¿Qué Soy Yo? por R.Malak

Tomado de Margi

¿Qué Soy Yo?
¿Qué me pertenece en este mundo?, nada es mío, ni siquiera lo que se conoce en occidente como el Alma, sobre la que la tradición occidental menciona que es parte de Dios que reside en mi. Mi cuerpo tampoco es mío, es producto de la genética heredada de mis padres. Mi mente  tampoco es mía, es una función de la conciencia, ¿Qué queda para que sea mío?
El hombre o la mujer no es verdaderamente individual en el sentido de que sea completamente independiente. Como ente orgánico, como sustancia, como sistema, aparece como una sopa de energías universales o un cocktail de fenómenos infinitos. He dicho en otras ocasiones que los antiguos filósofos manifestaron que toda materia es una expresión de lo Esencial.
En varias oportunidades he dicho también que es fundamental conocerse a sí mismo. Esta afirmación está apoyada por lo que mencionaban los antiguos filósofos griegos, que en sus templos escribían: “Conócete a ti mismo y conocerás al universo y a los dioses”. Por tanto aparece necesariamente conveniente una enseñanza en la que se precise saber: quién soy, de dónde vengo y a dónde voy. No podemos desconocer esas premisas fundamentales.
Ahora, la cuestión de conocerse a si mismo puede estar impulsada por el deseo que tiene la mayoría de las personas de buscar cómo mejorar sus vidas o corregir el ambiente y las condiciones que encuentran desagradables en la permanente interrelación con sus pares.
No todos están contentos con el modo como son o como se comportan. Algunas personas suponen que tienen algunos hábitos inconvenientes, o que no pueden manejar sus pensamientos negativos y sus emociones destructivas, por tanto aparece como conveniente la aspiración a refinar su carácter, su personalidad, aparte de saber de “Si mismo”. En otras palabras, muchos buscan perfeccionar esos aspectos generales de la identidad, del instrumento de expresión, del vehículo con que nos movemos en el mundo de la manifestación.
La falta de precisiones o el estar permanentemente sumergidos en las tareas del mundo confunde y distrae la atención. Ya he mencionado que no es el físico lo que nos hace reconocibles, así que ante ello puedo preguntar: ¿Quién es usted entonces? Una gran mayoría de los seguidores de la corriente no dual pueden decir que lo que realmente los identifica es “la conciencia”, la que se acepta como la cualidad distintiva de Si mismo. El Sí mismo real es conciencia esencial en todos los entes, es la fuente de la vida, en cambio las personas en lo particular imaginan real a su identidad variable.
Eso es explicable porque es con la mente con la que están dando sentido y moviéndose en el tiempo y el espacio. Por tanto, el saber de la vida en la no dualidad supone un cambio profundo en la manera como enfrentamos la vida en lo contingente.
Generalmente hablan de conocerse a sí mismos y lo único que se hace es conocer la diversidad de estados que tiene la construcción del ego. Conocer al Sí mismo es disfrutar de la felicidad y la paz profunda. Estar en la realización implica la existencia sin fin y el conocimiento sin dudas. En el acercamiento a la verdad aparece la felicidad y la naturaleza de ella es la plenitud absoluta. En lo cotidiano no está esa dicha, solo puede reconocerse en lo indescriptible, o siguiendo alguna de las líneas tradicionales que promueven las prácticas de auto indagación.
Al conocer los contenidos de la conciencia, como por ejemplo al conocer mi cuerpo, pasar por experiencias y situaciones diversas, sentir mis emociones, y por medio de los sentidos recoger toda una gran gama y variedad de sensaciones, puede atestiguarse que son objetos de mi conciencia. Responder ante ellos de maneras diversas, ya sean constructivas o destructivas, de un modo funcional o disfuncional, solo son trabas de formación que nublan la comprensión de lo real, confundiéndola con la identidad, con la problemática de la identidad. La apariencia, lo superpuesto, la diversidad de las manifestaciones, la confusión de las urgencias diarias, provocan la sensación de carencia que impulsa a ir detrás de lo que aparecería como provocador de la satisfacción permanente.
 
No existen dos personas que puedan saber de lo real de idéntico modo. Los miles de millones de impresiones, sensaciones, emociones, pensamientos que inundan la mente, el punto de vista de cada cual acerca de la existencia, son sus propias percepciones filtradas por la mente. Aparentemente muchos parecerán concordar en una cantidad de puntos, pero un análisis más preciso revelará que hay numerosas diferencias en las opiniones, que en el fondo afectan a estas personas, y a la vista de cómo se expresan estas, notamos como, a pesar de la comprensión teórica que puedan manifestar, dichas opiniones condicionan sus reacciones tanto emocionales como físicas.
Volviendo a la pregunta de arriba, usamos una funcionalidad particular de mente que varía ligeramente respecto a las mentes de los demás, aunque la conciencia es una sola expresión de Ser. Ahora, ¿la conciencia es mía?, en lo que respecta a su manifestación lo es, es una centralización de la conciencia Esencial, de su Esencia plena, pura, infinita. Como identidad somos conciencia centralizada, un interludio en la conciencia.
Todos podemos vivir la vida sin complicarnos con el fin último de la existencia o sin estímulos especiales por lo que se conoce como espiritual, aunque quizás sí en plenitud, expresando todos los talentos y potencialidades del vivir, ya que todas esas actitudes, todas las características, son contenidos en la conciencia que no la limitan ni la condicionan, salvo que uno se convierta en esclavo de ellas a través del consumo sin sentido, la adquisición de bienes y objetos por el simple hecho de vivir en un hedonismo permanente, y otras maneras en que predomina el egoísmo. Se puede vivir generosamente o egoístamente.
Por otro lado está la senda de Sí mismo viviendo en realización, la que llevan los que no se satisfacen tan solo con la vida funcional y armoniosa… sino que van detrás del fin último y total: conocer lo real de si mismo. Este caminar no se mueve con un despliegue de egoísmo separador, lleno de confusión, tal como podemos ver que se vive actualmente en la sociedad, dejando de lado a “Yo Soy”, el presenciador, que es Sat chit ananda (presencia de ser en plena felicidad). Los que así se mueven se encuentran sumergidos de lleno en la identidad, y este es el error que produce la sensación de vivir desarraigados o enajenados (ajenos a Si Mismo).
Sí mismo es uno y las manifestaciones llamadas personas están en constante cambio, en la diversidad de formas que son intermitentes, que se diluyen y permanecen en la confusión de la vida cotidiana. Las enseñanzas tradicionales mencionan que la realidad no es un fenómeno, que es constante, no nacida, no afecta al tiempo o al espacio; aparece como lo absoluto o infinito. Ni nuestro cuerpo, ni las emociones, ni los pensamientos son Yo, por lo tanto no apunto al yo-ego, que es la estructura “mente, emoción y cuerpo”, sino que apunto al yo Real, el cual es no es un objeto, sino que es Si mismo, es el experimentador, presenciador, que no es posible conocer porque no es un objetivable. Siguiendo con la tradición, diré que se expresa como pura luz, conciencia, inteligencia, creatividad, belleza, felicidad, y que además no es propiedad de la individualidad, sino que más bien es Ser que se expresa como múltiples manifestaciones de compleja naturaleza.
R.Malak
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