9 de Febrero 2016

9 febrero

Como entidades vivientes contamos con el proceso de la razón. Con él podemos acumular experiencias y construir conocimientos que nos sirven para mejorar las actividades y transformar las condiciones actuales. Esa cualidad permite que la mente crezca en potencialidades y podemos emplearla tanto de manera exclusiva como diversa. La mente hace posible que la persona mejore tanto su existencia física como las cosas que utiliza. Además, puede adecuar su espacio con nuevos pensamiento en su vida.

Un atributo fundamental de la mente es la focalización de la atención, que, dicho de otro modo, es conciencia como “darse cuenta”. Es la atención desde un sujeto hacia un objeto, lo que equivale a la conciencia centralizada.

En nuestros procesos intelectivos, en algún momento, nos damos cuenta de que podemos observar sin elección nuestros pensamientos y sentimientos. Podemos, además, observar todo lo que hacemos, incluso privilegiando algunas cosas o situaciones.

Es en esos instantes de reconocimiento en los que “la atención” no registra el tiempo, sino que pasa a ser un instrumental de la observación. Aquí la atención es justo ese darse cuenta y la describo como “comprensión”. Esta comprensión reúne al observador y a lo observado como una unidad pura de conciencia que se muestra en la quietud de las aguas de la mente. R.Malak

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