Inicio a la Mirada No Dual 4. Identificación y deseo

El Ser.. entendido como Conciencia esencial, por naturaleza es espontáneamente creativo

Las emanaciones de la Conciencia son manifestación del potencial que está latente en ella.

Como ejemplo, cuando hay una semilla, esta necesita brotar, inevitablemente. Esto es natural, y lo podemos notar en todos los ciclos de la naturaleza

Al aparecer el sentido de yo soy, paulatinamente sucede un creciente apego a la individualidad, que se arma mediante la suma de experiencias almacenadas como memoria y que comienzan a ejercer influencias en el “sentido” de ser.
La recurrencia constante a sostener esta identidad personal que se va formando, como sucede en la creación de cualquier estructura, lleva a que se busque repetir experiencias y también lleva a buscar experiencias nuevas que completen el sentido de identidad individual. En el proceso de sostener la estructura que define esta identidad, suele acontecer un rechazo a lo que no coincida con un patrón elaborado respecto al ideal de persona que pretendemos ser. El deseo de perpetuar la personalidad es lo que lleva a querer satisfacer el patrón que establecimos. Este patrón es el ego. En este punto, se confunden los deseos de formación de ego, con el impulso natural y creativo del Ser. Y este es el punto donde sucede el sufrimiento, cuando el flujo del universo naturalmente impulsa en un sentido y el flujo de los deseos personales busca una ruta contraria, produciendo choque y lucha.

El flujo natural del universo está acorde con la emanación espontánea del ser, sin embargo, por otro lado, el impulso egocéntrico está generado por patrones mentales, memorias de experiencias ya pasadas y no vivas, y que por eso mismo se dice que es una ilusión. El ilusorio, porque no es algo vivo. Un ego o estructura que funcione frente a otras personas es indispensable para la interacción y la vivencia social, y esto trae consigo experiencias variadas, múltiples, de una riqueza y complejidad sicológica extraordinaria. Cuando eso se comprende de este modo, la lucha por sostener la identidad no resulta de mayor importancia, porque se comprende el juego de la interacción, pero cuando nos tomamos demasiado en serio los roles que el ego tiene que jugar y nos apegamos a las ideas que conforman esta identidad, es cuando sucede el choque por falta de comunión esencial con mi propio ser que se ha manifestado como las muchas personas de este mundo que me rodea.

La ley del amor nos obliga a dejar la identificación, en la comprensión de que todo “yo” proviene del mismo Ser esencial como Conciencia. El sufrimiento no es algo necesario si hay comprensión, pero si hay ignorancia de nuestra esencia como lo que es: algo impersonal, el sufrimiento se presenta como ley natural, generando tensión y contracción, dolor y confusión. Es la máscara del ego que se ha apoderado de lo que en verdad soy, produciendo en mi el autoengaño.

El Ser es esencialmente felicidad, plenitud y gracia permanente. Y las identificaciones deben ser comprendidas como juegos en la conciencia, como una telaraña de hilos y conexiones, sabiendo desprendernos de ellas una vez llegado el momento en que el rol deja de tener sentido.

Es cuestión de comprensión, que no sobreviene mientras se pierda el hilo de nuestra realidad como Ser esencial, eterno, pleno y auto-luminoso.
El hilo se pierde debido al apego a las identificaciones.

Si no comprendemos la manera como aparecen las identificaciones, y con ellas, las identidades que tomamos temporalmente como cuerpo con ciertas caracteristicas genéticas, comenzamos a creernos todo lo que dicta la memoria, a movernos desde un pasado que son recuerdos, hacia un futuro que es un ideal de proyección, perdiéndonos la vida real que es el acontecer consciente presente activamente, un presente activo, una presencia permanente de conciencia. Al confundirnos con la identidad adoptada, los procesos de las ideas que nos definen hacen que el cuerpo se prepare química y biológicamente en rechazo o atracción hacia los patrones que subliminalmente hemos armado y aceptado, de modo que caemos como víctimas de las emociones. Estas emociones comienzan a regular el funcionamiento vital, llevándonos de un extremo a otro de placer o dolor. Todo este movimiento es sufrimiento, es sufrir la vida, en vez de gozar el Ser. Es haber caido presos en el laberinto de las identificaciones, que no son más que concepciones y definiciones con las que se cree lograr un sentido de vida.

Regresar la atención conscientemente al origen del yo soy, es salir de este laberinto, vivenciando la plenitud que siempre ha estado como sustrato de la existencia. El Ser se reconoce conscientemente a si mismo, conciencia de la Conciencia, en si misma, autoluminosa.

Maria Luisa

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