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VELOS DEL TEMOR SOBRE EL RESPLANDOR DE LO ESENCIAL

La madurez espiritual, tal como la veo, es el deseo de tocar y reconocer la impecabilidad de ser. Cuando no hay esta madurez, la atención está dispersa entre las experiencias que se tienen, todo lo que es variable. Por eso, según lo que atrapa mi atención, es que busco.
Cuando hay asuntos pendientes en mi mochila de tendencias y mi atención está atrapada en el devenir, las situaciones cambiantes de la vida me atraen más que el deseo de auto-reconocimiento como lo divino esencial de Mi. Por eso muchas terapias, libros y profesores o maestros de todo tipo se dedican a ayudar a encontrar lo que cada quién está buscando o necesitando, como por ejemplo, crecer personalmente.
El buscador ha leído, escuchado y conversado mucho, tal vez durante algunos años, y ya hay una semilla sembrada en él, la semilla del deseo de beber agua viva. Pero paralelamente hay otros deseos no comprendidos. Se dice que se entremezcla lo humano y lo divino. Lo humano podría comprenderse como reflejo de lo divino, mi expresión de ser. Lo humano no está ni puede estar separado de lo divino, por eso se entremezcla y en este lapso de espacio tiempo siempre estará entremezclado. El asunto es: ¿vives en confusión, en miedo, en angustia?
Se suele confundir la vida en realización, con algún extraño estado de insensibilidad, pero la expresión es pura sensibilidad, ¿cómo no habría de sentir? El cuerpo es sensibilidad pura, lo mismo las emociones, y la mente busca darle sentido a todo ello. Todo eso es la expresión de ser… lo humano.
Se refiere a lo que toca vivir en el tiempo, en el espacio, aquí y ahora. Es la experiencia constante de la vida, la experiencia, pero no lo esencial. Ir detrás de las experiencias tiende a perdernos en el laberinto del devenir, la mente y el ego. En cambio la vivencia, que es la conciencia de la experiencia aquí y ahora, es estar fuera del laberinto. Eso hace toda la diferencia ya que fuera del laberinto no hay confusión.
No significa esto, que, en cuanto a funcionar adecuadamente, no se usa todo el potencial de la mente. Planificar no es inadecuado, tomar precauciones es muy conveniente, usar las experiencias del pasado para comparar las posibilidades del futuro es inteligente. Ahora, el asunto es saber si buscas la felicidad en el futuro o la reconoces aquí y ahora. La felicidad entendida como el pleno gozo de ser.
Muchas personas admiten que no viven esa felicidad, y me pregunto, ¿cómo imaginan que es la felicidad? Se requiere en este sentido hacer una distinción. Una cosa es estar feliz, otra cosa es la felicidad misma. Estar feliz se refiere a que un personaje experimenta situaciones que complacen sus expectativas, en cambio felicidad se refiere a ausencia de temor, ausencia de angustia, ausencia de deseo por lograr algo para experimentarla.
El temor es un velo muy fuerte que oculta la felicidad y está en tus manos develarlo. Mientras haya una fuerte sensación de ser alguien que tiene temores, el develarlo depende de ti. Si lo dejas al azar, esa disposición que tienes no ayudará. Muchas veces, lo que la persona hace es observar lo que siente y tratar de analizar por qué se siente así o por qué está sintiendo una fragmentación, sin salir de su laberinto mental. Y hay sutiles trampas en eso.
Cuando observas el sentir, solo observas. En cambio cuando intentas explicarlo o razonar los por qués, ya estás introduciendo el juicio. Cuando haces esto le estás dando valor a lo que te dicen tus ideas, y son precisamente las ideas las que presentan los temores, siempre ofreciendo contrastes… eso es justamente la fragmentación. El temor que suele rondarnos es como una neblina que no se disipa, siempre en el fondo de nuestra mirada. Puede haberse producido por el recuerdo de alguna experiencia que impactó en forma brusca, violenta, y resulta indeseable que se repita. Ese miedo constante funciona como un regulador y un impulsor a proyectar deseos específicos a ser alcanzados, suponiendo que así podremos estar felices o seguros. Es conveniente ver estos temores, sacarlos a la luz y tratar de que no sigan impidiendo una clara mirada. Sin embargo lo que trato de mostrar es lo que es ahora y siempre ha sido, lo que soy, que es anterior a todo miedo e incluso se debe comprender que está presente cuando el miedo surge. Ordenar mi funcionamiento psicológico es muy adecuado, pero no es imprescindible para reconocer la realidad. Basta testificar todo ello, desde afuera, sin necesariamente racionalizarlo, ni pretender transformarlo. La claridad se ocupa muy bien de transformar las cosas una vez se está mirando desde Si mismo.
Se cree que cada sentimiento tiene un por qué, y pregunto: ¿será seguro que esto es así? Se puede razonar los sentimientos, si, se le puede aplicar historias a todo lo que vamos sintiendo, pero ¿has probado a sentir sin explicarlo? ¿De dónde sale la necesidad de averiguar por qué sientes así o asá? Una respuesta típica es que sirve para conocerse. ¿Quizás conocerse racionalmente? Otros desean saber qué es lo que quieren de la vida. Algo así como tener un listado de gustos y aversiones.
El asunto es: tú sientes y no necesariamente tienes que explicarlo. Cuando pretendes explicar los sentimientos, el miedo, incluso la alegría, entonces revisas en tu memoria el sentimiento que tuviste. Si conocerte a ti mismo significa revisar lo que recuerdas, lo que estás conociendo son las memorias y te estás definiendo con ellas, permitiendo que estas pongan una etiqueta al ser que eres. Con eso vas formando una identidad. ¿Es tan difícil darse cuenta de cómo funciona esto?
Esto es de suma importancia, lo tenemos en la punta del tenedor, así démosle un buen mordisco. Solo ahora puedo sentir. Primero siento y luego analizo.
Puede ser, desde el punto de vista causal, que se haya disparado el sentimiento o emoción debido a algo que estaba pensando, pero también puede ser que solo suceda, sin causa conocida. Ahora soy… sin duda soy, y supongo que si puedo ponerle un concepto a lo que estoy viviendo podré conocerme mejor.
Por eso se termina creyendo que soy lo que mis ideas dicen y han etiquetado a partir de las experiencias que recuerdo. Es esto exactamente lo que llamamos: vivir por medio de la mente. Algo que constantemente estamos señalando junto con R.Malak para poder ver lo evidente: soy anterior a cualquier idea que tenga de mí o de cualquier cosa. La realidad no se capta con la mente. Esta mañana Malak me comentó: “Con la mente no se puede saber eso. Es como si la nieve quisiera conocer el agua. Apenas la toque se derrite y se transforma en lo que siempre es… (agua)”
Maria Luisa

¿Avanzar y aprovechar el tiempo?

En la medida que sigamos suponiendo que vamos escalando por las ramas del aprendizaje, siempre habrá un esfuerzo por llegar más allá, sin descanso. Acostumbrados a asumir y aceptar que el devenir, todo este mundo que parece suceder, esta vida que parecemos transitar, es real, en esa misma medida aceptamos ser algo que se mueve, evoluciona y cambia.
Esta ilusión es tan atrayente como una excelente película, de esas en que olvidamos lo referido a nuestra vida y nos quedamos inmersos en la vida del personaje. Del mismo modo, en la vida cotidiana, en este despliegue de memorias que suceden ahora, olvidamos la plena realidad del ser esencial, quedando inmersos, identificados y fragmentados en cada cuadro de acetato (como los de un rollo de film) llamado deseo, miedo, recuerdo, impulso, siempre pendientes. Pero, ¿pendientes de qué? ¿Por qué siempre parece que hay algo pendiente e inacabado?
La respuesta es bastante simple. La mente despliega ante la observación una serie de alternativas y un cometido a ser cumplido. Son las semillas que cargamos en la mochila, que hemos permitido y aceptado que nos definan (como “yo”), y que requieren dar raíces, tallo, flor y frutos. Por ejemplo, el hombre de oficina tiene obligaciones ante su trabajo, él depende de este trabajo para su manutención. Le asignan labores a las que se ve obligado a prestar atención. El preferiría estar en otro lado, haciendo otra cosa, y al mismo tiempo que desempeña su función, mantiene el silencioso y constante deseo de que llegue la hora de salida. De pronto, el problema que le han asignado atrapa su atención tan por completo, que ya no hay espacio en ella para acoger otro pensamiento o deseo. Y esto no sucede en forma intencional, solo se presenta. Queda atrapado en la labor de tal manera, que se olvida por completo de sus deseos personales, y simplemente la ansiedad desaparece. Está iluminando el asunto presente con absoluta inmersión. Su yo desaparece y solo queda presencia y contenidos, en una sola unidad: lo que está siendo. Ya no hay hacer, solo hay ser en movimiento, sin fragmentación.
¿Cuánto esfuerzo se requiere para esto? Basta que desaparezca el deseo de que las cosas sean de otro modo. Es como tirarse de lleno a una piscina desde un alto trampolín.
Plenitud no es algo a ser logrado… es lo que se evidencia cuando la ansiedad de cumplimiento desaparece. Hay tanta plenitud en la observación de un hoyo en la pared como en la observación de un colorido atardecer. Pleno es lo que no está dividido entre el que observa y lo observado. No está llenando el espacio personal de alguien. Pleno es el Ser, tanto continente de conciencia como contenido de conciencia.
El yo creado por la mente es como una fina capa de gel que cubre la visión. Basta remover esto, pero, ¿cómo? Olvidarse del logro, ver desde si mismo, sin atrapar los pensamientos que distraen… dis- traen: Nos traen a distancia de lo observado, produciendo dualidad como si esta fuera real.
El Si mismo es la plenitud de la no dualidad. En un comienzo de la investigación se plantea poner una distancia mediante el discernimiento entre lo permanente y lo cambiante, señalando que el Si mismo es lo permanente. Cuando la atención se hace una con el objeto, sin separación, sin necesidad, sin mente, sin discernimiento, todo lo que es, es Ser, lo que siempre ha sido, permanentemente. No – dos es lo permanente.
Finalmente, esta vida, este despliegue que emana de si mismo, no es otro que el Si mismo. Sin la cortina de los conceptos: yo soy esto, o yo no soy esto, o yo quiero ser esto, o yo quiero saber lo que soy, sin la cortina del yo, todo es el Si mismo real. Con la cortina del yo, todo es ilusión.
Maria Luisa

Las puertas del cielo

Las puertas del cielo
Se abren para la mirada como cuando nos sacamos unas gafas de sol.
Las puertas del cielo no separan de lo divino, son solo una construcción de ideas que se sobre-imponen a la comprensión.
En ellas está escrito que soy una individualidad ansiosa de pasar su través para encontrarme con la esencia Divina.
Las puertas del cielo son ideas sostenidas. Verlas como lo que son, ideas, hace que no tengan más solidez que la que se les confiere.
Dejar de creer en las ideas y las puertas no se abren, sino que desaparecen.
No hay puerta divisoria entre lo que soy y lo divino.
No hay más disolución que producirse, que perder la creencia de estar separado.
Cuando ya no creo que soy el yo individual, toda la construcción de yo soy esto y lo otro deja de tener cimientos. Se derrumban los errores y todo queda diluido. Siempre he mirado desde el fulgor que ilumina el conocimiento, siempre he sido la esencia inmutable. No puedo diluirme, no puedo entregarme…
Y mientras ese yo persista, esta sentencia lo deja patituerto, en un pataleo absurdo, queriendo y queriendo llegar a ser uno con la esencia.
No hay yo. Es solo mente inquieta.
Las aguas de la mente se agitan cuando el océano se cree ola… la ola surge de la propia identificación como individuo… la mente es solo el desorden generado por la incomprensión… cuando hay comprensión, ya no hay mente que comprenda… Nirvana es océano de luz infinita, tal y como siempre ha sido, por los tiempos de los tiempos.

El asunto de la raíz de la identidad.

El asunto de la raíz de la identidad. 
Creatividad, armonía, belleza, pureza, amor…
La expresión fidedigna de la comprensión se genera desde uno mismo, cuando se ve limpiamente sin velos o filtros. Cuando se mira desde el origen del pensar. Cuando mi atención está alerta y puede detectar las interferencias del ego o dicho de otro modo, la identificación con ideas estructurantes.
Hay algunas expresiones conceptuales que uso, que tomo de la armazón sostenedora del discurso intelectual. Las que son significativas para mí. Uso la mente y procuro que esas ideas no me encasillen, con una atención que irradia desde el origen de la conciencia. Procuro dar curso al discernimiento, atentamente y tomando nota del significado que cada palabra tiene para mí, luego de haber asimilado lo que dice el diccionario o el uso común que considero acertado. Cotejo las definiciones con mi experiencia, utilizo la memoria, es decir, uso el instrumento discursivo. Podría decir que es con humildad, por cuanto si algo es disonante lo descarto, pero esta palabra suele interpretarse como la disposición de alguien sumiso. Al observar desde el origen, no hay alguien, hay luz que observa. Por eso no hay “alguien” humilde o sumiso. Tampoco hay sumisión, o control. Lo que hay es discernimiento, una vista clara que mira el pensar y lo organiza de acuerdo a donde se ve que encaja cada ficha, según lo que se sabe que la mente puede interpretar. Al usar el lenguaje, es así el procedimiento al que le doy curso.
Hay otra disposición paralela a este mirar. No solo estoy mirando por medio de lo que se despliega a la altura de la cabeza, sino también observo atentamente la mirada que ocurre a medio cuerpo, el sentir y lo emocional. Esto, este otro lugar del instrumento que uso para expresarme y para mirar mi expresión, me indica si el sentir está acorde a lo que intelectualmente despliego. En otras palabras, jnana y bhakti van paralelas, juntas, de la mano. Intelecto y sentimiento se vuelven instrumentos de expresión en conjunto, siempre que lo que digo, expreso, canto o dibujo, me resuene en forma armónica.
Veo que esto genera un despliegue de capacidades que se encuentran ahí. Estas capacidades, como el uso de conceptos, la creación de videos (que estoy empezando a experimentar), la edición, selección de ideas o imágenes, herramientas, se hacen evidentemente eficaces. La semilla de la capacidad explota, creatividad, belleza que se expresa en orden, equilibrio, proporción y efectividad.
Al llevar este mismo procedimiento atento, de selección, a todo cuanto se muestra por medio del instrumento persona, noto que la persona se manifiesta con una serie de adjetivos que suceden espontáneamente. Entiendo que esto está relacionado con lo que todos desean. Una persona equilibrada, inteligente, amorosa, creativa, amigable, y tantos adjetivos que se espera poseer. Y he aquí donde se me aclara el asunto. A la persona no se le puede poner parches o modificaciones y pretender que con eso se logrará una estabilidad personal. Es preciso ir al origen, siempre estable en si mismo y permitir que todo el instrumento sea usado desde allí. Los calificativos pueden ser honestos (como cuando son como flores que se abren) o pueden ser deshonestos (como cuando se colocan flores de plástico en la solapa).
Mientras hay identificación con el instrumento, nos movemos con las limitaciones condicionadas, los hábitos, las semillas, vasanas, sanskaras o como quiera que se llamen. Cuando la mirada atenta nota todo esto, se está comprendiendo desde la raíz. No juzgando al instrumento, sino notando sus puntos débiles o interferencias. Para que esto sea efectivo, para que la expresión sea sin filtros condicionados, es muy muy importante haber notado y reconocido claramente el primer condicionante que es: creer que soy el instrumento. Por eso se precisa ir a la raíz del asunto y sostener todo el árbol de la expresión desde allí.
Maria Luisa

Lo que mira

La mente es una herramienta (maravillosa) del proceso inteligente de la Conciencia esencial, si es que pudiéramos nombrar mente a algo. Y en este instante me dispongo a hacer uso de ella para expresarme en el tema de la silenciosa mirada que todo lo sostiene, o lo que es lo mismo, la observación sin juicios. Esta perfecta herramienta que da forma donde no había forma, como el cincel de un escultor, a la vez puede convertirse en un instrumento peligroso (en el sentido de generar confusión en lugar de comprensión), si el cincel se utiliza en forma inadecuada bajo las manos de un ego separador. Por eso se dice metafóricamente que puede ser como mi mejor amigo o como mi peor enemigo.

En realidad, y lo que señalan los sabios es, que todo lo que es, lo que “hay”, son contenidos conscientes en continuo flujo y movimiento. Algunos de estos contenidos, como recuerdos tomados cual fragmentos de si mismo, también llamados “vasanas”, como intentos fallidos de re-cordar o volver a lo cordial – el corazón o centro de ser – emergen desde un fondo inaccesible, como cristalizaciones que desearan ser vistas, comprendidas o iluminadas por la apreciación consciente, aunada a una racionalidad capaz de descifrarlas. El hábito construido quiere permanecer, como esa habilidad de racionalizar la comprensión que en principio es pura intuición (eso que confiere una certeza inexplicable), en un entendimiento que haga posible el poner en palabras lo que se “ve”. Algo así como estar observando el flujo de un río a nuestros pies, y pretender de pronto extraer de esa corriente, una gota, y a esta, aislarla en nuestro entendimiento, como para apreciarla en forma separada y otorgarle unas características únicas que la destaquen del infinito flujo de supuestas gotas que conforman el río. Y esto es aplicable al intento de reconocerme, de saberme, al intentar darme, de miles de maneras, una identidad que el concepto pueda definir. Una identidad especial que me diferencie de las demás identidades. Esto es precisamente el ego.

Eso hace el proceso de entendimiento racional que emerge como función consciente, y a lo que llamamos mente. Se ha señalado de innumerables maneras, que lo absoluto de Ser es innombrable, que la descripción de una gota no puede en ningún caso, presentar la correcta descripción del total del río. Y entender que esto es una metáfora referida a la esencia de ser y no a la comprensión de las cosas como objetos separados. En todo caso, ver los contenidos conscientes, identificarlos, extraerlos y nombrarlos, jamás podrá mostrarnos lo absoluto que implica una totalidad aunada de continente (río) y contenidos (gotas), como lo esencial de Ser.

Para una primera aproximación a lo inefable, entendido como realización del Ser, se indica reconocer al observador como el que distingue todo contenido, y también que este aparente sujeto, más allá de su expresión como entidad, es realmente el punto absoluto, el círculo absoluto, lo que contiene y a la vez el contenido, como el Sí Mismo También llamado “Brahman”. Lo primero es reconocer ese punto de eseidad o sensación de ser, o ese primer pensamiento raíz de todos los demás: yo soy. Notar entonces esa “capacidad” de testificar, y así, proceder a testificar al testigo, donde la presenciación consciente trasciende la forma, desapareciendo la idea, sensación y sentimiento de ser algo aislado y separado. Sujeto consciente y objeto distinguido son, ambos, contenidos en la luz de conciencia esencial que les da existencia.

Ojala que esto pudiera ser una receta, un truco o una indicación infalible. A lo sumo estimo que podría convertirse en un ancla dentro del mar mental que en principio no encuentra referencias de realización. La voluntad del individuo, sirve… y no sirve, ya que lo que aparece como voluntad individual no es sino del dominio del Si Mismo, como verdadero “hacedor” de eventos que solo suceden “en” la conciencia y “como” conciencia, pues el Si Mismo se encuentra más allá de tiempo y espacio, intocado, significando por “más allá” a lo que trasciende, a lo que no depende. Aún así, en este juego, también llamado “Lilah”, la diversificación consciente que ha sucedido cuando lo que es infinito se muestra como finito, lo que es sin ubicación se ha centralizado, y mira el mundo por los ojos del cuerpo, vivencia su propio regreso a la fuente de donde se ha derivado o emanado, a su origen, en el momento que así lo “estime”, es decir, cuando el curso de su experiencia en el tiempo ha consumido la exigencia de autodefinirse. Es aquí cuando nos cuestionamos lo que vivimos y que hemos asumido como real. Aquí comienza la vía del buscador que se sustenta más que nada en el incondicionado deseo de reconocerse en su propia plenitud.

Se ha asumido – irremediablemente, y eso es preciso comprenderlo – que soy una persona con carencias o con logros, con un nacimiento, con familia, con una vida a ser recorrida. Y en este sentido me he creído en la capacidad de modificar los eventos, a pesar de la intrincada red que implica toda esta expresión manifiesta, esta existencia donde los eventos globales se escapan al dominio de la parte. Donde todas las personas y todos los seres vivos son un reflejo como el que soy yo, en la forma existente como entidad. Como reflejos de luz en una gran bola de cristales, de esas que se usan (o usaban) en las discotecas para generar un ambiente de fantasía. En esencia, luz, en esencia, Ser sin límites. En la expresión, forma o individualidad, entidad con limitado poder volitivo, sin duda.

La incomprensión de esto hace que cada cual luche por su parcela, por su espacio, su pertenencia. Esta división, separación, esta especie de irrespeto al poder que nos puso aquí, como ignorancia del origen de la luz de amor que ilumina la gran bola de la existencia, es la única causa del sufrimiento, y en si, es el sufrimiento mismo. Sufrir mientras se cumplen las expectativas ilusorias de llegar a lograr. Y cuando todas las semillas se ven como eso, semillas incrustadas, que cargamos en este viaje en bus por la vida, sobre los hombros en una mochila amarrada con la correa de la individualidad, el agotamiento, quizás, nos haga soltar el peso en el suelo de la existencia misma, y dejar que el bus de la realidad o lo divino, ese mismo poder que todo lo mueve, nos lleve en forma muy aliviada, en sus propios brazos, a terminar este recorrido de vida en forma plena y acorde con nuestra verdadera naturaleza.

Siendo eso que soy, en plena comprensión despersonalizada, donde el yo o ego no es más que la sombra que me acompaña en un tránsito imaginado bajo una luz que aparece como distinta de mi, me muevo en el mundo de las formas, en el espacio de este cosmos, y aprecio la aparición de todos los contenidos, las experiencias, la formación de ideas, de juicios, de conceptos y definiciones, los movimientos energéticos que se expresan con el cuerpo, llamados emociones, llamados sensación, que interrelacionan a los distintos organismos entre sí y con sus variadas vivencias.

Esto que soy, no se puede ver a si mismo en la experiencia… y reconocer lo absoluto es darse cuenta de que siempre, siempre, lo que ve está aquí, como no diferente de mi misma, como presencia que toma conciencia de si, y de todo, no siendo dos, ya que este mirar no está filtrando lo que dice la mente con su dualidad. Absolutamente cierto y a la vez libre de una idea de certeza, absolutamente inefable e indescriptible. Lo que soy es eso que siempre ha sido.