Mostrar la vía de regreso a casa – 15 de Noviembre 2016

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Encontraremos en el camino a muchos que aparentan santidad, ellos no son de utilidad en la vía verdadera. No recomiendo seguir a personas y menos construir un culto a la personalidad de alguien. Hay muchos estafadores, engañadores y falsos exaltados que se dicen incluso “dios en la tierra”. Están allí dispuestos a engañar y al ojo de los ingenuos pasan por auténticos.

Un maestro verdadero puede mostrar la vía de regreso a casa, a Sí mismo real, y no tiene que ver con el carácter o el temperamento que manifieste. Un maestro auténtico no enseña ni pretende que cada cual engorde su ego o que sus discípulos lo adoren. Su objetivo fundamental es ayudar a los discípulos a encontrar lo Divino en ellos.

Para conocer a un maestro hay que tomarse el tiempo necesario, pero una vez que has decidido hay que confiar en él, confiar en él y seguir cada instrucción plena y fielmente, mientras no aparezcan señales de falsedades. Importa mucho si no le aceptas como maestro o si no estás satisfecho con su compañía. La verdad última por sí misma también puede llevarnos a despertar de la ilusión, siempre que sea sin mezcla y sin perturbación. Sin embargo, sin un instructor nos demoraremos mucho más tiempo. La relación con un auténtico apuntador es sumamente recomendable, dado que, salvo raras excepciones, una persona sola no logra dar con un camino de realización espiritual.

El maestro ordenará los conocimientos y la comprensión que superficialmente se presentaban como productos intelectuales. La poca humildad, el orgullo, el amor propio, el egoísmo, y pretender la independencia con relación a la enseñanza, solo complican la vía.

El maestro logra vencer las resistencias y detectar los conflictos egoístas, a fin de vivir al más alto grado con la comprensión más iluminadora que sea posible; de allí sobreviene el conocimiento necesario. Si uno acepta a alguien como su instructor, hay que escuchar, recordar y obedecer. Entregar el corazón a medias es causa de mucha aflicción. R.Malak

Indaga quién eres con firmeza – 14 de Noviembre 2016

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Cuando hay comprensión nos damos cuenta de que las religiones y las filosofías presentan diferentes modos de señalar la verdad. Argumentar a favor o en contra de alguna de ellas es una expresión sectaria que indica que las discusiones teológicas u ontológicas son solo juegos de niños, pues es percibir un solo aspecto de la Realidad, atesorándolo, y no percibir los otros aspectos, o incluso negarlos, constituyendo un reduccionismo inadecuado.

En cada religión, filosofía o doctrina, hay un proceder hacia el saber de la Realidad. Darse cuenta lleva a salir de los pensamientos y vivir la vida, darse cuenta de dónde proviene el sufrimiento implica, sobre todo, abandonar las interpretaciones que están cristalizadas con el ego-programa. Darse cuenta es descubrir que la vida es felicidad.

No hay diferencia entre tú y lo Esencial, y si aparecen puntos de vista, opiniones y creencias, estos son producidos por tus necesidades y tus deseos, son fruto de la forma que tienes de entender el mundo.

Cuando estamos bajo la inspiración de un apuntador nos iniciamos en la vida espiritual, comienza entrando a nuestro propio centro y no termina hasta que la comprensión de la Realidad se evidencia. No se puede guardar en la memoria el recuerdo permanente de lo Divino y, menos todavía, vislumbrar los movimientos sutiles de la gracia, porque es siempre nuevo y no permite acumularse.

La mejor herramienta es preguntar ¿quién soy yo?, es lo que recomiendan los maestros orientales, manifiestan que con ello se deshace la ilusión. Mi indicación al respecto es que hay que utilizar la indagación acerca de “Yo soy” con firmeza absoluta y con perseverancia, sin vacilación ni incertidumbre. No es conveniente probar distintos métodos o mezclarlos. Intentar distintas alternativas constituye, a la larga, la generación de pensamientos que se convierten en obstáculos difíciles de superar. R.Malak

El arte de inspirar – 13 de Noviembre 2016

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Al buscar al maestro preciso se corren muchos riesgos y hay tendencia a la desilusión y a la falta de sentido. A veces los gurúes no cumplen con los requisitos y se ubican permanentemente en un nivel de “la verdad única, inmortal”, lo que los torna inaccesibles.

En otros casos los buscadores pierden el espíritu de crítica y se rinden en forma crédula, y sin una información adecuada quedan expuestos a charlatanes profesionales (pueden ser seudo investigadores, contactados, astrólogos, adivinadores, curanderos o cualquiera de estos brujos). El discípulo, equivocadamente, suspende su razonamiento y entrega su capacidad de aceptar o de rechazar lo que la racionalidad coherente le está mostrando, de esta manera fluctúa entre la ilusión y la realidad, y al moverse hacia los pensamientos se construye de inmediato la dualidad como bueno o malo, constructivo o destructivo, alto o bajo, etc.

Cuando no hay insistencia en mantener los pensamientos, a eso las corrientes orientales lo llaman desapego, lo cual es aparentemente fácil. La complicación consiste en que al dejar los pensamientos voluntariamente, eso de por sí es un pensamiento más, y se sigue estando involucrado en el funcionamiento de la mente. En cambio, cuando la inclinación mental se aparta de los deseos mundanos de modo natural, de inmediato nos volvemos hacia Sí mismo.

El arte de inspirar a las personas consiste en hacer que vuelquen su búsqueda hacia la verdad que cada cual lleva en su interior, y esto es generalmente provocado por el apuntador que usa ese modo de enseñar. Un buen apuntador inspira a que cada uno pueda descubrir en sí mismo esa verdad. Los que saben dicen: el camino para llegar al iluminado conocimiento es evocar a lo Divino, es la recta fortaleza que nos lleva a estar cerca de lo indescriptible.

La realización libera a la persona de su prisión subconsciente, que es la condición típica de los programas implantados por la sociedad y la cultura, para permitirle realizar el estado auténtico y participar de ello en forma permanente, fundido en lo indescriptible e inefable. R.Malak

Ante la comprensión cesa la búsqueda – 12 de Noviembre 2016

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El apuntador conveniente no es aquel que nos llena de discursos sino aquel cuya sola presencia transforma. Nos mueve al discernimiento y motiva el espíritu profundo de comprensión. No te llama a unirte a una causa, sino que despeja el error de tu mirada para que veas que nunca estuviste separado de Ello.

Cuando hay comprensión toda búsqueda cesa, sin embargo un buscador no puede elegir fácilmente parar la búsqueda, sino que debe haber obligatorias razones. La frustración, el cansancio y la confusión actúan simplemente como detonantes para obligar al buscador a redoblar sus esfuerzos. La razón más obvia para dejar la búsqueda es haber encontrado comprensión.

El apuntador tiene lo que el discípulo necesita, esto es apuntar a la práctica. Instructores que parecen adecuados a veces son incapaces de motivar a sus discípulos porque suponen que carecen de lo esencial, de lo que se puede describir como el alimento del corazón, y esto es un error.

Apuntador y discípulo son inseparables, él orienta a su discípulo hasta que este último va reconociendo que ellos son uno y lo mismo. No se trata de que el discípulo se transforme en un apuntador, sino que a medida que elimina el error de creer ser una identidad llamada ego, y que despierta a su naturaleza original, descubre que el maestro era el espejo de Sí mismo. El saber del verdadero apuntador suele estar velado a los superficiales, a menos que él se dé a conocer, de modo que bajo la aparente rudeza o incorrección que podrían darse, tiene lugar la guía y la belleza. R.Malak

Recuperar la plena comprensión – 11 de Noviembre 2016

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He mencionado que el ego ofrece una identidad, un sentido del yo, no importa que el sentido del yo sea positivo o negativo, y se apropia del hacer, lo cual es una manifestación de ignorancia. El ego personaliza el hacer diciendo: “hice aquello”.

Se forma una imagen mental de uno mismo calificándose como persona con ciertas características, y establece objetivos a ser cumplidos que potencian o hacen sentir importante, y después de conseguirlos uno no se siente satisfecho.

Todos los apuntadores adecuados de la vida espiritual están de acuerdo en el contenido de algunas reglas, aunque a veces las indiquen con términos diferentes. Ningún apuntador preciso pretende, por medio de esas reglas, ejercer dominio sobre la persona ni menoscabar su independencia, pues ellos son los primeros en respetar a sus discípulos.

Tienen un punto en común, la autenticidad, en el sentido de que ayudan a salir del error, de ese modo el discípulo siente agradecimiento hacia ellos. Aunque en este supermercado de lo espiritual hay muchos engaños, la responsabilidad de este apuntador se mezcla con los problemas propios del discípulo, así el maestro tendrá que ir corrigiendo los procesos y adecuando el nivel de comprensión de cada discípulo.

Insisten en que tomen atención a la mente, que se observe con especial cuidado la charla mental y detecten cómo se quedan aprisionados en las estructuras que se han fijado por la educación, la cultura y la sociedad en general.

La individualidad, por ser una expresión de la realidad, es libre en su naturaleza más íntima, mas al quedar envuelta en la manifestación su libertad se restringe, y cuanto más bajo sea el nivel de comprensión al que descienda mayor será esa restricción. El proceso de restricción progresiva comienza a reversar gradualmente con el cambio del umbral de conciencia, hasta que se recobra la libertad inherente cuando vuelve a alcanzar la plena comprensión de la realidad en la cual tiene su centro. R.Malak