Vivencia – 18 de Julio 2016

18 julio

Es natural que tengamos hábitos arraigados, acumulados desde hace mucho tiempo. Deshacerse de ellos es conveniente, también aprender el modo de vaciar y observar la mente para que esté vacía y serena y así poder comprender. Si no vacías la mente es como usar en vaso lleno de agua contaminada e intentar colocar en ella agua pura para beber. Si la mente no está serena, ¿cómo podría comprender lo que está recibiendo?

Lo esencial funciona a través del reflejo. En lo cotidiano uno vive en la periferia, pero al sumergirnos en la omnisciencia y descubrir esa cualidad, la primera inclinación es la de absorbernos completamente en Sí mismo y sobreviene el deseo de no querer que nada nos aleje de Ello. Se manifiesta como un estado de pasividad, una sensación de pequeñez y humildad.

Quienes se inician en la senda deben, en primer lugar, comprender los pensamientos y minimizar los objetos de su atención, vaciando y serenando la mente. Con ello estarán asentando las bases para entender la senda.

El ego, la vanidad, la arrogancia, la individualidad, desaparecen de uno, y lo esencial se levanta en su pura desnudez ante Sí mismo. No se experimenta ninguna necesidad de establecer normas, pedir u ordenar. Sólo se siente el anhelo de recibir, de esperar el secreto, la revelación, como un espectador, con un gran anhelo, pero siempre con humildad.

Inadecuado es instalarse en una vacía quietud, sentado relajado y sumergido en la nada. Debes estar realmente atento, investigar con comprensión, de ese modo se atraviesa la obstrucción de lo ilusorio.

Es natural que se necesite disposición que estimule constantemente. Conveniente es el esfuerzo por progresar en este trabajo, sin pensar cuánto tiempo tardarás en conseguirlo. Sin duda que se alcanzan espontáneamente la paz y la plenitud.

Luego se aprende a ir a esa vivencia a voluntad, y cuando se está allí uno se abstrae de la conciencia centralizada. El apego al mundo y al cuerpo sigue existiendo y persiste en forma constante. Si uno se estabiliza en la observación sin juicio sobrevendrá sin problemas la claridad, y uno no necesita recurrir ni a doctrinas ni a otros maestros. R.Malak

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