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Presente Activo – 20 de Agosto 2016

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Cuando hay más comprensión en la realización la verdad se muestra infinita, quedando claro que la verdad está fuera del horizonte señalado por la mente y el lenguaje. Algunos han supuesto que por medio del lenguaje podrían expresar la realidad, sin embargo se sabe que con este se pueden obtener tan sólo distintos significados, y ante una proposición legítima y racional se puede poner otra o varias otras proposiciones tan legítimas y racionales como la primera.

El lenguaje, en su intento por expresar la verdad, siempre queda plano, sin resolverse ante la realidad. Por esto la realidad hay que buscarla más allá de la mente fenoménica, y entender que el lenguaje sólo señala, indica, muestra y orienta.
Aparece un conocer inmediato de todo lo que se necesita conocer, se da naturalmente y sin esfuerzo. Se descartan las creencias en el mirar de presencia innata, el ver y el conocer ocurren espontáneamente.

Si observas a la mente, mirarás los pensamientos que nunca dejan el momento presente. No es posible separar el presente activo del ahora, la separación es un concepto en la mente. La ilusión está allí, construyendo historias, como las simples gotas de lluvia empapando la tierra reseca y provocando de nuevo la vida que está encapsulada en las semillas.

La confusión se despeja como la niebla y aquello que siempre estuvo aquí es visto claramente. Nada ha ocurrido, salvo que la confusión ha terminado. Esto se consigue sin esfuerzo, descansando en nuestra naturaleza verdadera que es clara y vacía.

Todo el universo es el cuerpo del Ser, el mundo es consciencia. La materia no es algo inerte sino el contenido de lo Esencial que es presencia viva. Es un error suponer que lo espiritual y lo material están separados, no son distintos ni separables. Todo conforma una unidad como conciencia. El mundo como separado de la observación es una apariencia. R.Malak

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Plenitud Divina

Purísimo Ser

Puro Ser, plenitud en el presente

Estoy nula. Llegue de viaje hace tres días… y no se si no tengo nada que decir, o si habría tanto por expresar que ni idea de por dónde empezar. Hace un par de horas me levanté con muchísimo entusiasmo: la idea de atender por fin mi blog con un sabroso café venezolano al lado. ¡Un par de horas! Me senté y enseguida recordé que hay una tonelada de ropa por lavar. Separando piezas claras de piezas oscuras, seguía empeñada en dilucidar sobre qué escribir. Nada. De manera que volví a mi asiento vacía. Y desde aquí divisé el mueble rojo con su alta superficie llena de polvo. Trapo con ello. Trapo con la mesa del PC, trapo con la mesa de la TV, trapo, polvo fuera.  ¿Hay paz? Ni idea.

Después de dos cafés y una tercera taza, esta vez con chocolate incluido sobre los restos de café (delicioso), hice una llamada que tenía programada para pasado mañana, pero,  ¿por qué no? La hice de una vez, y tras acordar con el albañil una cita para que me ayude a remodelar el anticuado baño, simplemente empecé a colocar estas letras. Así de simple.

Y entonces me doy cuenta de cómo hay tantos pensamientos flotando en la conciencia, tratando de ordenarse como cuando se hace cola delante del cajero para pagar las cuentas de teléfono, luz, agua… o como burbujas que brotan a la superficie del agua enjabonada. Plop, hacer la cama, plop, recoger la cocina, plop, plop, plop. Pensamientos convertidos de inmediato en acción. Y al mismo tiempo, la idea de escribir algo, algo bueno, algo que en verdad comunique. Y me río.

La vida es muy simple…. La vida es compleja… la vida esto, la vida lo otro. “Cualquier afirmación podrá ser usada en su contra”, y, ¿quién será el abogado? Recuerdo el programa de National Geographic, o un canal similar, que vimos ayer. Trataba sobre la asombrosa capacidad de las flores para atraer el tipo de insecto preciso para ser polinizadas, abejas, si, y sobre la increíble forma en que las flores han sido co-responsables de poblar el planeta con vida. Sobre cómo los monos tenían antes capacidad de ver sólo en forma dicromática, por lo que no podían diferenciar, por medio de la vista, cuando una fruta roja estaba madura. Y poco a poco se hicieron capaces, por la transformación de los bastoncitos en la retina, de percibir el tercer color: el rojo.  ¿Son las flores? ¿Son los monos? ¿Hacen algo? Y le dije a Rodolfo (Malak), que a mi lado compartía esta maravilla de programa: no hacen nada, no son estos seres los que hacen algo, es el Ser Conciencia, que se está expresando con una indescriptible inteligencia por medio de sus múltiples cuerpos. Y él me dice: es como si dijeras que es Dios el que está haciendo por detrás de todo el hacer del Universo. Si, ¡tal cual! Lo puedo llamar Dios. El problema surge cuando convertimos al Ser en entidad, un Dios, una persona. Personificar nos hace caer en la ilusión, y de allí, el paso al juego de placer y sufrimiento es inmediato.

Pues lo mismo. Se lava la ropa, se limpia las mesas, se mira cada letra que sale en esta pantalla. Se está sosteniendo el Universo sin intención, se mueven las nubes, se escucha la máquina taladradora al otro lado de la calle, y nada hay que pueda estar fuera de la Conciencia. El hacer de lo esencial es el movimiento de la conciencia, que se ha centralizado bajo la forma de diversas entidades, la cuales, como si fueran filtros de percepción, organizan, gracias a la inteligencia esencial, toda clase de experiencias. Experiencias que parecen sucederle al cuerpo, pero no es al cuerpo, es a uno, a uno mismo, que no es otro que puro Ser. O quizás diga: hay un continuo hacer manifestándose como un río de aguas en movimiento, fluyendo, instante tras instante, siendo percibidas ahora, ahora, ahora… en la eternidad de este momento pleno de Sí Mismo. Lleno de purísimo Ser, lleno de plenitud Divina indescriptible e infinita.

Maria Luisa

 

 

 

Tat Twam Asi

 

TAT TWAM ASI

No escojas qué quieres escuchar; cada instante es el presente activo. Cada momento es lo único que existe. Que los ojos se deleiten en ver esa verdad que se renueva a cada instante y, así mismo,  desplegándose como la vida eterna.

Observa cómo la mente piensa lo que quiere pensar; y date cuenta de cómo entra el aire en tus pulmones mientras el cuerpo respira a su propio ritmo. En cada momento lo infinito se muestra, aunque no lo reconozcas ante tu mente.  Que todo momento dé lugar para seguir desplegando cada segundo de la vida, mostrando que soy Eso; en cada momento se realiza el Ser y hay un actuar en consecuencia. No esperes ningún resultado especial, puesto que en este vivir, desprovisto de palabras e ideas,  no está ni el pasado ni el futuro, es sin propósito ni intención. La bienaventuranza que está más allá de la confusión y de la claridad teórica, más allá del pensamiento, se muestra como una constante auto indagación sin la presión identificatoria que atrapa y condiciona. Por tanto, haz un alto en la vorágine de pensamientos, observa sin juicio y escucha sin limitaciones. R.Malak

NIRVANA

Nirvana

Cuando tenía 2 o 3 años de edad me pusieron una cerilla encendida en los dedos: tú eres Maria Luisa, la del espejo. Desde entonces sostener esa cerilla fue algo muy doloroso, pero no sabía que el dolor se debía a ello.

En la adolescencia comencé a preguntarme por qué tenía que cargar con un dolor profundo e incomprensible, cuando muy íntimamente sabía (intuía) el derecho a la plenitud. Entonces, comenzó una larga búsqueda en un proceso muy insatisfactorio de muchos esfuerzos.

Cuando a los 40 entendí ciertas indicaciones que me sonaban ciertas, y que finalmente habían llegado a mi, (o yo las había encontrado), simplemente comprendí que ya no había nada más que hacer, sino tal vez, esperar. O sea, me entregué. Seguí mi vida, pero ya con cierto alivio porque no había mucho más que “hacer” para sentir mi plenitud. La cerilla de la identidad seguía siendo sostenida.

De pronto un día, esta cerilla amaneció consumida, apagada. Así, por si misma y sin ningún esfuerzo o voluntad por parte “mía”. Se había terminado la ignorancia (de lo que Soy), por lo que la plenitud se mostró claramente, luminosamente, abierta, espontánea, viva.  Se reveló con el sabor de la eternidad, y me mostró con gracia, casi chistosamente, que lo que había buscado siempre había estado ahí: la realidad de ser.

Esto no parecía encuadrar con nada de lo que había leído, escuchado o aprendido, porque en el proceso de revisar las teorías, paralelamente había construido un ideal de ser, de realidad, una expectativa de cómo debía ser la iluminación, la realización de ser. Y ninguna expectativa, ninguna receta o mapa es jamás el territorio o el sabor de una comida. Por eso a esto no le puse nombre.

El origen de todas las ideas y de la identidad, siendo anterior a las palabras, no tiene nombre que se le acomode satisfactoriamente. Sorprende, desde ahí, cómo el despliegue de todo arma un mundo de hechos, percepciones de estos hechos, sensaciones respecto a ellos e interpretaciones tanto de los hechos como de las sensaciones. Presencio todo ello en silencio, desde ahí, desde lo que ilumina todos esos contenidos conscientes.

La conciencia es donde se sostienen los pensamientos, y estos no tienen existencia sino en ella. Verificar que observamos los pensamientos hace que seamos conscientes de nuestra independencia de ellos. En el sentido de que ellos aparecen o desaparecen, pero eso que los presencia se mantiene. Lo que es consciente de los pensamientos es pura conciencia, no es una entidad. Parece que fuera yo, la persona que es consciente, pero esta apariencia, por muy fuerte que sea, es justo la ilusión, el engaño, lo que confunde. El yo se ha construido por medio del primer pensamiento: yo soy Maria Luisa, la del espejo… la imagen de si misma.

Pensar en mí es sostener la imagen de mí. Es armar una ilusión, un espejismo proyectado de la presenciación que sostiene la imagen. Es el primer sentido de separación, de ruptura… es lo que produce que la centralización de la conciencia se congele y el dolor existencial se presente, como una aparente ausencia de plenitud. Ir al origen del pensamiento “yo” significa verificar que desde donde se observa este pensamiento no es un lugar, no está ubicado, ni en el cuerpo, ni en el espacio, y que cualquier nombre que se le de a ello que soy, viene a ser solo un concepto también observado y sostenido. Ir al origen es ser lo que soy, actualizarlo a cada instante, hasta que eso sea tan natural que se demuestre que todo esfuerzo es justamente contradictorio. Porque esfuerzo implica lucha, y esta implica separación entre yo y aquello con lo que lucho. Y toda separación implica dualidad, contradictoria a la realidad no dual. No dual es ser, ser conciencia en plenitud.

Reflexionando acerca del fluir…

En lo absoluto, el principio de “No Ser” es Ser, y Ser es Conciencia en plenitud. En cambio, lo existente muestra que todo sufrimiento nace del deseo. Aunque con luz propia intentemos comprimir los espacios, pretendiendo hacer coherente lo racional y lo lógico, los cuestionamientos están allí. Viene el espejismo de la mente y nos atrapa con ese mar de pensamientos.
La plenitud aparece con una manifestación de amor que no frustra el deseo de expresión, porque no tiene un lugar asignado en el cuerpo físico. La razón de ello es que el cuerpo es una proyección de la conciencia y la mente es su función reflejada.
¿Qué pasa con los deseos y los apegos? Bueno, ellos son una parte del mundo que se vive, lo mismo que los árboles están ahí, igual que las nubes están ahí, ellos son como son, y uno es como es y punto.
Se asoma, como enseñanza recomendada, “romper el hábito de pensar demasiado”. Se dice que estamos atrapados en la adicción “a pensar” y se muestra a los pensamientos como un pegoste difícil de desprender. Ellos están diseñados para que la identidad busque “un futuro mejor”, mostrando, a veces sutilmente y otras con fuerza, rechazo a cómo me presento o cómo me muestro como identidad. Es la tendencia a este impulso de expandir la expresión de la identidad permitiendo modos buenos y mejores de vivir.
Olvidamos que somos la fuente de lo que estamos buscando debido a que la mente está confundida por ideas erróneas, por ese adicto modo de pensar que nace de los apegos y las predisposiciones. Se recomienda, como solución, saber de “la presencia”, la capacidad de la conciencia de la presenciación, que se muestra a veces con un recogimiento sin pensamientos o con un amor sin descripción y sin contaminación.
De pronto se abandona aquello que parecía ser un espejismo, como un vacío o un hastío lleno de sufrimiento, gracias a la acción de reconocimiento de que nuestra identidad es el ego, y así dejamos de vivir sin darnos cuenta de si mismo. Aparece la capacidad de fijar la atención en lo Esencial y con ello reducimos los pensamientos, las predisposiciones y deseos que constantemente surgen, a su aspecto exclusivamente funcional, y les quitamos la energía y el poder demandante. Cuando el esfuerzo es necesario para resolver conflictos, este aparece, y sin empujar a la vida se fluye con ella entregándonos al presente activo. R.Malak