28 Febrero 2016

28 febrero

Cuando descubrimos que la estructura egoica es un sueño, reconocemos que esto no significa que no la veamos o no la sintamos. Tampoco suponemos que lo cotidiano sea irreal, vemos que está para vivirlo como es: disperso, impermanente, con sus objetivos -aunque no sean indispensables-, y vemos que todo tiene sentido en lo soñado en relación a la función que cumple, ajustándose a la condición tempo-espacial, a la construcción teórica del mundo que está armada de humo y de viento, y que cuando es descartada logramos clarificar que sus objetivos, aunque parecieran ser convenientes, muy bien podríamos prescindir de ellos.

El saber interior es un océano sin orillas, vives sumergido en ello cuando aceptas el reto de lanzarte a tu propia hondura y recibir la llamada de Sí mismo. Se da la respuesta a la llamada de una disciplina del corazón y de la mente, provocada por medio de una petición siempre persistente y decidida a la Conciencia Esencial.
Así, habrá una respuesta igual o similar desde la conciencia centralizada. En otras palabras, lo Esencial responderá de acuerdo a lo que se le pida.

La mente es como una grabadora, siempre registrando todo lo que llega a ella, sea desde el exterior o desde su mundo interior. Obviamente, más tarde reaccionaremos de acuerdo a lo que fue memorizado. Usar esa cualidad en forma negativa es no detectar lo que ha sido grabado, usarlo en forma adecuada es estar atento a cuándo se producen las grabaciones y cuándo se reproducen. R.Malak

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