¿Hay una oportunidad para cambiar?

Se menciona en muchos escritos que para la investigación de si mismo es absolutamente necesario que cada cual presente hambre por saber de lo esencial, que sea tan demandante esta aspiración que no dejemos piedra sin levantar para resolver la cuestión.
Por otro lado, cualquier tipo de acción que se realice como obligación se transforma en deber, carente de la fuerza emocional, un trabajo árido y plano, quizás podemos decir erudito, pero carente de ese sabor propio de lo real.
La vida cotidiana está relacionada con las exigencias que presionan por cumplir el rol señalado, el status alcanzado, propio de la expresión de la identidad, considerando además que generalmente estamos condicionados tanto por impulsos exteriores demandantes como por impresiones internas que presionan.
La continuidad de los pensamientos que pasan por la conciencia centralizada construyen el ego virtual, y la inestabilidad de estos pensamientos cambiantes dan la apariencia de una unidad, consiguiendo con esto que la memoria eternice esta virtualidad. Los apegos, las costumbres, los hábitos, las predisposiciones y los deseos implantados hacen que cada persona se identifique con ese falso yo virtual, que ocasionalmente será exitoso y en ocasiones provocará sufrimiento, que, como todo en este plano existencial, será inestable y de corta duración.
Cada construcción teórica y egoica atraerá a su entorno cierta clase de cosas, actitudes, situaciones, pensamientos, amigos, problemas, dificultades y oportunidades, iguales modos de acceder tanto al sufrimiento como al placer. En suma, un círculo teórico, como un mundo separado de la comunidad en general, presentando ante el ojo entrenado miles de mundos, infinitos mundos todos relacionados entre si, que ocasionalmente comparten doctrinas, enseñanzas, teorías, gobiernos, sistemas, cielos e infiernos.
Para saber de lo Real, no hay ninguna oportunidad si se sigue el mismo patrón de vida. Todo el problema viene de ahí mismo, de la identidad. Como ejemplo: de la semilla de mostaza, se dará sin lugar a duda un árbol de mostaza, el limón da limones,  etc.
El señalamiento para intentar cambiar la presentación de la identidad no tiene ningún sentido, intentar leer muchos libros de espiritualidad tras la búsqueda de lo real es una tarea titánica e inapropiada sin una guía adecuada. No es la cantidad de experiencias que se puedan tener, ni las cualidades que estas puedan tener lo que provocará el cambio necesario. ¿Podrá haber un cambio? A pesar de todo lo que se pueda señalar acerca de que esto ocurre y ya, esto no sucede de repente. Mejor dicho, cuando esto sucede, es porque la maduración se ha provocado tras un juego de experiencias, meditaciones, conversaciones, auténticas señalizaciones, reiteradas experiencias fallidas.
El ego, a pesar de todas las predisposiciones que pueda tener y a pesar de la falsa identidad, detrás de él está el Si mismo, tras el velo de la ilusión. Nunca hemos dejado de Ser. Es la  misma ilusión de la mente vuelta por la misma funcionalidad hacia el mundo fenoménico la que esconde la comprensión de Si mismo.
¿Hay una oportunidad para cambiar? Para salir de las ansias por buscar placer y escaparse del sufrimiento, para encontrar la felicidad, lo primero es reconocer que la naturaleza de la felicidad es la misma felicidad y es la realidad, la dicha, conocida en el oriente como Ananda. No hay un estado que buscar, no es posible describirlo con palabras o conceptos o atribuirlo a la experiencia, es puro gozo, es nuestra forma natural, nuestra naturaleza original, está constantemente aquí y ahora presente, en el presente activo. La confusión ocurre con los pensamientos que no se detienen, aparecen uno tras otro formando cadenas y enlaces, invadiendo la conciencia y saturando de urgencias y necesidades, una tras otra.
La realización de lo Real aparece como imposible, mas no es imposible. El asunto es que nuestra atención está puesta en los pensamientos demandantes, e intentar deshacerse de ellos construye nuevos pensamientos, dando impulso a nuevas emociones. Sin embargo, la cuestión es realmente simple, tan simple, tan obvia, que es descartada de inmediato. La mente es la clave de esta situación de dificultad, la mente constructora de pensamientos está diseñada para tratar con el pasado o con el futuro, o sea, con pensamientos de recuerdos y comparación o con pensamientos de proyecciones o aspiraciones. En cambio lo real, lo actual, está aquí ahora, presente activo, sin tiempo, sin espacio. Si mismo en pureza, sin definición. R.Malak
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