Motivos de búsqueda IV

La auténtica realización está siempre disponible, porque no es causada. Si no se evidencia es porque la actividad mental interfiere y toma preponderancia acaparando la atención y convirtiéndose en intención. La mala interpretación de la búsqueda de plenitud se debe a haber aceptado como cierto lo que nos dice la memoria, es decir, los aprendizajes. Cuando no se sabe mirar los contenidos de la memoria, estos afloran ante la atención en forma automática y conducen a actos reflejos o reacciones condicionadas, mecánicas, fuera del alcance de la comprensión. En lo aparente, nos convertimos en autómatas modelados por la cultura, el medio ambiente, la educación, los patrones aprendidos, los hábitos, las costumbres, los juicios y prejuicios. De este modo la búsqueda de felicidad se convierte en una intención de lograr el modelo de ser que hemos supuesto. Pero el ser no tiene forma, las formas son tan solo la complejidad de su expresión, los múltiples reflejos conscientes en que el si mismo se interpreta ante el espejo de la mente. Esta expresión nace a partir de las semillas recogidas y aceptadas como asuntos pendientes a ser cosechados como el mérito de logro y éxito personal. Por eso es importante en la indagación que regresa al origen, revisar y entender de dónde vienen estas ideas de querer llegar a ser.

La solución de la ansiedad sentida como falta de completitud se encuentra en el reconocimiento de la naturaleza esencial. Para abordar este reconocimiento es preciso cuestionarse absolutamente todo lo que creo ser, lo que creo que debo alcanzar y que me falta. Ser es completo y simple como mirar la hierba de un prado y aspirar los aromas del campo.

La completitud de ser no se evidencia si aún se sostienen diferencias entre yo y los otros. Se muestra por ejemplo cuando abraza al semejante, cuida al niño, atiende al anciano, se entrega al amante o se aboca en la acción heroica. Ser es completo, y se aprecia cuando el ego no manda y los conceptos no definen intenciones. Ser completo se muestra en el relajamiento de la tensión que produce el yo construido por la mente. Se muestra en ausencia de miramientos personales y movido por el bien mayor, es decir, donde la persona no es más importante que todas las personas, donde Namasté cobra verdadero sentido, porque el ser es uno con el ser en todos sus reflejos. El Si mismo en mi es el Si mismo en ti. Y recuerdo a este punto lo que a Malak le he escuchado muchas veces: tú eres mi otro yo.

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