Lo que mira

La mente es una herramienta (maravillosa) del proceso inteligente de la Conciencia esencial, si es que pudiéramos nombrar mente a algo. Y en este instante me dispongo a hacer uso de ella para expresarme en el tema de la silenciosa mirada que todo lo sostiene, o lo que es lo mismo, la observación sin juicios. Esta perfecta herramienta que da forma donde no había forma, como el cincel de un escultor, a la vez puede convertirse en un instrumento peligroso (en el sentido de generar confusión en lugar de comprensión), si el cincel se utiliza en forma inadecuada bajo las manos de un ego separador. Por eso se dice metafóricamente que puede ser como mi mejor amigo o como mi peor enemigo.

En realidad, y lo que señalan los sabios es, que todo lo que es, lo que “hay”, son contenidos conscientes en continuo flujo y movimiento. Algunos de estos contenidos, como recuerdos tomados cual fragmentos de si mismo, también llamados “vasanas”, como intentos fallidos de re-cordar o volver a lo cordial – el corazón o centro de ser – emergen desde un fondo inaccesible, como cristalizaciones que desearan ser vistas, comprendidas o iluminadas por la apreciación consciente, aunada a una racionalidad capaz de descifrarlas. El hábito construido quiere permanecer, como esa habilidad de racionalizar la comprensión que en principio es pura intuición (eso que confiere una certeza inexplicable), en un entendimiento que haga posible el poner en palabras lo que se “ve”. Algo así como estar observando el flujo de un río a nuestros pies, y pretender de pronto extraer de esa corriente, una gota, y a esta, aislarla en nuestro entendimiento, como para apreciarla en forma separada y otorgarle unas características únicas que la destaquen del infinito flujo de supuestas gotas que conforman el río. Y esto es aplicable al intento de reconocerme, de saberme, al intentar darme, de miles de maneras, una identidad que el concepto pueda definir. Una identidad especial que me diferencie de las demás identidades. Esto es precisamente el ego.

Eso hace el proceso de entendimiento racional que emerge como función consciente, y a lo que llamamos mente. Se ha señalado de innumerables maneras, que lo absoluto de Ser es innombrable, que la descripción de una gota no puede en ningún caso, presentar la correcta descripción del total del río. Y entender que esto es una metáfora referida a la esencia de ser y no a la comprensión de las cosas como objetos separados. En todo caso, ver los contenidos conscientes, identificarlos, extraerlos y nombrarlos, jamás podrá mostrarnos lo absoluto que implica una totalidad aunada de continente (río) y contenidos (gotas), como lo esencial de Ser.

Para una primera aproximación a lo inefable, entendido como realización del Ser, se indica reconocer al observador como el que distingue todo contenido, y también que este aparente sujeto, más allá de su expresión como entidad, es realmente el punto absoluto, el círculo absoluto, lo que contiene y a la vez el contenido, como el Sí Mismo También llamado “Brahman”. Lo primero es reconocer ese punto de eseidad o sensación de ser, o ese primer pensamiento raíz de todos los demás: yo soy. Notar entonces esa “capacidad” de testificar, y así, proceder a testificar al testigo, donde la presenciación consciente trasciende la forma, desapareciendo la idea, sensación y sentimiento de ser algo aislado y separado. Sujeto consciente y objeto distinguido son, ambos, contenidos en la luz de conciencia esencial que les da existencia.

Ojala que esto pudiera ser una receta, un truco o una indicación infalible. A lo sumo estimo que podría convertirse en un ancla dentro del mar mental que en principio no encuentra referencias de realización. La voluntad del individuo, sirve… y no sirve, ya que lo que aparece como voluntad individual no es sino del dominio del Si Mismo, como verdadero “hacedor” de eventos que solo suceden “en” la conciencia y “como” conciencia, pues el Si Mismo se encuentra más allá de tiempo y espacio, intocado, significando por “más allá” a lo que trasciende, a lo que no depende. Aún así, en este juego, también llamado “Lilah”, la diversificación consciente que ha sucedido cuando lo que es infinito se muestra como finito, lo que es sin ubicación se ha centralizado, y mira el mundo por los ojos del cuerpo, vivencia su propio regreso a la fuente de donde se ha derivado o emanado, a su origen, en el momento que así lo “estime”, es decir, cuando el curso de su experiencia en el tiempo ha consumido la exigencia de autodefinirse. Es aquí cuando nos cuestionamos lo que vivimos y que hemos asumido como real. Aquí comienza la vía del buscador que se sustenta más que nada en el incondicionado deseo de reconocerse en su propia plenitud.

Se ha asumido – irremediablemente, y eso es preciso comprenderlo – que soy una persona con carencias o con logros, con un nacimiento, con familia, con una vida a ser recorrida. Y en este sentido me he creído en la capacidad de modificar los eventos, a pesar de la intrincada red que implica toda esta expresión manifiesta, esta existencia donde los eventos globales se escapan al dominio de la parte. Donde todas las personas y todos los seres vivos son un reflejo como el que soy yo, en la forma existente como entidad. Como reflejos de luz en una gran bola de cristales, de esas que se usan (o usaban) en las discotecas para generar un ambiente de fantasía. En esencia, luz, en esencia, Ser sin límites. En la expresión, forma o individualidad, entidad con limitado poder volitivo, sin duda.

La incomprensión de esto hace que cada cual luche por su parcela, por su espacio, su pertenencia. Esta división, separación, esta especie de irrespeto al poder que nos puso aquí, como ignorancia del origen de la luz de amor que ilumina la gran bola de la existencia, es la única causa del sufrimiento, y en si, es el sufrimiento mismo. Sufrir mientras se cumplen las expectativas ilusorias de llegar a lograr. Y cuando todas las semillas se ven como eso, semillas incrustadas, que cargamos en este viaje en bus por la vida, sobre los hombros en una mochila amarrada con la correa de la individualidad, el agotamiento, quizás, nos haga soltar el peso en el suelo de la existencia misma, y dejar que el bus de la realidad o lo divino, ese mismo poder que todo lo mueve, nos lleve en forma muy aliviada, en sus propios brazos, a terminar este recorrido de vida en forma plena y acorde con nuestra verdadera naturaleza.

Siendo eso que soy, en plena comprensión despersonalizada, donde el yo o ego no es más que la sombra que me acompaña en un tránsito imaginado bajo una luz que aparece como distinta de mi, me muevo en el mundo de las formas, en el espacio de este cosmos, y aprecio la aparición de todos los contenidos, las experiencias, la formación de ideas, de juicios, de conceptos y definiciones, los movimientos energéticos que se expresan con el cuerpo, llamados emociones, llamados sensación, que interrelacionan a los distintos organismos entre sí y con sus variadas vivencias.

Esto que soy, no se puede ver a si mismo en la experiencia… y reconocer lo absoluto es darse cuenta de que siempre, siempre, lo que ve está aquí, como no diferente de mi misma, como presencia que toma conciencia de si, y de todo, no siendo dos, ya que este mirar no está filtrando lo que dice la mente con su dualidad. Absolutamente cierto y a la vez libre de una idea de certeza, absolutamente inefable e indescriptible. Lo que soy es eso que siempre ha sido.

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5 pensamientos en “Lo que mira

  1. (z) Victoria

    M. Luisa, más claro no se puede expresar.

    … y mira el mundo por los ojos del cuerpo, vivencia su propio regreso a la fuente de donde se ha derivado o emanado, a su origen, en el momento que así lo “estime” …

    Me emociona leerte … no lo puedo evitar …

    Un abrazo!

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  2. MARIA LUISA

    Hola amigos, qué alegría saber que se tocan los corazones, gracias por leer, gracias por comentar, a mi también me emociona compartir la emocion! esta emoción que no es una sensiblería superficial, sino un profundo reconocimiento de uno mismo en todos… dos abrazos!!

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