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El Yo – 8 de Agosto 2016

8 agosto

Las palabras y el pensamiento analítico no son suficientes para comprender la realidad, a lo más, muestran analogías que nunca dejan totalmente satisfecho al corazón. ¿Qué importa qué consideremos racional? La vida acontece, hay una dualidad y viene la manifestación.

En todos los entes vivos la conciencia es esencialmente la misma, los procesos inteligentes en ellos están dirigidos a satisfacer los requerimientos físicos básicos, además de ello podemos ver que en las personas los requerimientos pueden estar impulsados hacia aspectos tanto espirituales como físicos o materiales.

Hasta el simple hecho de respirar se puede convertir en un salto hacia la realización de lo esencial. Cuando inspiro intento ser consciente de esa inspiración, viajo dentro de mi cuerpo con la atención hasta que llega un momento en el que esa inspiración se detiene, se acaba. Del mismo modo se detiene el movimiento de la atención. He procurado seguir ese movimiento yendo hacia adentro, donde termina la inspiración, todo se torna conciencia. Quedo por instantes sin movimientos hasta que surge la espiración. Se mueve de nuevo la atención en el momento que sobreviene la espiración. Utilizar ese movimiento natural de inspiración y de espiración permite profundizar hacia lo esencial, la base.

La mayoría supone que el yo está en la cabeza, en algún lugar entre los ojos y los oídos, otros suponen que está en la zona del corazón. En ciertas zonas geograficas ubican al yo en el plexo solar, sin embargo en este lado del mundo nos identificamos en la cabeza, pero extrañamente, cuando alguien menciona nuestro nombre si estamos en una multitud, no señalamos la cabeza para indicar “yo”, sino que nos señalamos indicando el centro del pecho diciendo que “yo” soy el nombrado.

Es cierto que señalo mi cuerpo como todos, porque sé que las acciones que ejecuto con el cuerpo, sean voluntarias o involuntarias, me suceden a mí, se me imponen. Así es el modo occidental de mencionar al ego o yo, apuntando al cuerpo como centro de Sí mismo, aunque a mi juicio sea equivocado. R.Malak

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NIRVANA

Nirvana

Cuando tenía 2 o 3 años de edad me pusieron una cerilla encendida en los dedos: tú eres Maria Luisa, la del espejo. Desde entonces sostener esa cerilla fue algo muy doloroso, pero no sabía que el dolor se debía a ello.

En la adolescencia comencé a preguntarme por qué tenía que cargar con un dolor profundo e incomprensible, cuando muy íntimamente sabía (intuía) el derecho a la plenitud. Entonces, comenzó una larga búsqueda en un proceso muy insatisfactorio de muchos esfuerzos.

Cuando a los 40 entendí ciertas indicaciones que me sonaban ciertas, y que finalmente habían llegado a mi, (o yo las había encontrado), simplemente comprendí que ya no había nada más que hacer, sino tal vez, esperar. O sea, me entregué. Seguí mi vida, pero ya con cierto alivio porque no había mucho más que “hacer” para sentir mi plenitud. La cerilla de la identidad seguía siendo sostenida.

De pronto un día, esta cerilla amaneció consumida, apagada. Así, por si misma y sin ningún esfuerzo o voluntad por parte “mía”. Se había terminado la ignorancia (de lo que Soy), por lo que la plenitud se mostró claramente, luminosamente, abierta, espontánea, viva.  Se reveló con el sabor de la eternidad, y me mostró con gracia, casi chistosamente, que lo que había buscado siempre había estado ahí: la realidad de ser.

Esto no parecía encuadrar con nada de lo que había leído, escuchado o aprendido, porque en el proceso de revisar las teorías, paralelamente había construido un ideal de ser, de realidad, una expectativa de cómo debía ser la iluminación, la realización de ser. Y ninguna expectativa, ninguna receta o mapa es jamás el territorio o el sabor de una comida. Por eso a esto no le puse nombre.

El origen de todas las ideas y de la identidad, siendo anterior a las palabras, no tiene nombre que se le acomode satisfactoriamente. Sorprende, desde ahí, cómo el despliegue de todo arma un mundo de hechos, percepciones de estos hechos, sensaciones respecto a ellos e interpretaciones tanto de los hechos como de las sensaciones. Presencio todo ello en silencio, desde ahí, desde lo que ilumina todos esos contenidos conscientes.

La conciencia es donde se sostienen los pensamientos, y estos no tienen existencia sino en ella. Verificar que observamos los pensamientos hace que seamos conscientes de nuestra independencia de ellos. En el sentido de que ellos aparecen o desaparecen, pero eso que los presencia se mantiene. Lo que es consciente de los pensamientos es pura conciencia, no es una entidad. Parece que fuera yo, la persona que es consciente, pero esta apariencia, por muy fuerte que sea, es justo la ilusión, el engaño, lo que confunde. El yo se ha construido por medio del primer pensamiento: yo soy Maria Luisa, la del espejo… la imagen de si misma.

Pensar en mí es sostener la imagen de mí. Es armar una ilusión, un espejismo proyectado de la presenciación que sostiene la imagen. Es el primer sentido de separación, de ruptura… es lo que produce que la centralización de la conciencia se congele y el dolor existencial se presente, como una aparente ausencia de plenitud. Ir al origen del pensamiento “yo” significa verificar que desde donde se observa este pensamiento no es un lugar, no está ubicado, ni en el cuerpo, ni en el espacio, y que cualquier nombre que se le de a ello que soy, viene a ser solo un concepto también observado y sostenido. Ir al origen es ser lo que soy, actualizarlo a cada instante, hasta que eso sea tan natural que se demuestre que todo esfuerzo es justamente contradictorio. Porque esfuerzo implica lucha, y esta implica separación entre yo y aquello con lo que lucho. Y toda separación implica dualidad, contradictoria a la realidad no dual. No dual es ser, ser conciencia en plenitud.

Eres ese Solo

En el paseo... Se expone el titiritero

A modo muy general digamos que hay dos maneras, una es pensando y otra es sin pensar. Y la lata, el rollo ahora es que para explicar esto me tengo que poner a pensar. Ordenar ideas para poder transmitir desde la mente hasta la mente, a través de la mente. Si estás mirando desde una comprensión total, sabrás a qué me refiero, y en realidad no tendría mucho sentido seguir mis razonamientos con alguna finalidad. Pero si estás leyendo esto con dudas, inquisitivamente, entonces trata de seguirme el rastro.

La mente es pensamientos: conceptos, nombres, símbolos, imágenes… las relaciones entre ellos  y los procesos por medio de los cuales estas relaciones se ordenan. Tú observas estas ideas, imágenes y procesos. Tú eres el observador de ellos. Entre tú y ellos ocurre algo muy interesante: el apego y la aceptación o rechazo de los pensamientos. Esto es, el vínculo establecido entre el observador y lo observado por medio de la atención. Si por un momento este vínculo se interrumpe, ya no eres el observador y te das cuenta de que nunca lo has sido… la observación (conciencia) siempre está ocurriendo por si misma. Cuando este darse cuenta ocurre se demuestra por si solo que lo que está más allá de la mente siempre ha estado más allá de la mente, es decir, la mente está sostenida en la conciencia. El individuo que estaba luchando por ir más allá de la mente se descubre como un pensamiento más, es simplemente una idea sobre si mismo.

El modo de mirar sin pensamientos no admite un pensador, porque el pensador es una idea más, es un pensamiento que sigue ahí. Mirar sin pensamientos se revela como una gracia. Esto ocurre más frecuentemente de lo que se sabe, de lo que registramos.

Así, que mirar sin ignorancia, sin el estorbo de la identificación, sin miedo o duda, es algo que sucede por si mismo, como una gracia. Darse cuenta de ello también sucede como una gracia. No hay ningún esfuerzo mental que se pueda hacer para ello, mas que mantenerse entonado, es decir, tomando nota de la mente y sus movimientos. Es por esto que se prescriben métodos tales como la meditación, presenciación, observación sin juicio, mindfulness y qué se yo cuántas técnicas. Es para ir notando la mente, permitiendo que lo que es real se muestre por si mismo. Hay algunas señales acerca de esto, cuando decimos que real es aquello que no cambia. Esto indica que real es la conciencia donde la mente se sostiene, las percepciones se sostienen y todos los procesos conscientes acontecen. Al ir notando esto, cuando graciosamente se muestran los instantes – que pueden parecer infinitesimales – en que el pensar no está presente, estos momentos, por muy cortos que parezcan, se van reconociendo como el trasfondo real y permanente sobre el cual la conciencia de las cosas, de las ideas, de todo, se despliega.

Sabiendo esto, habiéndolo notado, cabe entonces la indagación: ¿quién soy yo? Si cuando no hay pensar no hay ningún yo, entonces, ¿cómo es que lo se? Esta es la investigación… Y sabrás que tú eres eso que no es un yo. Eres lo que es… anterior a la mente, el tiempo, el espacio. Eres ese Solo… que sostiene toda existencia, desde siempre y para siempre.

Maria Luisa

Testigo y Supra-testigo

Amanezco temprano, me quiero poner a escribir. Miles de pensamientos aparecen como diapositivas sobre la pantalla y hay una inminente lucha entre lo que quiero y lo que pareciera querer dominar mi atención por momentos. Sé de lo que quiero hablar pero aún no puedo armar en palabras eso que tengo pendiente. Como si estuviera debajo de una piscina, sumergida, sabiendo pero sin poder mencionarlo. En este caso ni siquiera puedo enunciarlo mentalmente. La voluntad de escribir sigue ahí, y como en una especie de acuerdo con todas las ideas latentes, comienza a expresarse como mejor puede.
El tema que me empuja y apasiona ahora  tiene que ver precisamente con la atracción que producen los pensamientos, que se vuelven distractores porque insisten en recordar lo que hay que hacer, lo que no he resuelto, tareas pendientes para el día, la semana o el mes siguiente. Esta atracción es como un imán que me obliga a ir detrás de lo que me he planteado como responsabilidades. Aunque tenga tiempo disponible a esta temprana hora del día, las supuestas obligaciones, hasta no estar segura de que están bajo control, no permiten adentrar en asuntos más profundos.
La mente es una función que presenta posibilidades de experiencia de manera infinita, pero también se convierte en algo que pone límites y encajona. Sirve para proponer problemas y para resolverlos. También sirve para traducir mis intuiciones y comprensiones. Esta función de traducción tiene muchas mañas. Es como la costumbre antigua de calentar motores. El motor de un auto de hace 30 años, quizás menos, para que echara a andar había que calentarlo unos minutos antes del primer viaje del día. Recuerdo cuando mi papá se tomaba un café de desayuno mientras dejaba su auto encendido. Pasaron los años, y los nuevos modelos, con un diseño más avanzado, ya no requerían precalentar el motor, y aún así, mi papá seguía tomando su cafecito mientras el motor se calentaba. A este tipo de mañas me refiero. Costumbres arraigadas difíciles de soltar. No es tan fácil desaprender, como dicen, “loro viejo no aprende a hablar”.
Menciono esto para destacar cómo la mente presenta sus opciones, unas en forma más elástica y otras de manera más cristalizada. Comprender todo esto es importante para aprender a usar este instrumento que es al mismo tiempo, como mucho se ha dicho, “nuestro mejor amigo o nuestro peor enemigo”.
Sin embargo, la mente no es sino pensamientos. Incluso la idea de que puedo manejarlos, superarlos, transformarlos, mejorarlos, presentarlos de formas más brillantes, ordenarlos…. Incluso todo eso…. Son también pensamientos.
La observación de los pensamientos es libertad, que presenta orden y brillo por sí misma. Aclara y es comprensión pura, inteligencia esencial. En esta observación se presentan los contenidos conscientes, este darse cuenta que alumbra como la luz de una linterna a todas esas cosas que se suelen guardar en un depósito, garage o bodega. Estas cosas almacenadas equivalen a todas esas ideas que he considerado mías, con las que me identifico, son los contenidos de la conciencia que se ha centralizado como yo. Sin embargo hay dos maneras de observar estos contenidos. Una es focalizando uno por uno los objetos, como quien pasea la linterna por cada uno de ellos. La otra es similar a encender la luz de la bodega, donde todo queda expuesto en un solo clic. Ambas formas son características de la mirada que está filtrada por una centralización: Yo observo. Yo observo en forma seccionada y yo observo en forma amplia. Más allá de esa observación, está la conciencia misma de esta observación. Como si la observación que “yo hago” fuera testigo de todo lo observado, pero la Conciencia que observa a este “yo” que hace, es el supra-testigo. Puedo llamarlo la esencialidad pura de conciencia, lo que es absoluto, permanente, no es afectado ni por la estrechez de miras ni por la amplitud. Es la conciencia de saber y de no saber. Está siempre presente, aquí y ahora. Cuando esto se reconoce como naturaleza esencial, lo más natural, íntimo, real, entonces se hace fácil trascender (o sea, no importar) si hay estrechez o amplitud, y cuando esto ya no importa, cuando hay rendición, es equivalente a que el “yo” que se considera el hacedor y responsable de todo, mengua, incluso desaparece por momentos (o quizás definitivamente). Y al desaparecer este yo, los límites de la centralización se disuelven por sí mismos y aparecen las verdaderas potencialidades, libres, bellas, creativas, que son inherentes al ser.

Maria Luisa

¿Qué Soy Yo? por R.Malak

Tomado de Margi

¿Qué Soy Yo?
¿Qué me pertenece en este mundo?, nada es mío, ni siquiera lo que se conoce en occidente como el Alma, sobre la que la tradición occidental menciona que es parte de Dios que reside en mi. Mi cuerpo tampoco es mío, es producto de la genética heredada de mis padres. Mi mente  tampoco es mía, es una función de la conciencia, ¿Qué queda para que sea mío?
El hombre o la mujer no es verdaderamente individual en el sentido de que sea completamente independiente. Como ente orgánico, como sustancia, como sistema, aparece como una sopa de energías universales o un cocktail de fenómenos infinitos. He dicho en otras ocasiones que los antiguos filósofos manifestaron que toda materia es una expresión de lo Esencial.
En varias oportunidades he dicho también que es fundamental conocerse a sí mismo. Esta afirmación está apoyada por lo que mencionaban los antiguos filósofos griegos, que en sus templos escribían: “Conócete a ti mismo y conocerás al universo y a los dioses”. Por tanto aparece necesariamente conveniente una enseñanza en la que se precise saber: quién soy, de dónde vengo y a dónde voy. No podemos desconocer esas premisas fundamentales.
Ahora, la cuestión de conocerse a si mismo puede estar impulsada por el deseo que tiene la mayoría de las personas de buscar cómo mejorar sus vidas o corregir el ambiente y las condiciones que encuentran desagradables en la permanente interrelación con sus pares.
No todos están contentos con el modo como son o como se comportan. Algunas personas suponen que tienen algunos hábitos inconvenientes, o que no pueden manejar sus pensamientos negativos y sus emociones destructivas, por tanto aparece como conveniente la aspiración a refinar su carácter, su personalidad, aparte de saber de “Si mismo”. En otras palabras, muchos buscan perfeccionar esos aspectos generales de la identidad, del instrumento de expresión, del vehículo con que nos movemos en el mundo de la manifestación.
La falta de precisiones o el estar permanentemente sumergidos en las tareas del mundo confunde y distrae la atención. Ya he mencionado que no es el físico lo que nos hace reconocibles, así que ante ello puedo preguntar: ¿Quién es usted entonces? Una gran mayoría de los seguidores de la corriente no dual pueden decir que lo que realmente los identifica es “la conciencia”, la que se acepta como la cualidad distintiva de Si mismo. El Sí mismo real es conciencia esencial en todos los entes, es la fuente de la vida, en cambio las personas en lo particular imaginan real a su identidad variable.
Eso es explicable porque es con la mente con la que están dando sentido y moviéndose en el tiempo y el espacio. Por tanto, el saber de la vida en la no dualidad supone un cambio profundo en la manera como enfrentamos la vida en lo contingente.
Generalmente hablan de conocerse a sí mismos y lo único que se hace es conocer la diversidad de estados que tiene la construcción del ego. Conocer al Sí mismo es disfrutar de la felicidad y la paz profunda. Estar en la realización implica la existencia sin fin y el conocimiento sin dudas. En el acercamiento a la verdad aparece la felicidad y la naturaleza de ella es la plenitud absoluta. En lo cotidiano no está esa dicha, solo puede reconocerse en lo indescriptible, o siguiendo alguna de las líneas tradicionales que promueven las prácticas de auto indagación.
Al conocer los contenidos de la conciencia, como por ejemplo al conocer mi cuerpo, pasar por experiencias y situaciones diversas, sentir mis emociones, y por medio de los sentidos recoger toda una gran gama y variedad de sensaciones, puede atestiguarse que son objetos de mi conciencia. Responder ante ellos de maneras diversas, ya sean constructivas o destructivas, de un modo funcional o disfuncional, solo son trabas de formación que nublan la comprensión de lo real, confundiéndola con la identidad, con la problemática de la identidad. La apariencia, lo superpuesto, la diversidad de las manifestaciones, la confusión de las urgencias diarias, provocan la sensación de carencia que impulsa a ir detrás de lo que aparecería como provocador de la satisfacción permanente.
 
No existen dos personas que puedan saber de lo real de idéntico modo. Los miles de millones de impresiones, sensaciones, emociones, pensamientos que inundan la mente, el punto de vista de cada cual acerca de la existencia, son sus propias percepciones filtradas por la mente. Aparentemente muchos parecerán concordar en una cantidad de puntos, pero un análisis más preciso revelará que hay numerosas diferencias en las opiniones, que en el fondo afectan a estas personas, y a la vista de cómo se expresan estas, notamos como, a pesar de la comprensión teórica que puedan manifestar, dichas opiniones condicionan sus reacciones tanto emocionales como físicas.
Volviendo a la pregunta de arriba, usamos una funcionalidad particular de mente que varía ligeramente respecto a las mentes de los demás, aunque la conciencia es una sola expresión de Ser. Ahora, ¿la conciencia es mía?, en lo que respecta a su manifestación lo es, es una centralización de la conciencia Esencial, de su Esencia plena, pura, infinita. Como identidad somos conciencia centralizada, un interludio en la conciencia.
Todos podemos vivir la vida sin complicarnos con el fin último de la existencia o sin estímulos especiales por lo que se conoce como espiritual, aunque quizás sí en plenitud, expresando todos los talentos y potencialidades del vivir, ya que todas esas actitudes, todas las características, son contenidos en la conciencia que no la limitan ni la condicionan, salvo que uno se convierta en esclavo de ellas a través del consumo sin sentido, la adquisición de bienes y objetos por el simple hecho de vivir en un hedonismo permanente, y otras maneras en que predomina el egoísmo. Se puede vivir generosamente o egoístamente.
Por otro lado está la senda de Sí mismo viviendo en realización, la que llevan los que no se satisfacen tan solo con la vida funcional y armoniosa… sino que van detrás del fin último y total: conocer lo real de si mismo. Este caminar no se mueve con un despliegue de egoísmo separador, lleno de confusión, tal como podemos ver que se vive actualmente en la sociedad, dejando de lado a “Yo Soy”, el presenciador, que es Sat chit ananda (presencia de ser en plena felicidad). Los que así se mueven se encuentran sumergidos de lleno en la identidad, y este es el error que produce la sensación de vivir desarraigados o enajenados (ajenos a Si Mismo).
Sí mismo es uno y las manifestaciones llamadas personas están en constante cambio, en la diversidad de formas que son intermitentes, que se diluyen y permanecen en la confusión de la vida cotidiana. Las enseñanzas tradicionales mencionan que la realidad no es un fenómeno, que es constante, no nacida, no afecta al tiempo o al espacio; aparece como lo absoluto o infinito. Ni nuestro cuerpo, ni las emociones, ni los pensamientos son Yo, por lo tanto no apunto al yo-ego, que es la estructura “mente, emoción y cuerpo”, sino que apunto al yo Real, el cual es no es un objeto, sino que es Si mismo, es el experimentador, presenciador, que no es posible conocer porque no es un objetivable. Siguiendo con la tradición, diré que se expresa como pura luz, conciencia, inteligencia, creatividad, belleza, felicidad, y que además no es propiedad de la individualidad, sino que más bien es Ser que se expresa como múltiples manifestaciones de compleja naturaleza.
R.Malak