NO SOY LO QUE PIENSO

 
¿Por qué la dificultad de saber que siempre sabemos lo que en esencia somos?
El otro día Malak me dio una frase para meditar sobre su significado: “El conocimiento siempre está allí… la senda apunta a disolver los obstáculos que impiden que este saber se vea.”
Saber, por sí mismo, es Conciencia Esencial. Antes de autodefinirse, se sabe. Siempre sabemos que en esencia… somos. Siempre sé que soy, sin necesidad de decirlo o recordármelo. Saber que soy es idéntico a Ser Conciencia, y más allá de esto, nada hay y nada es. Esto es el Conocimiento más absoluto. El Conocimiento de ser es profundamente silencioso y nada carece en sí mismo, en cuanto a conocimiento de ser. En Él la plenitud y el vacío son idénticos, pues está lleno de sí mismo y vacío de cualquier limitación. Al no carecer, es pleno, y ni siquiera la palabra felicidad requiere ser pronunciada.

Cada talento encuentra su expresión, lo infinito colorea con el olvido a los embates de la mente, como el agua viva de la belleza se presenta desde el corazón sin principio ni fin. El tiempo no la detiene, es la luz misma que presenta su expresión tanto como su búsqueda, al beberla transforma a la diversidad en lo que Es. Se descubre que no soy el cuerpo ni la mente y el amor del sí mismo está en la manifestación. De este modo pareciera que lo esencial se expresa, lo cierto es que es testigo que con su luz resplandece la ilusión de los objetos externos. R.Malak

¿Cómo puedo describir el hecho de que parezco ser algo limitado y separado?
Aparece la expresión de sí mismo como una emanación en la conciencia, como siendo en el tiempo y en el espacio, lo que se llama: NACER. Nacido al mundo, y el mundo nacido en el sí mismo, como multitud de contenidos conscientes: PERCEPCIÓN. Cuerpo-mente-emociones como un instrumento de expresión y de percepción… recibe y da. Y así se da cabida a la RELACIÓN, entre yo y los otros, entre lo que soy y si mismo, en infinidad de expresiones en la Conciencia. Este despliegue se hace posible debido a la manera en que se mueven y relacionan los contenidos conscientes, en una función de movimiento y ordenamiento llamada MENTE, generando la multiplicidad contenida en la Unidad de conciencia que soy, que veo y que conozco.  Se hace posible la dualidad de percepciones en la no-dualidad de Ser.


Mi nombre (tu nombre, los nombres)
Todos saben: yo soy. Es al preguntar ¿quién eres?, que aparecen las respuestas. Soy Juan, soy Maria, soy Ester, respondemos. El nombre que nos dieron, cuando aprendimos a asociarlo, era evidentemente una palabra que me señalaba a mi…quizás al principio, con dos o tres años, no había una reflexión racional acerca de exactamente a qué se estaba nombrando con esa palabra: María. Los padres vemos en nuestros bebés, por lo común, no al Ser esencial e indescriptible, sino a una criaturita amada, con un pelito, un color de ojos, un modo de reírse o de llamar la atención, que lo caracterizan. También vemos nuestras expectativas de todo aquello que este bebé estaría, bajo nuestro anhelo, destinado a hacer y lograr. Con el nombre que le ponemos estamos designando a una persona, un cuerpecito, un carácter y todo lo que esperamos de su futuro.
Los papás le ponen nombre a una personita que sueñan que cubrirá sus expectativas.  Pero el si mismo, el ser que está experimentando las sensaciones de ser en este mundo, tan solo asume un nombre para sí mismo.
Cómo se centraliza la conciencia
El niñito, o sea, “yo cuando era chiquita”, a pesar de la constante sorpresa pulcra de toda mi mirada, solo escuché que aquel nombre al que debía responder en este mundo de socializar era: Maria Luisa. Y eso era simple una vez se asumía. Luego pasa el tiempo y empiezo a relacionar mi nombre con la imagen en el espejo: mi cuerpo. Poco a poco… mi percepción se fue llenando de un modo de ver llamado: yo y el mundo en que estoy. Maria, este cuerpo, y todo aquello que tengo que hacer. Y es ahí cuando olvido… no olvido realmente, sino que cubro de persona a toda mi expresión, que en principio era tan solo un constante descubrimiento de formas, sonidos, texturas, olores, sabores, caricias, hambre, dolor y placer, pero aún sin nombre. Empiezo a aprender nombres y a manejar una habilidad: la razón. Por encima de mi inocencia, la razón. Entre juegos y horarios de aseo, comidas y dormir, empiezo a ir al colegio, donde me enseñan a pensar… y me muestran el “pensamiento correcto”. Bueno, una historia muy común a miles de millones, ¿cierto? Pues pasamos por alto lo importante que es ver cómo sucede esto. Con este proceso perdimos la habilidad de sorprendernos a cada instante y disfrutarlo sin esfuerzo, para vivir una vida nublada de ideas. Y bien es cierto que muchas de ellas están destinadas a aprender a socializar, a aprender a movernos por el espacio sabiendo proteger nuestro cuerpo, pero muchas también fijaron un sello, una estructura por medio de la cual juzgar todo lo que experimentamos.
Al otorgarle a las ideas y al pensamiento todo el poder, arrasamos con la originalidad y suponemos verdades en lo escrito en los periódicos, los libros, lo que dicen los comentaristas, los políticos… o las afirmaciones escuchadas en casa, o del vecino, o del maestro de turno. Entonces ante las contradicciones entre unos y otros, aunque no sepa cómo o por qué, debo tomar partido. Parece que para definirme, comprenderme y comprender cualquier cosa, tengo que adquirir una manera de pensar acerca de todo. Y me visto de algún traje ajeno.

Así que cuando llega el momento de querer la comprensión acerca de lo esencial, del mismo modo supongo que tengo que adquirir unas ideas para pensar sobre ello. Comienzo a investigar “quién soy” a través de palabras, porque supongo que alguna idea expresará lo que soy esencialmente. Esto, para el buscador acérrimo, que tal vez por años ha practicado yoga, meditación, experiencias esotéricas, etc., y que pretende ir más allá de las palabras por medio de la experiencia, sigue siendo una piedra de tranca. La razón siempre se hace presente, pues por la simple “razón” de que es una potencialidad en nuestra forma de expresión: lo humano. ¿Y por qué es una piedra de tranca, un estorbo? Porque el pensamiento, como muy bien lo dijo Descartes, sólo existe porque yo soy. Y se nos pasa por alto que soy lo que Ve los pensamientos, por tanto, ningún pensamiento me puede definir. Así que cuando no pienso, ninguna duda aflora.
Siempre “sé que Soy”… y nunca puedo definir exacta y certeramente “qué es” lo que soy. Creer en lo que me define es mantenerme velado bajo el hipnotizante influjo del pensamiento. Así que cuando las ideas ya son tan arraigadas que es difícil sacarlas de cuajo, es valiente atreverse a cuestionarlas, y sobre todo, es invaluable ser capaz de cuestionar si lo que pienso que soy, realmente lo soy. De ahí, la señal: encuentra de dónde surge el primer pensamiento yo.
En la indagación espiritual, la razón no se pierde, se usa a conciencia, de una manera alerta y despierta, con toda su fuerza, pero sin que nos domine. Usar el discernimiento y permitir que lo razonable se muestre, sin otorgarle el valor de Ser Verdad. Aplicado con sentimiento y otras bondades de la esencia, nos despeja la vía para una observación libre de todo juicio, que se muestra, por sí misma, como el trasfondo de toda idea, experiencia y emoción. Y he aquí que en ello sigo siendo como siempre lo he sido, en lo que trasciende el tiempo, espacio y todo nacimiento o muerte.
Y para otro día me queda descifrar por qué ninguna experiencia que tenga tampoco puede definir lo que soy. Pero adelanto esto: soy lo que presencia la experiencia, del mismo modo que soy lo que presencia el pensamiento.
Maria Luisa
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