24 de Enero 2016

24 enero

Sumergidos en el trabajo, tras la búsqueda de objetivos tales como recursos y estabilidad, a menudo perdemos el objetivo fundamental que llamamos felicidad, y que, según se menciona, es el estado ideal. Fácilmente confundimos el fin con los medios y nos aferramos a la búsqueda de logros. Imaginamos que hay un estado, o condición, en el que la felicidad sea permanente y nada pueda perturbarla.
Esto sucede porque suponemos que la felicidad es un estado fijo o pasivo que se debe lograr en el futuro, y hacia el que la persona puede dirigirse, algo que, eventualmente, puede conseguirse. Se considera a la felicidad del mismo modo que a cualquier aspiración material, como la posesión de algo que deseamos tener.

La felicidad, por el contrario, es una función activa que está a nuestro alrededor todo el tiempo. Forma parte de nuestro ambiente, es un aspecto de nuestras vidas. Como existe todo el tiempo no está confinada a ser una posesión en alguna fecha en el futuro. Por felicidad entiendo a la cualidad de darse cuenta de la unión con lo Divino. En este mundo de tendencias materialistas, la búsqueda de lo Divino apunta, generalmente, a vivir una experiencia emocional, psicológica y espiritual, que aclare la confusión y que además entregue paz y plenitud.

Fundamentalmente llamo felicidad a lo que se muestra cuando la persona confirma que hay un fondo permanente, el de atención consciente u observación sin juicio. Ahí la mente no efectúa movimientos. Los estados conocidos como vigilia, sueño con sueños y sueño profundo, no aparecen como reales, tan solo existenciales ya que van y vienen.
En cambio, lo real es más allá de las existencias temporales, o dicho de otro modo, existirá siempre. Luego la gran preocupación en este mundo por ser feliz como única intención, puede nacer ya sea de la orientación de la misma Esencia o de una tendencia de la personalidad. Ser independiente en lo cotidiano significa establecer y consolidar un sentido personal, como un aspecto manifiesto de lo Esencial. R.Malak

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2 pensamientos en “24 de Enero 2016

  1. Roberto Scott

    Hola.
    Estoy de acuerdo,solo que la educación tradicional occidental nos tiene atados e ignorantes de la verdadera realidad.
    Debe ser cierto que entrando a la verdad lo demás suena como broma,pero como hacerle?
    Saludos desde San Miguel de Allende.Mexico.

    Responder

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