiento ontológico que apunta a ello.

Maria Luisa

POR QUÉ ESCRIBO

Estoy sintiendo el brote de una nueva semilla en mi, quizás no es nueva, quizás estaba congelada esperando la ocasión. Esta semilla carga una fuerza sobrecogedora que sobrepasa mi comprensión. No puedo vislumbrar aún la planta que crecerá y se mostrará ahí.

Tal vez la edad, la experiencia… permiten ahora vislumbrar algo y lo que se muestran son las trabas que no dejaron nacer antes el poder y la fuerza que me abrasa.

Por ahí escuché que cuando se escribe se hace por puro placer y alguien lo debatió aludiendo que eso no es cierto, que se escribe porque se tiene algo que decir. No sé cuál guarda la verdad, me está pareciendo que los dos aspectos son ciertos. Escribo, porque al hacerlo, primero me ordeno, y segundo me permite expresarme. Ordenar me produce placer, una cierta satisfacción, un desahogo. La otra parte es la de la expresión, pero esta necesita verse reflejada como un compartir. Es como la luz de ser conciencia que se expresa sin razón sin embargo se reconoce a si misma como existente gracias a que se refleja en el espejo de la mente. Así es como escribir puede que sea solo una acción de expresión pero quedará latente la necesidad de satisfacción plena y total mientras no haya eco, para que escribir sea también comunicar y recibir el reflejo que demuestra que no solo se está diciendo, sino también compartiendo.

Lo que digo muchas veces no resuena, no produce eco. Me pregunto por qué. ¿En qué sentido se hace lejano al lector de estos textos el contenido que presento? A veces me desalienta, me digo: tengo esta necesidad aún de seguir escribiendo, pero ¿qué sentido tiene si no toco a alguien con ello? A veces supongo que lo que digo no se comprende, otras que su fuerza es demasiado arrolladora, aniquiladora, sin dejar oportunidad para el intercambio. Me sobrepasa. Entiendo que hay una cantidad de cosas que van determinando la manera como digo lo que digo, y deshacerme de ellas, limpiar el modo, no sé cómo permitir que suceda.

Es más fácil ver lo externo, describir los hechos. Contar una historia. Supuestamente más fácil, porque no habría involucramiento, necesariamente, de la fuerza psicológica que suele acompañar la experiencia de vivenciar un hecho o una historia. Sin embargo cuando un cuento se narra destacando la emoción y la cualidad psicológica de cada vivencia se hace más vivo y cercano. Es más completo. Un personaje no puede desligarse de su emocionalidad y una historia no es tal sin personajes.

Ya esto me va quedando más claro. La doctrina Advaita ha sido una adecuada descripción de lo que he comprendido acerca de mi verdadera naturaleza. Como doctrina, como enseñanza, como algo que muestra (enseña) me parece fabulosa… mas reconozco que hasta un cierto punto. La realidad no puede encasillarse dentro de ninguna doctrina y menos aun cuando la realidad que se comprende está más allá de la tendencia estructuradora de la mente. Toda doctrina es una estructura de enseñanza que puede ayudar si está bien dirigida, aunque también puede trabar porque en las estructuras mismas se encuentran las trampas que encasillan la libre y completa comprensión.

Ahora, iré al punto que me concierne en este momento. Si al comprender la naturaleza de ser se descubre la no existencia real (que se sostenga por si sola) de la persona, si al comunicar esta avasalladora revelación uno se desprende de la persona, el que escucha, enmascarado como se encuentra dentro de su personalidad, no puede, de ninguna manera, ni asimilar ni aceptar este enunciado: la persona es irreal. La exposición que se entrega a este que escucha hay que aliñarla de persona, de cuento, de historia llena de todo lo que concierne al ser manifestado. El ser manifestado es como el reflejo de la luz en un espejo, es decir, lo esencial se manifiesta como una persona, una identidad, en el caso de lo humano. Y como animal, planta, mineral y todo lo existente, en el resto de las cosas de este universo. Ahora me interesa lo humano, porque es donde nos ubicamos.

Nuestra humanidad es compleja. Es el vestido con que la luz se mueve dentro de si misma, con hilos tejidos de tiempo y espacio. (Nuevamente no se quien va a entender esto, necesito salirme de tanta profundidad, a ver, de nuevo lo intentaré).

Sabemos que somos, sin ninguna duda. Podemos percibir y darnos cuenta de la solidez de nuestro cuerpo y de las no tan sólidas emociones que nos movilizan energéticamente. Sea como sea,  nos percibimos a nosotros mismos como una densidad que se mueve en el mundo y que recorre el tiempo, sometidos a la impresión constante de experiencias que dejan huellas en esta masa de cuerpo y psique. Huellas de la edad, huellas de recuerdos dolorosos y placenteros. Estas huellas van moldeando el paquete que parecemos ser, van dando forma y produciendo maneras de ser. Estas maneras perfilan nuestras personalidades. Nos identificamos, armamos identidad con ellas. En base a esta identificación resonamos con unos o con otros. Así que cuando se plantea que no somos estas identidades perdemos el piso donde sostenemos toda la comprensión de las cosas que vivimos. Y aquí, o se penetra en el territorio de la investigación, o la comprensión queda perdida al azar de las vivencias, sin anclas que ayuden a la irreprimible capacidad de la mente de concebir y racionalizarlo todo.

Por eso la labor de compartir la comprensión de lo real es difícil, muchas veces complicado, generalmente muy lento, y la mayoría de ellas es desalentadora. Además, aquí también está la masa llena de huellas de existencia, de condicionamientos, de yo. Digo que mi comprensión me sobrepasa cuando la veo a través de este yo marcado por las huellas. Cuando no hay este yo, cuando hay placidez total, ni siquiera hay necesidad de escribir. Así que comprendo la dificultad que se plantea al pretender deshacerse de un yo que no puede desaparecer, porque cuando se dice yo, se está apuntando de dos maneras posibles: yo como esencia (donde no existen dos, tú y yo) y yo como persona. Así que siempre hay yo, porque siempre hay ser, y no hay otro ser que yo mismo, es decir, si yo no existo, ¿qué otro ser puede existir? Obviamente al escribir, si está presente la mirada desde lo esencial, basta escribir sin necesidad de recibir respuesta, y si está presente la mirada desde el yo dual, entonces junto a ello surge la necesidad de un compartir de doble vía. Es ahí donde surgen la inestabilidad, el deseo, la movilización. La manifestación es inestable, por eso siempre está en movimiento, nada queda fijo, absolutamente nada. Solo la existencia misma es eterna, la existencia de todo lo posible, la conciencia plena de todas sus posibilidades, de todos sus contenidos, es decir, de todas sus manifestaciones en movimiento constante, por siempre.

Hasta aquí llegaré por hoy. Y recibiré de muy buen grado cualquier comentario que muestre que alguien leyó todo esto hasta el final, que sea como un juego de ping pong, donde vea que alguien ha recibido alguna comunicación, ya que yo soy, tanto lo esencial eterno que todos somos realmente, como la persona que es humana, sensible y con necesidad de compartir.

Maria Luisa

ELECCIÓN

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ELECCIÓN

Muchas emociones… podría decir que en el ambiente… también decir que el ambiente está en la conciencia y esta es pertenencia solo del Ser… uno sin segundo… Esta última afirmación, porque este es un blog dedicado a reflexiones acerca de la no dualidad… y quiero contar acerca de mi experiencia del proceso electoral recién vivido en Venezuela.

Estoy en Caracas. Aun cuando llevo muchos años sin interesarme en los asuntos de la política, esta es una ocasión en la que no puedo obviar lo importante que es la situación para mi familia y amigos venezolanos, los que siguen viviendo en Venezuela y los que viven en otros países también. El sabor de un Momento esperado por todos los venezolanos.

Mas todo pasa…. como una corriente de aire, como un río, como olas en el mar.

Nos hacemos promesas, proponiendo actos a futuro y muchas veces con un apego intenso, como si la vida dependiera de ello. ¿Cómo poder prometer algo? ¿Cómo cumplir una promesa cuando la corriente del movimiento, de los hechos, es incontrolable?

Nada hay fuera de la conciencia. Todos sus contenidos están ahí… pero no siempre distinguibles. Toda posibilidad de experiencia, sensaciones, emociones, interpretaciones, ideas, definiciones. Algo de fino hay en la atención que ilumina ciertos contenidos conscientes por sobre otros. ¿Qué tan desapegada puede estar esta (la atención) como para poder observar ampliamente todas las posibilidades?

En la amplitud total desaparece el vínculo personal, se diluye la idea separadora, se acaban las preferencias… entonces, ¿cómo elegir?

Me observo metiendo el meñique en tinta indeleble, y queda el sello de haber elegido. He “cumplido”. La familia queda contenta, los amigos no critican, hay evidencia de la acción solidaria y por sobre todo ello se ha llevado a cabo el rol que corresponde, lo que toca.

Aquí en Venezuela hubo un movimiento intenso en pro de generar un cambio político después de muchos años de permanencia de un mismo gobernante. La intención de cambiar estaba allí, en el aire, pero también, junto a ella, estaba la intención de mantener la situación tal cual. Cuando alguien se pronuncia a favor de una intención, supone o espera que tiene la fuerza suficiente para su logro.  ¿Dónde está la amplitud abarcadora que mira la perspectiva completa? Si esto fuera personal y común todos seríamos videntes. Si fuéramos videntes, ¿habría acción con intención? Por otro lado, ¿es posible desligarse de la fuerza de la ola que empuja a que el personaje cumpla con sus roles? El drama personal, es decir, la historia, continúa. Entonces, ¿de qué podemos desprendernos en verdad?

Tres días después de las elecciones, tras haber visto como cada cual asumió la derrota o el triunfo según sus preferencias, pasamos un día delicioso entre familia. Cuando vengo a Venezuela y visito a mi familia, disfruto el contacto completamente, en redondo. Ayer fue un día así, distendido, asumido. Ya no había expectativa, todo había pasado… y por el momento, por el instante, no pasa nada… aquí estamos, conversando, jugando, comentando, mi mamá pintando, mis hijos mostrándome vídeos en su notepad, mi sobrina contando cómo se desenvolvió perfectamente en su rol de cocinera del comando de campaña, mi papá haciendo comentarios políticos transformados a la luz de un resultado visible, sin vuelta atrás (por ahora). Todo pasa y no pasa nada. La vida, a la luz del personaje que encarnamos, es una gama enriquecida de colores, preferencias, experiencias. Sabor de vida. Todo esto acompañado con sabor de pabellón criollo como almuerzo.

La expresión del desapego no estaba presente mientras se hacía la cola para votar. La expectativa en el aire era una vivencia inevitable…. Haya o no haya idea de ser, el nerviosismo, el entusiasmo, el temor, son sensaciones palpables entre la multitud… inevitables.

La preciosa Conciencia omni – abarcante que soy, que somos todos en esencia, está siempre, siempre, eternamente y más allá del tiempo… en el presente activo y continuo, como el mar que sostiene todos los movimientos de sus corrientes, las olas, los procesos y manifestaciones. En plena conciencia del continente de conciencia como Ser real, las diferenciaciones se diluyen, las preferencias, el sentido individual y separado, la expectativa de futuro, lo que pasó y lo que pasará no se distinguen… la perfección está siempre presente. Cuando la conciencia se centraliza como “yo”, queda la obligación inevitable de saborear las diferencias, las preferencias, y apreciar toda la gama de expresiones, porque así es como es… así se manifiesta la conciencia… Y también está la posibilidad del gusto del sabor profundo, intuito, el sabor de ser que sostiene todo esto. Apreciaciones que parecen contradictorias, y sin embargo son simultáneas. Porque esto es lo que hay que comprender: la Conciencia como continente es infinita y sostiene todo, es permanente… en cambio la conciencia centralizada, el yo y sus circunstancias, es la vivencia de la manifestación que ocurre como contenido de conciencia; es cambiante, intermitente y no permanece con una sola definición. Y eso que soy es ambas, sin embargo es no dual porque la esencia es conciencia y nada más, por eso, uno sin segundo.

Maria Luisa