Balanceo entre bienestar y malestar

Columpio

Pregunta: Tengo una mente demasiado activa, el yo separado vuelve cada vez que me siento mal, entonces en ese momento trato de hacerme preguntas como “¿quien es el que es conciente de está sensación?”, pero no me siento en paz luego de la pregunta, más bien mi mente trata de hacer más preguntas y entender la conciencia. Despues de haber notado mi verdadera naturaleza…( lo cual es algo inexplicable) pasa que cuando me siento mal, mi mente trata de recordar la sensación o qué cosa debo hacer para volver a experimentar mi conciencia …

“Tengo una mente demasiado activa, el yo separado vuelve cada vez que me siento mal.”

R: Te explico cómo lo veo. Te sientes mal, hay alguien sintiéndose mal, ese alguien está allí antes de sentir malestar, no después… el yo separado, como tú lo llamas, no viene al sentirte mal, sino al revés. Lo que ha pasado es que algunos pensamientos han aparecido y les has prestado atención, entonces has armado una historia con ellos donde te identificas con el personaje principal de la historia… esa historia lleva semillas psicológicas con la tendencia a clasificar  que cuando se experimenta determinada cosa lo inmediato es el rechazo, y esto es el malestar… rechazar.

Es bueno entender cómo procede el funcionamiento psicológico, que es una rueda de tendencias. Aunque lo olvides, eres el presenciador, o mejor dicho, presenciación de estos procesos. Al suceder el involucramiento viene paralelamente el miedo. El miedo a experimentar ciertas cosas, el miedo al rechazo, a no obtener placer, a perder. El ego es una función destinada a proteger el instrumento cuerpo-mente-emociones, y se basa en la premisa de que este instrumento es el ser, que la vida depende de este y que si algo le pasa la vida corre peligro.

Conclusión, el yo separado (ego) no viene al sentirte mal, sino que como el ego está activo el malestar aparece unas veces y el bienestar aparece otras veces. Cuando sucede cualquier situación que el programa ego acepta, el cuerpo emite las hormonas relacionadas con la aceptación y esto lo llamamos placer, que se suele confundir con la paz o la felicidad. Y cuando sucede cualquier situación que el programa rechaza, sucede lo contrario.

Estos mecanismos hay que observarlos, sin juzgarlos. Si los juzgas, entra en juego el análisis, la razón, las explicaciones y la necesidad de encontrar explicaciones cuando no haya respuestas. Por eso la mente, que es una función programada para plantear preguntas y respuestas, se pone muy activa cuando se le presta atención a una duda acompañada del miedo. Y cuando las respuestas no satisfacen, se da la angustia, la desazón y situaciones que llamamos depresión. El ego queda deprimido, caído, sin fuerzas, desesperado. Todo esto sucede muy muy rápido en procesos que no quedan a la vista objetiva, sino que son subjetivos… por eso la mente no capta exactamente qué es lo que está pasando y que ha dado como resultado el malestar.

La salida a todo esto está siempre disponible.

Tanto el malestar como la placidez son extremos que se alternan. Es como un columpio que se balancea hacia un lado y el otro. El columpio está suspendido de una barra arriba de él, lo sostiene, y sin esa barra no habría balanceo ni columpio, ni movimiento. Podrías asimilar este ejemplo como que Sí mismo está permanentemente sosteniendo los movimientos mentales, emocionales y la percepción. Todo este movimiento se da en Sí mismo (Ser Conciencia Plenitud)… y aunque se experimenta, Sí mismo permanece inalterado, eternamente presente y pleno. Es el sustento de toda actividad, percepción y por ende, existencia.

Al principio uno hace intentos para imitar al Sí mismo, buscando el equilibrio, la paz, el desapego, etc… imitando la observación sin juicios… pero en esta instancia es la mente camuflándose de Sí mismo… Cuando se ha conocido el punto de placidez la mente debe dejarse ir, relajar toda tensión que se produce entre la atención y cualquier objeto observado. (Objetos: pensamientos, sensaciones, percepciones, emociones, etc).

Es el instante para permitir que lo real se muestre por sí mismo, que Sí mismo se muestre como lo que siempre es, lo permanente. Se dejan de lado los obstáculos, es decir, la identificación con lo observado. Lo observado puede seguir allí, la mente puede seguir funcionando, no importa su grado de actividad, pero se le deja de dar importancia, atención, se deja de avivar el fuego. Permite que la actividad suceda y finalmente cese por sí misma, permite que todo acontezca sin asumir que te va a afectar. Todo viene y todo se va, tú, como Sí mismo, permaneces.

Maria Luisa

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