Archivo de la categoría: Ego

Disposición abierta a la comprensión amplia – 18 de Agosto 2016

18 agosto.jpg

El ego es nuestro reflejo, un modo de estar en el mundo fenoménico, el modo dualista de estar. Utiliza todas las funciones psicológicas que sostienen el centro virtual. El ego se trasciende al aceptar su funcionamiento, al reconocerlo. Si lo rechazamos se alimenta de la contradicción, con lo que provoca gasto de energía. En cambio, si se acepta queda reducido a la función operativa y no estorba.

Es bueno saber adaptarse, ser flexible, rechazar la rigidez, reconocer los hechos, ceder en algunas ocasiones y luego recuperar la posición inicial sin romperse. La búsqueda apunta a tener una disposición abierta a la comprensión amplia, liberada de la pasividad y la torpeza, libre de estructuras totalitarias. Esto implica saber escuchar sin obsesiones, fluir imitando el agua que se adapta a cualquier superficie, ser expansivo como la luz.

Quien ya ha comenzado con esta mirada aparenta ver igual que los demás solo que las personas ven ilusiones, en cambio en él no hay una entidad personal que lo ve todo. Los hábitos provenientes del recuerdo de la antigua personalidad son dejados de lado, como una prenda que ya no ajusta al cuerpo.
La irrealidad del mundo es reconocida, sin embargo, este no puede negarse desde el punto de vista empírico. En suma, no hay nada que hacer con el ego, sirve a su propósito y eso es todo.

Lo Divino es el principio residente dentro de uno, no afuera, por más que le demos distintos nombres y lo cubramos con papel de celofán. Las costumbres de buscar fuera no terminarán y los medios que se usan en forma aparentemente interior: rezar, orar, contar cuentas, repetir mantram, provocan aletargamiento de la mente, una especie de hipnosis. Eso no es espiritualidad. De cara a la verdad se ve que las doctrinas manipuladoras apagan la inquietud.

Volver al origen sigue siendo lo fundamental, y la vida se muestra de la forma que uno es. Lo que vemos depende de cómo nos vemos. Si estamos fragmentados entonces toda nuestra vida estará fragmentada. R.Malak

Anuncios

Trascender el ego – 17 de Agosto 2016

17 agosto.jpg

Las personas que comienzan a investigar estos temas recogen información de muchas fuentes y maestros, quedando expuestos a errores y confusiones. Es como si fueran a una degustación de distintos platillos, prueban una gran cantidad con el solo objetivo del placer para los sentidos. Así como esta actitud no alimentará su cuerpo, y lo más probable es que les provoque una indigestión,de igual modo con la búsqueda aleatoria y diversa de doctrinas y apuntadores no se alcanza la claridad sino que la confusión es mayor.

Como fenómeno uno es cuerpo – mente – emoción que se manifiesta, pero fundamentalmente uno no es eso temporal que se mueve en el espacio. Al trascender el ego se trascienden los pares opuestos que son producto de la formación del yo individual. Verificamos que no hemos nacido ni moriremos, que somos siempre ser inmortal y que el cuerpo físico es lo que viene y se va. Después de ocurrir este reconocimiento, por un largo tiempo, y a pesar del impacto radical de esta nueva mirada, suceden reapariciones intermitentes de las antiguas identificaciones y del ego, el cual retiene una aparente estabilidad.

Las organizaciones tradicionales dicen que el ego debe ser eliminado sin tener en cuenta que es el instrumento con el que nos movemos todos los días. El ego es la ilusión, es nada en sí mismo, es sólo un nombre fabricado como respuesta al medio ambiente. Este “yo” es el proceso constante de evaluar lo que percibimos, de hacer juicios sobre todo: la ciudad, mis amigos, mi familia, mi situación, mi problema, mi trabajo.

Este “yo” construye ideas acerca del nacimiento, de la muerte, del placer, del dolor, de la ganancia y de la pérdida. Todas estas creaciones mentales son profundamente alimentadas como ego. Cuando se intenta ubicarlo no se encuentra en ningún lado, ya que es una propiedad funcional de la mente que sólo aparece cuando se ejerce. R.Malak

Qué es el ego – 16 de Agosto 2016

16-agosto

Se llama ego a la construcción virtual generada por la mente para manejar los centros mente, cuerpo, emoción. Proviene de la conciencia y su función está diseñada para proteger el instrumento de expresión. Aparece en el nacimiento como producto de la eseidad y llega a su fin cuando ocurre la muerte. Tiene la cualidad de identificarse como existencia.

La mente es el centro que principalmente usa para manejar y dirigir, siempre vuelto hacia lo fenoménico. Se fortalece por la educación, la cultura, el medio ambiente y la sociedad. Intenta cumplir los deseos del organismo: cuerpo – mente – emoción. Busca el placer e intenta alejarse del sufrimiento.

Por las características que tiene, de proyectarse hacia los fenómenos, se sobredimensiona, buscando de preferencia lo impermanente para mantenerse en actividad. Se alimenta principalmente de la memoria, antecedentes guardados que hacen que sus procesos sean altamente exitosos. Construye un deber ser y se proyecta al futuro, generando metas, y nos impulsa usando todas las energías que disponemos para que las cumplamos. De ese modo construye sentido de vida.

Cuando sentimos que estamos atrapados por el hacer, que es reiterativo y que provoca sufrimiento, y no nos conduce a la paz y a la alegría, pretendemos averiguar en qué estamos atrapados, por qué, y cómo es que no logramos salir de este laberinto.

Se dice que somos prisioneros. Al investigar, detectamos que no somos verdaderamente prisioneros, sino que es el ego, producto de la mente, lo que nos provoca ese estado de confusión. Cuando intentamos averiguar dónde está el ego, vemos que desaparece, es una sombra que se diluye cuando está frente a la luz de la investigación. El ego, producto de la construcción de la mente, ha desviado su trabajo, que consiste en proteger el instrumento, y se ha dedicado a darle sentido de permanencia a lo impermanente, provocando la contradicción. La mente, a través de la investigación de su instrumento, el ego, se sumerge en su fuente, provocándose la luz de la conciencia esencial. R.Malak

Atrapados en la identidad egoica – 15 de Agosto 2016

15 agosto.jpg

Desde el nacimiento, la enseñanza tradicional es que estamos en un mundo competitivo en el que nos enfrentamos a otros ajenos a nosotros. Aprendemos que lo de afuera es extraño a nosotros y eso lleva a establecer un enfoque hostil hacia el mundo exterior, considerando, por ende, que tenemos que conquistar el mundo, incluido el espacio. Dicho de otro modo, hacemos una guerra contra el mundo que nos rodea. Nacemos y desde ya se nos ubica de modo aislado, no nos vemos como surgir desde el mundo sino que venimos al mundo.

Aceptamos que el mundo cotidiano, con su encanto, induce a la búsqueda de logros, de objetos que las personas experimentamos, encontrando, la mayoría de las veces, más sufrimientos y conflictos que satisfacciones. Esta es una de las razones por las que llegamos a preguntarnos si existe algo permanente, que otorgue un descanso al miedo, la culpa, la inseguridad y la frustración, algo como el regreso a nuestro lugar de origen.

Todos, cual más o menos, somos partes que luchamos por igual tratando de conocer lo real. Dos personas con los mismos valores podrían, sin embargo, realizar elecciones diferentes en situaciones específicas. Esto no quiere decir que los valores no sean importantes para la decisión. Cuando tomamos la decisión de seguir una ruta casi nunca podemos decir exactamente por qué hemos elegimos ese camino y no otro, ni cuál ha sido nuestro proceso de pensamiento hasta llegar a tomar esa decisión.

La idea primaria del occidente es que todas las cosas, los acontecimientos, la gente, los montes, los ríos, los mares, las estrellas, los virus, los microbios, los insectos, los animales, las flores, han sido creados por la Divinidad, cuando más razonable sería decir que todo lo existente ha emanado de lo esencial, como manifestación centralizada de la conciencia, hasta que eso que llamamos divino como principio residente se despliegue en su totalidad.

Vivimos atrapados en la identidad egoica, apegados a mirar de un modo fijo, usando la atención como si fuera una linterna que alumbra exclusivamente lo que su luz enfoca. No detectamos la capacidad de observar sin juicio que funciona sin apego a la mente clasificadora y reguladora. Desconocemos esa infinita capacidad de ver desde Sí mismo. R.Malak

Balanceo entre bienestar y malestar

Columpio

Pregunta: Tengo una mente demasiado activa, el yo separado vuelve cada vez que me siento mal, entonces en ese momento trato de hacerme preguntas como “¿quien es el que es conciente de está sensación?”, pero no me siento en paz luego de la pregunta, más bien mi mente trata de hacer más preguntas y entender la conciencia. Despues de haber notado mi verdadera naturaleza…( lo cual es algo inexplicable) pasa que cuando me siento mal, mi mente trata de recordar la sensación o qué cosa debo hacer para volver a experimentar mi conciencia …

“Tengo una mente demasiado activa, el yo separado vuelve cada vez que me siento mal.”

R: Te explico cómo lo veo. Te sientes mal, hay alguien sintiéndose mal, ese alguien está allí antes de sentir malestar, no después… el yo separado, como tú lo llamas, no viene al sentirte mal, sino al revés. Lo que ha pasado es que algunos pensamientos han aparecido y les has prestado atención, entonces has armado una historia con ellos donde te identificas con el personaje principal de la historia… esa historia lleva semillas psicológicas con la tendencia a clasificar  que cuando se experimenta determinada cosa lo inmediato es el rechazo, y esto es el malestar… rechazar.

Es bueno entender cómo procede el funcionamiento psicológico, que es una rueda de tendencias. Aunque lo olvides, eres el presenciador, o mejor dicho, presenciación de estos procesos. Al suceder el involucramiento viene paralelamente el miedo. El miedo a experimentar ciertas cosas, el miedo al rechazo, a no obtener placer, a perder. El ego es una función destinada a proteger el instrumento cuerpo-mente-emociones, y se basa en la premisa de que este instrumento es el ser, que la vida depende de este y que si algo le pasa la vida corre peligro.

Conclusión, el yo separado (ego) no viene al sentirte mal, sino que como el ego está activo el malestar aparece unas veces y el bienestar aparece otras veces. Cuando sucede cualquier situación que el programa ego acepta, el cuerpo emite las hormonas relacionadas con la aceptación y esto lo llamamos placer, que se suele confundir con la paz o la felicidad. Y cuando sucede cualquier situación que el programa rechaza, sucede lo contrario.

Estos mecanismos hay que observarlos, sin juzgarlos. Si los juzgas, entra en juego el análisis, la razón, las explicaciones y la necesidad de encontrar explicaciones cuando no haya respuestas. Por eso la mente, que es una función programada para plantear preguntas y respuestas, se pone muy activa cuando se le presta atención a una duda acompañada del miedo. Y cuando las respuestas no satisfacen, se da la angustia, la desazón y situaciones que llamamos depresión. El ego queda deprimido, caído, sin fuerzas, desesperado. Todo esto sucede muy muy rápido en procesos que no quedan a la vista objetiva, sino que son subjetivos… por eso la mente no capta exactamente qué es lo que está pasando y que ha dado como resultado el malestar.

La salida a todo esto está siempre disponible.

Tanto el malestar como la placidez son extremos que se alternan. Es como un columpio que se balancea hacia un lado y el otro. El columpio está suspendido de una barra arriba de él, lo sostiene, y sin esa barra no habría balanceo ni columpio, ni movimiento. Podrías asimilar este ejemplo como que Sí mismo está permanentemente sosteniendo los movimientos mentales, emocionales y la percepción. Todo este movimiento se da en Sí mismo (Ser Conciencia Plenitud)… y aunque se experimenta, Sí mismo permanece inalterado, eternamente presente y pleno. Es el sustento de toda actividad, percepción y por ende, existencia.

Al principio uno hace intentos para imitar al Sí mismo, buscando el equilibrio, la paz, el desapego, etc… imitando la observación sin juicios… pero en esta instancia es la mente camuflándose de Sí mismo… Cuando se ha conocido el punto de placidez la mente debe dejarse ir, relajar toda tensión que se produce entre la atención y cualquier objeto observado. (Objetos: pensamientos, sensaciones, percepciones, emociones, etc).

Es el instante para permitir que lo real se muestre por sí mismo, que Sí mismo se muestre como lo que siempre es, lo permanente. Se dejan de lado los obstáculos, es decir, la identificación con lo observado. Lo observado puede seguir allí, la mente puede seguir funcionando, no importa su grado de actividad, pero se le deja de dar importancia, atención, se deja de avivar el fuego. Permite que la actividad suceda y finalmente cese por sí misma, permite que todo acontezca sin asumir que te va a afectar. Todo viene y todo se va, tú, como Sí mismo, permaneces.

Maria Luisa