Realización – 19 de Mayo 2016

19 mayo

Hay la tendencia a estudiar temas propuestos por las distintas corrientes religiosas y/o devocionales, como teorías que se almacenan sin utilidad, o como historias satisfactorias que solo sirven como alimento intelectual. Una de ellas es la pretendida equivocación de eliminar la pasión. Lejos de convertirse en sabio, el que se inicia en estas prácticas se relega a una situación de permanente dependencia.

Por tanto, es recomendable ser cuidadoso con esos métodos, no dejarse avasallar por ideas fuera de lo natural. Ante estas situaciones queda solo recomendar prudencia como lo adecuado, no sentir el temor que confunde. Recomendaciones generales apuntan a que uno comparta la comprensión, sin sacrificar la estabilidad, no buscar innecesariamente el sufrimiento pues es sinónimo de ignorancia. En ningún momento encogerse frente a la vida, sino que caminar con la cabeza erguida, sin orgullo, pero tampoco con complejos.

Las explicaciones acerca de la pasión terminan tarde o temprano, por apoyarse en especulaciones psicológicas, en la biología, en la lógica, en la sociología, aunque también cada cual se auto justifica con cualquier otra idea extraña como alternativa. Los deseos aparecen al anhelar lo que se supone que satisfará una necesidad psicológica, emocional o física.
Algunas religiones describen la plenitud del Ser como la conciencia o conocimiento, como una felicidad perfecta, además como amor pleno. La eseidad y la conciencia centralizada animan el cuerpo y nos permiten tener sensaciones y responder a los estímulos, por tanto, es la conciencia esencial la que se manifiesta como una forma con aparente independencia.

El Ser es el gran dador, y luego aparece el ego existiendo como expresión de lo humano y poco a poco el reflejo se adueña del proceso del funcionamiento. Es como juntar piedras blancas y brillantes, y haciendo esto nos apegamos más y más a ellas, acabando en última instancia en el aislamiento, la insatisfacción y el vacío interior. En cambio la senda nos recuerda que la dicha consiste en el desenvolvimiento de la plenitud de Ser que ya está presente, aunque quizás no reconocida. La conciencia base y expresión del Ser se dirige a las cosas sin quedarse ella misma en los fenómenos. R.Malak

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