¿Cuál será mi voz?

Yo no puedo hablar sino como pienso, pero un buen escritor hablaría como piensan sus personajes. No puedo hablar sino de lo que me motiva, pero un escritor hablaría, se me ocurre, de lo que motiva a sus personajes.

Me expreso y me expongo según donde se encuentre mi mirada. Es como si estuviera en una montaña mirando el paisaje. Dependiendo de la ubicación, es como se ve el paisaje. Si estoy apenas en la ladera o si me encuentro en el tope. Cuando estoy en la ladera estoy más cerca del lector, si estoy en el tope, estoy cerca de su alma. Pero no soy una escritora. Solo soy yo, siempre yo.

Me pregunto dónde está mi voz, dónde está la voz que cantará a través de mi boca. No quiero la voz del deseo, ni de la voluntad.

Me rindo y quedo como madera muerta, de flauta vacía… esperaré a ver cómo sopla el viento que penetra dentro de mi… y sin saber cuales dedos taparán los agujeros para armar una melodía. Me rindo. Ser más bien como el viento azul y libre, y cantaré sonidos de silencio.

Este cuerpo quiere hacer cosas. Hace años sometí un tic nervioso en mi ojo izquierdo. No sabía lo que este ojo me quiere decir, y como no lo entendía, quise frenar ese sutil, arrítmico y rapidísimo parpadeo. Pero ahora me rindo, y que el cuerpo haga lo que quiera y diga lo que sea… seré entonces sólo oido, para escuchar lo que dice el ojo izquierdo.

Mil fantasmas pasan por mi cabeza, como una película que va en retroceso. Soy el quieto espectador de imágenes desordenadas, ya sin deseo de poner un orden o controlar esta locura.

Mi ojo izquierdo me habla de copas de árboles que forman un bosque denso, y de un viento cálido que desordena sus cabellos verdes. Millones de sombras están escondidas bajo el follaje. Pero yo vuelo como un Ave sin prestarles atención.

Cuando pienso: “mi ojo izquierdo se ha callado”, no pasa un momento y comienza a tiquear. Me metí bajo el follaje denso donde el silencio se escurre entre las ramas formando las palabras de la cadena infinita de los conceptos.

La flauta ha comenzado a palpitar, se infla y desinfla como un cuerpo, la respiración de mi viento le da vida. Madera muerta que se mueve gracias a mi influjo de soplido lento. ¿Dónde nace el deseo que canta una melodía?

El deseo es parido por la abertura de la puerta celeste, y nace un ser. Qué extraños pensamientos estos que buscan ordenarse.

Amiga, ahora soy como tú, una persona ordinaria. Caí de las estrellas, sometiéndome a este cuerpo, y ahora dependiendo de tu amistad y de tu abrazo. Te llamaré Madre.

Este mundo me es desconocido y confiaré en ti para que me lo muestres. Si señalas el sol, veré una estrella luminosa, si me dices “no hagas esto”, comenzará mi suplicio, la cárcel involuntaria del deber ser, el deber alcanzar y el lograr anhelos. Yo era libre como el viento que abarca todo el espacio y como la luz brillante donde las sombras no existen. Mirando y mirando, escuchando y atendiendo al deseo de ordenar un caos de posibilidades, me entregué a tu vientre para que me dieras forma. Ahora el cerebro rige como una computadora que extiende sus cables por todo el cuerpo, como ramificaciones nerviosas, capturando información. Ahora comienza mi tránsito por el mundo. El mundo de mis ideas, del pensar de los siglos, de un tiempo que se mide de acuerdo a la duración de las cosechas. ¿Cuántas semillas sembraremos y cuánta cosecha habremos de recoger?

Dame tu abrazo cálido y el pezón que me alimenta, porque ahí me encuentro recogida ante tanta inmensidad desconocida. Comienza el anhelo del regreso, y a partir de ahora, cada paso será un adelanto hacia la muerte. La muerte de todas las semillas que deben dar fruto. Mientras tanto, me engañaré diciendo que esto es la vida, y que tengo la libertad de elegir mis opciones, crear y ser productiva, y alcanzar el éxito y poder en esta existencia.

Y todo, a causa del silencio que penetró las copas de los árboles, del viento que penetró la flauta de madera estática, y del tic de mi ojo izquierdo. Me queda cantar como la flauta y admirarme de la majestuosidad de la naturaleza, hacerme sierva en esto que se ha manifestado y amar a mi Madre, pues no es su culpa que tenga que transitar por este laberinto de pasiones.

Y a quien le suene duro este cuento, que someta el tic de su ojo izquierdo, como hice yo hace muchos años, no queriendo escuchar la melodía de la existencia. Y aunque esto no tenga sentido, te adelanto que no importa, pues cuando llegue el último soplido, todo esto será tan solo un montón de semillas secas que consume el Ave… y volará el Ave sobre las copas de los árboles, siendo libre como el viento azul que mira y canta, desde el tope de la montaña, donde no hay espacio sino para un solo Ser. Conciencia en si misma que se vuelve el sol de la existencia, desde este vértice. Si miro al sol, soy luz, si miro el paisaje, corro el riesgo de entrar al bosque de la existencia temporal y el espacio limitado por las copas del deseo verde y movedizo de los árboles, que nacieron de infinitas semillas, como el tic de mi ojo izquierdo.

Y esta es mi voz, que a ningún ego agrada, por lo que asiento y consiento en la realidad del eterno vuelo, de la soledad por la infinitud del silencio luminoso.

No escribo esto para agradar a nadie, es sólo un volcar el contenido palpitante que surge en el desorden de mi amada existencia. No sé cómo encontrar la voz que enamora y encanta. Quizás es la falta de la experiencia de los años y la familiaridad con la compasión hacia el compañero existencial. No puedo negar mi presencia en esta tierra, rodeada de un mundo plagado de personajes en mi mente, mis sentidos y el enorme sentimiento que me produce el roce con todos ellos, mis propias emanaciones conscientes. No puedo dejar de hablar como lo hago y esto duele porque sé que nadie entiende ni acepta esta mirada. Acaso, y en el fondo, me puedo preguntar, ¿en verdad hay alguien ahí? Sólo el Maestro, sí, sólo El comprende mi mirada y estimula mi voz, me abraza en su Amor y alimenta este pálpito incontenible. Pero sigo, porque lo puedo explicar asi.

Ayer estaba con mi papá compartiendo en su terraza otra de sus creaciones culinarias, que son deliciosas. El dice que se aburre, que inventa actividad, no sólo para su mente sino para que no se entumezca su cuerpo, y agrega que al estar doblado un rato picando ingredientes, le duele la espalda debido al peso del botellón de agua potable que tuvo que cargar y descargar en el surtidor. Los esfuerzos que hace para agradarme son destacables, no estoy viviendo en el país y esta visita ha revolucionado sus instantes.

Es mi papá, lo respeto, pero más que nada lo amo. Sus modos son densos por la presión de las circunstancias. Está sumido en una aventura que solo un grande como él podría llevar a cabo, que para muchos no tiene ningún sentido, excepto para la fuerza que él muestra. Pero qué le puedo hacer yo, disfrutar su personalidad que es apabullante. Cada vez que le presento mi mirada, su cariño es tan completo, que para no discutir conmigo sale corriendo a la cocina con cualquier excusa.

Es obvio que no quiere escuchar nada de esta voz mía incontenible, solo quiere dar ese amor de padre protector, consolador. Así que nuevamente me someto al privilegio de tamaño beneficio y quedo muda, solo estando, y pienso que eso es lo que él quiere, la compañía de su hija que ya ha buscado otros rumbos y el compartir sus emociones y modos de ver el mundo. Así que me dejo llevar por su compasión, todo compañerismo en esta vida ilusoria, esa que se mueve bajo los árboles de la manifestación del deseo. Por lo tanto, vuelo mi mirada en el corazón, al tope de la montaña, que en esta dualidad mundanal parece de pronto algo lejano, pero en la proximidad de mi propio centro se siente confortablemente estable e inmediata.

Para muchos, esto podría ser una prueba de paciencia, mas no para mi. El tiempo se pasa volando entre el placer en la comida, la conversación política, económica y el tema que su mujer, con la bebé en los brazos, plantea esta fresca tarde de enero: la posibilidad de emigrar a otros paises, porque este en el que vive presenta dudas acerca de un futuro estable. Y así transita la tarde, y le digo que en otro pais, hay que acostumbrarse a los modos de su gente y su cultura, asumiendo que adaptarse al clima sea cosa fácil, y que todo tiene sus pros y sus contras.

Mientras tanto, sale un instinto de madre protectora, me preocupa de pronto que la bebé pueda estar sintiendo frío con sus bracitos desnudos, así que disimuladamente, para que no se de cuenta ni su padre que es mi papá, ni su madre, que tiene menos edad que yo, me acerco y le doy un sutil beso en la frente y le rozo el brazo para sentir su temperatura.

Pero todo está bien, ella está tranquila, aunque mis modos protectores dicen: “está desabrigada en estas frescas épocas tropicales”, como un ángel caído del cielo en esta casa y esta terraza un día de enero. Y el pensamiento me dice, este diminuto personaje de dos meses es mi hermana, podría ser mi nieta, quizás mi madre, o mi más grande maestro. Lo Esencial es maravilloso, se viste con muchos ropajes.

Es un relato de lo cotidiano observado desde el centro luminoso que le da vida. Y mi persona aparece con todos sus contenidos y semillas, no se si vivas o muertas, pero entregando el sentir a ratos hacia afuera, a mi papá, y a ratos hacia el propio centro luminoso, lo real. Y en esa dualidad, reconozco el engaño que yo misma me procuro, y que es como un latido que entra y sale de la flauta, cantando la melodía de una tarde del naciente enero de 2009, en Caracas, Venezuela, Suramérica, Planeta Tierra, ya ni sé en qué parte de la estela, en la eterna manifestación del río de la Conciencia Esencial.

Y que abajo firmen los implicados. Así es, así fue y así será.

Maria Luisa. 3 de enero de 2009

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