10 de Enero 2016

10 enero

En la observación, si mantenemos la atención sin hacer juicios que comprometan la mente, se produce una comprensión de apertura. Ahí es cuando la mente se sumerje en la conciencia, dejando que la cosa que se observa muestre su manifestación completa. Lo que se muestra se diferencia del pensar y del describir racionalmente.

Antes de conocer el cuerpo y el mundo, se sabe del yo y hay conciencia de sí mismo. Si esa conciencia no existiera no habría percepción, ni pensamientos, ni mundo. Uno es esa conciencia que se ha disfrazado de persona. Comprender esto nos hace salir del condicionamiento colectivo. Luego, lo que ocurre es que surge lo que siempre ha estado brillado en el corazón, como una iluminación sin palabras.

Este mirar con atención plena, sin apropiarse de los juicios o razonamientos que puedan aparecer, llena de luz saturando de comprensión, sin siquiera poder abismarnos con la capacidad de descubrir más de Si mismo.

Esta comprensión no afecta al principio de Ser dado que nunca se individualiza, siempre es eterno e inmutable. El Ser es plenitud y conciencia ahíta de bienaventuranza, es conciencia pura, la realidad última de todo lo que es.
El Ser no es un ente objetivable, por lo que no está relacionado con atributos, y tampoco lo está con el concepto “ser y no ser” que explica la filosofía. R.Malak

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