MOMENTOS

– Un momento es  un inmenso espacio lleno de algo. Un espacio que se presenta ante mí para ser visto como quien mira la diapositiva congelada  de una película o una enorme fotografía. El rollo de película puesto en marcha, momento tras momento, es el tiempo pasando ante mis ojos.

Hay momentos que muestran este espacio lleno de contenidos de una forma tal que produce aturdimiento, entonces hago un alto, cierro los ojos, y dejo que esa luz que está siempre alumbrando desde atrás, desde arriba, por así decir, descienda, se adelante, y tome el lugar de todas esas confusas ideas… que llene la pantalla de mi conciencia. –

Cada mañana, al despertar, el pensamiento yo resurge dando un primer paso para retomar la historia. Aparece la idea que en el sueño profundo estuvo ausente. Y esta idea se manifiesta enseguida siendo algo que quiere justificar su permanencia. A veces aparecen todas esas imágenes del pasado, quizás recuerdos de experiencias que fueron difíciles de asimilar en aquel entonces, y todas esas proyecciones a futuro en las que quizás se instala la esperanza o el empeño, y también una sumatoria enorme de conceptos enarbolados como bandera. Cada día reaparece todo eso que significa ego, todo eso… Y cuando esa gran cantidad de contenidos empiezan a producir contradicciones – típico – dejo de prestarles atención, dejo que la luz de la atención consciente se los trague.

Por algo hay referencias que mencionan la luz como único refugio, el lugar donde toda la confusión es entregada como basura a un contenedor lleno de disolvente, como escombros que se botan, de estructuras ya caducas. Entregar una muñeca de sal al océano.

Hay una actividad de la atención que en forma constante da un paso atrás y otro adelante. Atrás a su origen y adelante a la proyección. Atrás al testigo y adelante a lo atestiguado. Atrás siendo luz y adelante siendo lo iluminado. Un vaivén, lo que viene y se va… atención movible, umbrales que son distintos… lo variable, que en este baile vibra, como titilante. Todo eso que se mueve está como adaptándose, una y otra vez, a algo que sé: nada de eso soy en verdad. Sin embargo el gran juego de venir a existir como el personaje que correrá todo tipo de aventuras en esta película de la vida, el ego, se presenta como si fuera verdaderamente mi realidad de ser en el tiempo, donde la experiencia transcurre momento a momento.

Un momento es un inmenso espacio lleno de algo. Un espacio que se presenta ante mí para ser visto como quien mira la diapositiva de una película o una enorme fotografía. Hay momentos con contenidos que saturan mi atención produciendo aturdimiento, entonces hago un alto, cierro los ojos (esto puede ser literal o puede ser un símil equivalente a dejar de hacer juicios absolutamente), y dejo que esa luz que está siempre alumbrando desde atrás, desde arriba, por así decir, descienda, se adelante, y tome el lugar de todas esas confusas ideas… que llene la pantalla de mi conciencia. Es como si constantemente un foco de luz alumbrara desde atrás de mi cabeza, por tanto esta cabeza proyecta una sombra en lo que tengo enfrente. Cuando permito que la luz se adelante es más bien como entregar la cabeza, que sea cortada, desenraizando el yo-ente… y permitiendo el ver desde lo real que soy.

Al fin y al cabo, lo que Ve es la luz, este es el constante descubrimiento…des-cubrir… sacar el velo – un velo que proyecta sombras – y este velo, el principal de todas las ideas o velos… es la cabeza del yo-ente, la raíz del ego: la idea de yo.

La película sigue hasta que llega su fin. Así que sea como sea, la entidad reaparece, una y otra vez… para terminar el rol que le toca, el papel previsto en esta trama. Y durante el tiempo dado, la fluctuación de la atención entre los umbrales del testigo y lo atestiguado, es la senda espiritual.

La persona se mueve por la vida de tiempo y espacio, en el mundo, transitando un bosque producido por las semillas karmáticas, su genética, el carácter heredado, el país y momento histórico o cultural en que le tocó nacer, y a esto le suma las condiciones que va tanto sembrando como cosechando en base a cada elección que hace.

Todo este cúmulo de semillas va produciendo plantas y así formando el inmenso bosque dentro del cual muchas veces se pierde la mirada, entretenida con cada espacio que se genera, cada situación de vida, cada experiencia. La mirada queda inmersa, penetrando el momento e identificada por completo con el carácter, la personalidad asumida, los recuerdos y las esperanzas. Complejo es comprender que hay un motor que obliga, una pasión que va empujando cada paso del devenir, unas veces por las condiciones dadas que han hipnotizado el mirar y otras veces por deseos nacidos del amor.

Cuando la mirada está absorta en atravesar el espacio de este bosque, y con la idea de ir encontrando caminos, buscando metas, esperando llegar a espacios de felicidad, es cuando se asume el rol, se es el personaje, y retomando la línea que expresaba al principio, cuando el umbral de atención se ubica en lo atestiguado, es decir, creerse ser la identidad.

Siguiendo con el símil y sabiendo que los símiles son limitados y sirven parcialmente, la luz está siempre ahí, por más oscuro que pueda llegar a parecer el bosque. La luz está sobre el bosque, no dentro de él. El salto al umbral de atención que ilumina todo el devenir no es algo que suceda en el juego del tiempo, sino cuando el tiempo se para… o mejor dicho, es trascendido. Cuando de pronto se ve el momento dentro del tiempo, ese espacio de percepción donde está todo contenido. Es como salir de golpe volando hacia arriba en forma vertical, de ese bosque lleno de cosas, y no como un proceso lineal dentro del bosque, tratando de caminar por sus variados senderos.

Transitando el camino lineal de mi vida, y entendiendo que me refiero a asumir el papel de mi persona, siendo el personaje, un día me encontré de frente a una explicación largamente buscada, escuchada de boca a oído: tú no eres lo que crees ser, sino eso que ve todas tus creencias. Y era algo así como me lo dijeron: El Ser es Conciencia y dela Concienciasurge la mente. La mente crea el ego, el pensamiento yo. Regresa la mente a su fuente y el ego se disuelve como una muñeca de sal en el océano, entonces el Ser luminoso que siempre es, brillará por si mismo sin la interferencia de la sombra que el ego produce. Y ante la pregunta de ¿cómo hacer para esta realización? La respuesta era: paciencia, perseverancia y práctica. Es fácil recordarlo, las tres P.

Esto me sonó tan cierto, que dejé que se azucarara dentro de mí, aunque sin duda lo rumiaba, le daba la vuelta, lo meditaba, intentaba verlo, y también me rendía sin más. No pasó mucho tiempo cuando un día, sin ningún intento, sin ninguna P, ese ego que se presenta cada mañana no estaba allí. Qué gloria. Mi mente había sido literalmente tragada porla Luzy enseguida, al reaparecer el mundo de la vigilia, Lo que soy se daba cuenta de que todo lo conocido, lo existente, era absolutamente dependiente de eso que soy, tal como había sido siempre y siempre sería. Un siempre sin tiempo. La atención estaba simultáneamente fuera y dentro del tiempo, fuera y dentro del cuerpo, fuera y dentro del mundo, porque esta atención consciente se mostró como la permanencia inmutable, como esa Conciencia que me habían señalado como idéntica al Ser. Y entonces… ¡qué felicidad!, ¡qué libertad!

Claro que la racionalidad no entendía esto, así que pasado otro lapso de tiempo, la atención fue cristalizándose de nuevo dentro de las estructuras mentales, y el ego comenzó a apropiarse de la experiencia. Aún cuando esa realidad revelada nunca más pudo olvidarse, sí dejó de vivirse. Aquello que era simultáneo como tiempo y no tiempo, como Ser eterno y ser temporal, se fragmentó en la mente, dejando lo eterno como un concepto o un recuerdo, y asumiendo el tiempo como lo que se podía experimentar. Pero el ancla de la certeza se mantuvo disponible aunque me encontrara navegando los mares del devenir. Y este devenir consistió en un tránsito dentro de ese bosque, para que la razón pudiera asimilar conceptualmente algunas referencias que explicaran la experiencia. Y no sólo eso, muchas semillas profundamente enraizadas en el subconsciente estaban allí necesitando brotar como experiencias de emoción. Nunca ha estado separado el camino racional del camino del sentimiento, caminos ambos dentro del tiempo, los fenómenos, la encarnación identificada con el yo-ente.

Dentro de estos procesos causales, causa-efecto, tiempo y espacio, no podía ya albergar dudas acerca de lo real, y entonces sólo me quedaba volver a vivirlo. Tenía que responder a lo que el maestro me dijo: “Maria Luisa va y viene, deja que Maria Luisa se vaya. Sólo sé el Ser.” Pero aquello era inaprensible, no podía capturar el mensaje, y así pasaron algunos años. Años de certeza pero a la vez de un intenso trabajo, pues la mente se interponía a cada rato sombreando, y la emoción era la trampa más fuerte, porque creía que era incorrecto quedar atrapada por sus variables intensidades. Fue en este proceso que las tres P empezaron a tener verdadero sentido: paciencia, perseverancia y práctica.

El resplandor de comprensión se da, una comprensión incompatible con las ideas. Una comprensión intuitiva pero directa, que sólo se produce desde sí mismo para sí mismo. Se da cuando se da, en verdad se da a cada rato pero por lo general tenemos los ojos cegados. Quiero decir que no es causada. Luego del resplandor, por muy radical que este sea, por muy revelador que se muestre, viene la adaptación. El instrumento cuerpo, mente y emociones se va adaptando a la luz, que también quiere decir, la atención fluctúa de umbrales, va del testigo a lo atestiguado, del foco a la pantalla, de ser luz a ser lo iluminado. Y esto es lo que significa que Maria Luisa va y viene… Ser el ser es ser sin creerme el cuento de la identidad, ser entendiendo que la expresión humana cuando se mueve por las vías del egoísmo está siendo esclava de su propia causa, pero cuando se mueve desde el origen, es el amor sin objetivos lo que se expresa. Y todo aquello nombrado como virtudes son las reales aliadas: valor, coraje, templanza, fuerza, incluso la ligereza del humor y la alegría por vivir. Ser el ser, es ser conciencia y felicidad, saber y comprender que la felicidad no es un producto, que es incausada, que es el fuego vivo en mi. Ser lo que soy, siendo a la vez expresión en esta vida. Siendo atemporal y estando en el tiempo simultáneamente, es permitir que el diamante resplandeciente de lo Real brille sin la obstrucción del barro del ego. Saber, aceptar, que el ego no es un enemigo, sino una vestimenta que se usa para moverse en el mundo de lo cotidiano, como una especie de disfraz que ayuda a proteger el instrumento, pero que en la realidad de toda interacción, todos los seres humanos, todos los animales, plantas y objetos, son expresiones de la propia conciencia, aceptados y acogidos en amor, pase lo que pase. Belleza, armonía, paz, comprensión, creatividad, inteligencia, amor, felicidad, son el despliegue interminable de la expresión del Si mismo. La historia llega a su fin para un personaje, pero es retomada y re-escrita una y otra vez.

Temporalmente Maria Luisa, eternamente el Si mismo.

(26-01-2011)

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