Lo cotidiano, fenómeno mental – 25 Agosto 2016

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La Realidad ha emergido por voluntad propia, como una manifestación y se despliega sobre el telón de la conciencia. Allí surge el ego, que se debe a que la fuente original se ha estructurado en pensamiento, formando el mundo. El ego te hace pensar que eres la persona cotidiana, pero realmente el ego no existe, es solo una funcionalidad, de otro modo admitiríamos dos Sí mismos.

Si uno comienza a indagar la ignorancia desaparece, la ignorancia pertenece al ego, la ignorancia es el olvido de Sí mismo. Si se conoce el Sí mismo no habrá ninguna oscuridad ni miseria.

Todas las personas se encuentran sujetas a la rueda de alternación de la vida y de la muerte, vuelven a ser creados según el karma de sus propios deseos. Su corazón permanece sujeto a los distintos estados de existencia, y llevan consigo toda clase de sufrimientos y aflicciones si esto no es entendido.

Es la mente, como producto de la esencia, la que construye la perturbación. Lo cotidiano es un fenómeno esencialmente mental que aparece en la conciencia Divina, la cual no es sólo el trasfondo desde el cual se proyectan los fenómenos sino también el darse cuenta de ellos. Darse cuenta es la luz que ilumina ese fenómeno mental y es también el telón sobre el cual se proyectan estos fenómenos como el universo.

Hay personas con mente muy confundida, y es difícil que puedan comprender, ellas necesitan toda clase de preceptos y doctrinas con que forzar su mente y su corazón a la comprensión. Y así, cuando les aparecen de nuevo los pensamientos, sigue toda clase de creencias, unas más complicadas y confusas, aceptando cualquier modo que vaya con su comprensión. Luego la tendencia es volver a las urgencias de su identidad, aceptando lo que está en el juego de la oferta y de la demanda. R.Malak.

Imperceptible e imperturbable – 24 de Agosto 2016

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La conciencia es nuestra naturaleza verdadera, es indestructible y responde a las circunstancias. En la manifestación se muestra a Sí misma como los fenómenos. Por cuestiones teóricas también la llamamos inteligencia.

La manera para comprender profundamente es observar sin juicio, y dejar de complicarnos con el devenir que indica la estructura. El ego intenta acomodar las exigencias del mundo a las urgencias personales, guardando información valiosa que le permite reaccionar en su propia defensa usando todo el funcionamiento racional para su beneficio.

Cuando la conciencia no responde a las circunstancias no la nombramos de modos dualísticos tales como existencia o no existencia, y aún ocupada en crear objetos en respuesta a la causalidad, sigue siendo imperceptible e imperturbable. Si se sabe esto y se reposa tranquilamente en el vacío, se sigue en verdad el sendero de los apuntadores tradicionales. Incluso las enseñanzas proponen que la mente no repose en cosa alguna, sea lo que fuere.

¿Cómo comprender entonces esto que creemos ser y por último salir del error, ignorancia o ilusión? En las actividades, las personas generalmente hacen uso tanto de la mente como del cuerpo, y obviamente se incluyen los aspectos emocionales. La racionalidad ocupa la mayoría de los procesos, digamos memoria, concentración o atención dirigida a un punto específico.

El ego va cambiando con la edad, y las exigencias del medio constantememente van satisfaciéndose de una manera adecuada. Luego se visualiza con claridad cómo se concibe o se intuye la vida en general, cómo se va presentando esta, ya sea que se siga haciendo el mismo trabajo con éxito y eficacia, o que se vaya subiendo escalones dentro de la comprensión de lo que se hace. Quizás busque otro proyecto de vida u otras circunstancias que respondan más a sus aspiraciones. Así, el ego guía el carácter y la personalidad.

Quedarse como observador no es suficiente para el desenvolvimiento de la comprensión, aunque la forma de observación queda clara cuando se comprende el funcionamiento del ego. El observador que está detrás, viendo la experiencia desde fuera, es neutral, y nos damos cuenta de que hemos construido otra forma de ego más sutil, una identidad que disfruta de la meditación, olvidando que lo que se recomienda es la observación sin juicio. R.Malak

Darse cuenta de Sí mismo – 23 de Agosto 2016

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Aparecen muchos términos para definirnos, como por ejemplo Ego: sinónimo de la idea de yo. Este concepto ha adquirido significados incorrectos debido al uso inadecuado. Otros términos son: Personalidad, Yo, Individualidad, que frecuentemente son confundidos o mezclados, lo que lleva a errores de comprensión. Individualidad, por ejemplo, apunta a algo característico, privativo, propio y separado, único, que va asociado a maneras objetivas, a la idiosincrasia o a la apariencia personal.

En esto podrían estar incluidos el acento de la voz, los gestos que se hacen con las manos, la ropa que se usa, el color de la piel, la contextura física, todas esas cosas constituyen la individualidad. La individualidad apunta a la cualidad material y objetiva, es una manifestación del yo o ego y no está separada de su naturaleza.

En todos los tiempos se han buscado alternativas que permitan comprenderse más a Sí mismo, entender la vida y dimensionar nuestro paso por este espacio-tiempo, y sobre todo, comprender qué somos. Las actividades mentales hacen uso de gran cantidad de funciones, incluyendo las cualidades emocionales, las cuales afectan enormemente en la toma de decisiones. El ego surge por las urgencias de la vida, las demandas y los deseos que impone el mundo.

Ser el observador, un ego meditador neutro, no es un mal lugar para comprender, sin duda es preferible que la manera de vida inconsciente y sin reflexión. Sin embargo, con esa postura no está todo logrado dentro de lo profundo hacia la comprensión auténtica.

El ego, como una estructuración de pensamiento, permite reconocer las acciones que efectuamos, nos abre caminos a seguir y nos lleva a razonar sobre las urgencias e impulsos. Antes de que se construyera el ego, uno es sin forma, y siempre hay conciencia de querer volver a ese estado, hay un darse cuenta de Sí mismo, apareciendo firmemente del conocimiento “yo soy”, sin importar el cuerpo, o esta individualidad que ha construido el ego.
R.Malak

Plenitud permanente – 22 de Agosto 2016

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La verdad es el estado permanente de plenitud, con esa seguridad no hay que apartarse de allí, de la verdadera identidad. Uno no es lo conocido, uno es “lo que conoce”. Uno no es lo observado, ni siquiera el observador, es la observación.

La verdad se descubre en la observación pura, sin razonamientos. Si se pretende que la verdad requiera la intervención del razonamiento se está equivocado. La verdad obtenida de esa forma no es la verdad, ya que es un saber que ha salido del yo y la verdad está más allá de la expresión conceptual. Juntar conocimientos nos hace pensar que tenemos algo, eso es una fantasía.

Se puede dar cuenta al mirar las energías tanto material como espiritual, o dicho de otra manera, el modo químico y alquímico. La producción de energía química viene del comer, del dormir y de las impresiones de nuestra vida cotidiana, y la alquimia o lo espiritual solo puede provenir de lo Esencial.

Principalmente nos damos cuenta de esta energía a través de la observación sin juicio, y también a través de la meditación. Otro modo de acceder a esa energía es por la devoción a través de la oración.
Estas son herramientas que desenvuelven la conciencia al lugar que le corresponde, amplían la mirada y descorren el velo dejándonos cara a cara con lo esencial. Muchos lo llaman el descorrer el velo de lo falso.

Si pregunto ¿cómo puedo traer esta comprensión?, quien pregunta es mi mente. Si permaneciera en completa calma y me abstuviera de la más mínima actividad mental, lo real podría verse en forma de vacío. La encontraría como si careciera de forma, sin ocupar ni un punto en el espacio y como si no perteneciera a la categoría de lo existente o de lo no existente. R.Malak

Todo es luz y presencia – 21 de Agosto 2016

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Mirando desde el umbral de la conciencia todo Es, todo está en su sitio, todo es luz y presencia, en cambio las formas y los nombres son irreales, ellos son como una sombra que depende de quien la produce, como el azul del cielo, que es una ilusión. El que se asoma a lo espiritual ve las cosas, en un comienzo, a través de los pensamientos, y se supone distinto a todo.

Observa el árbol pero no el bosque; pero de pronto ve que los árboles son el bosque y que ambos son lo mismo, se termina la distracción, todo es conciencia y comprensión, reconoce que no hay separación entre el pensador, el pensamiento y el acto de pensar.

Si recogemos la información de la tradición que apunta al orden, se menciona que tenemos que comprender el desorden que generamos. El desorden es preferentemente el miedo, la codicia, la ambición, la búsqueda de poder, la envidia, el odio, la ira, todo ello producido por el funcionamiento inadecuado de la mente y por la comprensión limitada.

La sabiduría viene directamente de la conciencia esencial que se ha comprendido a sí misma, y que, a su vez, comprende el funcionamiento limitante de la mente. Es una comprensión que no viene del análisis de nivel a nivel, de ese que procede como si se le estuvieran sacando capas a una cebolla. Buscando dentro de la mente, lo subjetivo y sus urgencias son apariencias, son problemas de la misma mente.

Este saber, en apariencia distinto, nos permite conocer cómo surgen los pensamientos, por qué surgen, cómo surge la agitación, permite aprovechar la energía del pensamiento, cómo quedarse en la apertura clara sin la interferencia de las demandas de la mente, y cómo se integra el movimiento que es parte de la naturaleza de la misma mente. Todo esto es fundamental para la observación sin juicio, porque de lo contrario, no se descubre qué es la mente en sí. R.Malak