Observación Plena

 

Observación Plena

La Flor de la Comprensión. (Imagen encontrada en la web)

 

El mundo lo construye la mente, no hay otro lugar. La mente se revela como base universal de la experiencia: construye el placer y el sufrimiento, arma el sentido de vida y despliega lo que llamamos muerte.

A la mente se le pueden observar diversos aspectos, por ejemplo la capacidad diferenciadora, es decir, se aferra o rechaza algo externo. Otro es la expresión discursiva constructora de pensamientos, que arma redes y que funciona en relación a un punto de referencia exterior.

La mente despliega, piensa, hace planes, desea y manipula, monta en cólera, crea oleadas de emociones y pensamientos de todo tipo, por los que se deja llevar. En general, la mente fragmenta la vida a través de la experiencia.

La funcionalidad de la mente se ve envuelta por el aspecto psicológico quedando velada por el rápido discurrir de los pensamientos y las emociones. Con estos se construye la ilusión de un ego centralizado que está ubicado espacial y temporalmente en un escenario vivido. Todo ello es alimentado, además, por la idea de que uno es el cuerpo, cooperando con la generación de dicha ilusión. Incluso se llegan a construir pensamientos sobre lo Divino, localizándolo en alguna parte y considerándolo el creador y constructor de este anfiteatro o escenario llamado vida cotidiana.

Si por alguna razón o sin ella, absorto en una observación de plenitud, se deja de perseguir pensamientos que se despliegan de instante en instante, si por algún instante no se omite o rechaza nada, si por un momento no hay clasificación, la mente -que se ha transparentado a través de la observación sin juicio- refleja en forma pura la inteligencia esencial, que es la esencia más íntima, que es siempre y absolutamente inmune al cambio. Lo real detecta el tren de datos que se detiene ante la fuerza del silencio, ya no hay pensamientos, ni sensaciones, y se despliega la flor de la comprensión. Mientras una brisa fresca acaricia la piel, las ideas se muestran y desaparecen, reposando en la tranquilidad, mirando el vacío que hay ante los ojos. Ni material ni sutil, nada que indicar, ni siquiera afirmaciones teóricas, solo observación plena. R.Malak

 

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