Canto al trópico

Le canto al trópico … con mente, emoción y cuerpo.
Le canto al mundo que he parido.
Al mundo que ha nacido, en mi memoria de eones.

Final del día, y mientras juego solitario te siento en mi.
Los sapitos cantan, cri, cri cri, o quizas tui tui tui…
¡qué sonido tropical! Infla, insufla… rebosa de paz…
Hay cosas que daba por sentado, son tan comunes, tan simples.
Como este canto apaciguador que en esta tierra avisa siempre
que el movimiento del quehacer se ha terminado,
que ya se puede descansar.
Es bello el trópico. Siempre lo di por sentado, por obvio, cotidiano.

Después de dos años en Chile, donde me enamoran sus elegantes sauces, el brillo con que llenan los aromos floridos el paisaje, la limpieza del cesped, la belleza de un orden en su naturaleza, es que puedo apreciar (amar, valorar) el apabullante trópico lleno de sonidos salvajes – sí, el tui tui tui es sumamente salvaje – y la maleza, aquí llamado monte, que insistentemente plaga la grama, allá en otros lugares césped. Porque así como este monte crece sin control, lo hacen miles de especies, los árboles se nos regalan, el color nos inunda, el verde nos llena las pupilas y se adorna de tantos brillantes colores cuando se acerca el mes de abril.

El trópico donde devastan los incendios en la sequía y las inundaciones cuando caen los aguaceros. Y están mis otras tierras, las bajas del sur, mis otras tierras, donde arrasan los terremotos. Y con todo lo malo que es un incendio, hoy me permitió, este aire tan ahumado, ver que la luna llena era roja. Precioso, a la vez que lamento que arda el cerro.

Qué bella es la naturaleza.

Final del día, casi medianoche, y juego solitario dando cansancio a esta mente a la que le encanta resolver problemas. Siendo así le doy juegos, para que no los invente donde no existen, a los problemas.
Y respiro, plena, recordando el día. En absoluto presente y permitiendo la reflexión.
Hay cosas que se dan por sentado, comunes, obvias, simples. Como respirar. Como este insuflar vida que a la vez plena de felicidad mi pecho. Después de 50 años respirando, soy completamente agradecida de que este bombeo constante me haya permitido tantas aventuras.  La naturaleza de mi carácter indagador, cuestionador, transformador. Atrevido.

Atrevimientos de mirar lo obvio como nuevo, lo viejo como recuerdos, lo innovador que se refresca en cada respiración, en presente, ahora, siempre ahora.

Emociones me han arrebatado, lo hacen muchas veces, y se aúnan en un solo sentir de Ser. Completo, redondo, eterno.

Las reflexiones se van mostrando, incluso hay unas inexpresables, abstractas, informes.

Y el cuerpo se relaja pidiendo ya su descanso.

Bello. Soy… y para qué decirlo.

Misterioso insondable Ser. Arrolladoramente infinito, y espléndido en expresiones. Mundo… soy tú.

Conciencia de ser, conciencia de ver, saber, sentir de mi expresión. Luz que rebota en la materia, como reflejos de ilusión. Luz…. La bella luz de mi ser, que ilumina la existencia.
Luz, que en ausencia de ego, permite ver todo y apreciarlo, como rayos finísimos de Si mismo. Por eso, mundo, soy tú, en corriente contínua de conciencia, donde lo esencial se muestra como esta eternidad de cambios.

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